Una nueva imagen no oficial del GJ-21, difundida el 30 de abril de 2026 a través de X, mostró al dron furtivo chino en vuelo con el tren de aterrizaje desplegado y una barra de lanzamiento por catapulta en la rueda delantera, un detalle que refuerza las señales de que Pekín avanza hacia una capacidad embarcada de ataque no tripulado.
La fotografía, una de las más nítidas conocidas hasta ahora sobre este programa, apunta a que la aeronave está siendo adaptada para operar desde buques con sistemas de despegue asistido, una configuración más propia de la aviación naval CATOBAR que de operaciones convencionales desde pista. Aunque en esa toma no se aprecia gancho de apontaje, imágenes anteriores y análisis de fuentes abiertas habían sugerido su posible incorporación.
El indicio cobra relevancia por la atención que concentra el Type 076 Sichuan, un buque de asalto anfibio al que se atribuye la integración de sistemas de lanzamiento por catapulta, una característica poco habitual en este tipo de plataforma. De confirmarse, el navío podría desempeñar un papel intermedio entre los portahelicópteros y los portaaviones de gran cubierta.
En ese escenario, el GJ-21 ampliaría el alcance del poder aéreo naval chino al permitir misiones de vigilancia, reconocimiento y ataque de precisión sin exponer a pilotos. También podría apoyar tareas de inteligencia, guerra electrónica, designación de objetivos, ataque marítimo y operaciones contra defensas antiaéreas enemigas.
Via ACuriousPLAFan/SDF:
— @Rupprecht_A (@RupprechtDeino) April 30, 2026
„The first time the carrier-based GJ-21 was videotaped/photographed with its landing gears extended. Notice the catapult launch bar at the front landing gear. Posted by @欧阳振我86468 on Weibo.“ pic.twitter.com/DBVDM8pIvM
El aparato es considerado de forma general una variante naval del GJ-11, un vehículo aéreo de combate no tripulado de ala volante concebido para penetración furtiva y ataque de precisión. Su adaptación al entorno marítimo implicaría cambios de ingeniería como tren de aterrizaje reforzado, protección frente a la corrosión, estructuras aptas para recuperaciones repetidas, posibles alas plegables y compatibilidad con ascensores y equipos de cubierta. Esos ajustes podrían alterar el equilibrio entre autonomía, carga útil, supervivencia y firma radar.
La presencia de una barra de lanzamiento también abre la posibilidad de compatibilidad con catapultas avanzadas, incluidas las electromagnéticas asociadas a plataformas navales chinas de nueva generación. Eso implicaría integración en una arquitectura de cubierta más compleja, con ciclos de posicionamiento, estacionamiento, manejo de aeronaves, generación de salidas y recuperación, más allá del modelo de aviación embarcada basado en rampas ski-jump.
La incorporación de un UCAV furtivo a un buque anfibio encajaría además con una lógica de aviación marítima distribuida. En lugar de concentrar la capacidad aérea en un número reducido de portaaviones, este esquema permitiría repartir medios entre varias plataformas y complicar la selección de objetivos del adversario, al tiempo que añadiría flexibilidad operativa a los grupos anfibios.
El GJ-21 también podría integrarse en esquemas de cooperación entre aeronaves tripuladas y no tripuladas. Dentro de ese concepto, el dron podría operar junto al J-15T o al futuro J-35 embarcado como sensor adelantado, señuelo, plataforma de ataque electrónico o vector de ataque dentro de un paquete aéreo más amplio.
Pese a ello, persisten dudas sobre la madurez real del programa. Las operaciones navales con drones furtivos plantean exigencias en mantenimiento, preservación de superficies furtivas, manejo en cubierta, ritmos de salida, uso de ascensores, integración en hangares y secuenciación de despegues y recuperaciones. También siguen sin aclararse aspectos como la resistencia de los enlaces de datos en entornos electromagnéticos disputados, la vulnerabilidad a interferencias, la degradación de la navegación por satélite, la exposición a acciones cibernéticas y el grado de autonomía de sus sistemas de misión.
Aun con esas incertidumbres, la imagen más reciente refuerza la evaluación de que China trabaja en llevar la aviación furtiva no tripulada al mar. Si el GJ-21 termina desplegándose desde el Type 076 o desde plataformas similares, los buques anfibios chinos ganarían una nueva capa de aviación de ala fija para ISR, guerra electrónica y ataque, con capacidad para proyectar fuerza sin depender exclusivamente de portaaviones convencionales.