Una pelea aérea entre el F-35 y el Su-35 muestra dos enfoques opuestos: sigilo y sensores frente a agilidad extrema y potencia bruta.
Comparación entre sigilo electrónico y maniobrabilidad tradicional
Un eventual dogfight entre el F-35 Lightning II y el Su-35 Flanker-E enfrentaría dos filosofías aeronáuticas diferentes. El F-35, caza estadounidense de quinta generación, prioriza la furtividad y la guerra en red, mientras que el Su-35, de generación 4++ y origen ruso, apuesta por la maniobrabilidad extrema y el poder de fuego en combate cerrado. El análisis técnico y táctico permite evaluar cómo se desarrollaría un combate directo entre ambos modelos.
Desde su incorporación en 2015 por el Cuerpo de Marines de EE. UU., el F-35 ha extendido su servicio a la Fuerza Aérea y la Marina. Su diseño reduce al mínimo la visibilidad ante radares, lo que lo hace ideal para operar sin ser detectado. Está equipado con el radar AESA AN/APG-81, con capacidad de detección de más de 150 kilómetros, además de sistemas como el DAS y el EOTS, que otorgan al piloto una visión completa del entorno y mayor precisión en ataques. Su velocidad máxima alcanza Mach 1.6 y su radio de combate ronda los 1,200 kilómetros. Transporta armamento internamente para preservar su perfil furtivo, incluyendo misiles AIM-120 AMRAAM y AIM-9X Sidewinder.
En contraste, el Su-35 Flanker-E, que entró en servicio con las Fuerzas Aeroespaciales Rusas en 2014, ofrece una potencia superior en velocidad y maniobrabilidad. Sus motores con empuje vectorial permiten maniobras avanzadas como la “Cobra de Pugachev”. Su velocidad máxima llega a Mach 2.25 y su alcance en configuración ferry alcanza los 4,500 kilómetros. Su radar PESA Irbis-E puede detectar blancos a 260-300 kilómetros y el IRST OLS-35 capta emisiones térmicas a más de 100 kilómetros. Dispone de un variado arsenal, que incluye misiles R-73 y R-77, además de un cañón GSh-30-1 de 30 mm.
capacidades técnicas clave del f-35 y el su-35 en combate aéreo
- Radar AESA del F-35: rastrea objetivos a más de 150 km con alta resistencia a interferencias.
- Radar Irbis-E del Su-35: detecta aviones con sección de radar de 1 m² hasta 300 km.
- Empuje vectorial del Su-35: permite maniobras extremas y control a bajas velocidades.
- Sistema DAS del F-35: visión de 360° y alerta de amenazas fuera del campo visual directo.
- Misil AIM-9X: puede ser apuntado mediante la mirada del piloto con casco HMD.

Ventajas en combate cerrado del Su-35 sobre el F-35
El Su-35 obtiene ventajas decisivas en un enfrentamiento visual directo. Su diseño aerodinámico, junto a motores con empuje vectorial, le otorgan una capacidad de maniobra superior, especialmente a bajas velocidades. Su misil R-73, con guiado por infrarrojos y capacidad de enganchar objetivos fuera del eje visual, refuerza su letalidad en corto alcance. Las maniobras extremas y la rapidez para apuntar convierten al Su-35 en un rival peligroso en distancias cortas.
En situaciones de combate cerrado, el F-35 debe apoyarse en su sistema de armas integradas y sensores avanzados para contrarrestar su menor agilidad. Su maniobrabilidad es aceptable, con una capacidad de giro sostenido cercana a 4.6 g, y su misil AIM-9X compensa la falta de empuje vectorial. El casco del piloto proyecta información en tiempo real, permitiendo apuntar mediante la vista, una ventaja en combates rápidos. El sistema DAS también ayuda a rastrear amenazas fuera del campo visual.
Enfrentarse directamente dentro del rango visual implica que el F-35 abandone su ventaja principal: atacar sin ser detectado. En tales condiciones, el Su-35 puede explotar su agilidad para colocar al F-35 en una posición defensiva. La estructura del Su-35 permite giros instantáneos de hasta 20 grados por segundo y soporta cargas de hasta 9 g, lo que le da una clara ventaja frente al F-35, que tiene restricciones aerodinámicas para mantener su sigilo.
En el combate cercano, el armamento también juega un papel determinante. El Su-35 puede usar su cañón GSh-30-1 en enfrentamientos muy cortos, mientras que el F-35A dispone del GAU-22/A de 25 mm, con un número limitado de rondas y un alcance más corto. Aunque ambos pueden emplear sus misiles en distancias reducidas, el Su-35 cuenta con más herramientas de combate adaptadas al dogfight clásico.
El F-35 domina en combate a distancia gracias al sigilo
En un escenario más allá del alcance visual (BVR), el F-35 presenta claras ventajas. Su baja firma radar dificulta su detección por parte del radar Irbis-E del Su-35. Esto le permite acercarse a distancias de entre 50 y 70 kilómetros sin ser identificado, lo cual le da tiempo suficiente para lanzar un misil AIM-120 AMRAAM, cuyo alcance efectivo supera los 100 kilómetros.
El Su-35 depende de su radar y del sistema IRST para localizar aviones como el F-35, pero su visibilidad radar es mayor debido a las armas montadas externamente. Esto no solo lo hace más detectable, sino que también reduce su velocidad máxima en escenarios de combate real, donde la configuración incluye misiles y tanques externos.

La diferencia en diseño también influye en la capacidad de iniciar el combate. El F-35 puede establecer contacto hostil sin ser visto gracias a su red de sensores y su integración con otros activos como radares aerotransportados o satélites. Esto le permite lanzar ataques coordinados antes de que el Su-35 pueda reaccionar.
En un entorno BVR, el Su-35 queda en desventaja ante un enemigo que puede disparar sin exponer su posición. Aunque su radar es potente, la firma reducida del F-35 y su guerra electrónica lo convierten en un blanco difícil de adquirir, reduciendo la efectividad de los misiles del Su-35 en ese tipo de enfrentamientos.
El entorno táctico y la experiencia del piloto determinan el resultado
El uso de contramedidas electrónicas y la capacidad de guerra en red influyen de manera significativa en un combate aéreo entre ambos cazas. El Su-35 dispone del sistema Khibiny, diseñado para perturbar misiles guiados por radar. Por su parte, el F-35 integra el sistema AN/ALQ-239, que detecta amenazas electrónicas y puede compartir datos con otros activos, como drones y aviones AWACS.
El Su-35 ha demostrado su capacidad en conflictos reales, incluyendo Siria y Ucrania, donde ha enfrentado tanto a cazas como a defensas aéreas. El F-35 ha sido desplegado por Israel en operaciones desde 2018 y ha participado en ejercicios con fuerzas de la OTAN, aunque sin registros públicos de enfrentamientos directos con el Su-35.
La habilidad del piloto es otro factor clave. Un piloto de Su-35 bien entrenado puede aprovechar la capacidad de giro y empuje vectorial para dominar en un combate cerrado. Por el contrario, un piloto de F-35 con acceso a datos compartidos y dominio de la táctica furtiva puede evitar el enfrentamiento directo y neutralizar la amenaza antes de entrar en su alcance visual.
En última instancia, la victoria dependería de variables como la detección inicial, la distancia del primer contacto y la habilidad para explotar fortalezas propias mientras se mitigan las debilidades. Ningún avión es invencible en todos los escenarios, y la configuración específica del combate marcaría el desenlace.