Las fuerzas de Estados Unidos desplegaron y dispararon un sistema de cohetes HIMARS en Filipinas durante el Ejercicio Salaknib 2026, en una señal de expansión de la capacidad de ataque de largo alcance adelantada en el Indo-Pacífico. La actividad, realizada con fuego real en Laur el 16 de abril de 2026, reforzó la capacidad de ambas fuerzas para integrar fuegos de precisión en un escenario bilateral.
La validación del sistema en territorio filipino confirmó que puede operar desde ubicaciones dispersas y apoyar operaciones conjuntas a través de cadenas de islas. Durante esa fase, las imágenes oficiales mostraron el lanzamiento de un cohete guiado de precisión, mientras que el Ejército filipino informó del disparo rápido de cohetes de práctica de alcance reducido.
El ejercicio añadió un componente operativo más definido a Salaknib 2026. Aun con munición de entrenamiento, la prueba dejó ver una evolución de la cooperación entre ambos ejércitos: del trabajo tradicional de infantería y de pequeñas unidades al ensayo de fuegos de precisión móviles, cada vez más presentes en las estrategias de disuasión. Ese cambio también pone el foco en el papel de la artillería de cohetes, la adquisición de objetivos y la coordinación del campo de batalla de largo alcance dentro del marco bilateral.
El M142 HIMARS ha ganado protagonismo por combinar movilidad, rapidez y una potencia de fuego adaptable. Instalado sobre un chasis con ruedas, el lanzador puede desplazarse con rapidez, entrar en posición con poca preparación, disparar y abandonar el lugar antes de una respuesta enemiga. De acuerdo con informes del Ejército de Estados Unidos y de la industria, el sistema puede emplear la familia Guided Multiple Launch Rocket System, incluido el ER GMLRS, con un alcance de hasta 150 kilómetros, mientras que el misil Precision Strike Missile está siendo desplegado para ampliar aún más la capacidad de ataque terrestre.
Ese conjunto de municiones permite a un solo lanzador alcanzar desde concentraciones de tropas y centros logísticos hasta nodos de mando y otros objetivos de mayor profundidad, según el misil autorizado y disponible. El sistema también elevó su perfil internacional por su uso en Ucrania, donde su precisión y su capacidad de reposicionamiento rápido fueron empleadas contra depósitos de munición, puestos de mando e infraestructura de apoyo situada detrás del frente. Ese desempeño consolidó la imagen del HIMARS como un lanzacohetes y como una herramienta capaz de alterar el ritmo de las operaciones al obligar al adversario a dispersar suministros, reubicar cuarteles generales y dedicar más recursos a la supervivencia.
Para Filipinas, la prueba tiene una carga geoestratégica particular. La geografía del país, marcada por largas costas, islas dispersas y accesos marítimos vulnerables, encaja con el empleo de una fuerza móvil de cohetes de largo alcance. Un sistema de este tipo podría ser utilizado en el futuro para cubrir puntos de estrangulamiento, reforzar la defensa costera, apoyar tropas en islas separadas y dificultar movimientos hostiles cerca de zonas marítimas clave.
En un contexto regional de fricciones reiteradas en el mar de China Meridional, esa capacidad no modificaría por sí sola el equilibrio militar, pero sí ofrecería a Manila una forma más creíble de señalar que el acceso a su territorio y a sus aproximaciones no puede darse por descontado. Por eso, el disparo realizado durante Salaknib trasciende el campo de entrenamiento.
Para Washington, la demostración del HIMARS en Filipinas exhibe la capacidad de adelantar fuegos avanzados e integrarlos con un aliado. Para Manila, representa una referencia concreta de un sistema que podría fortalecer la defensa nacional y, al mismo tiempo, estrechar la relación doctrinal, de entrenamiento y de sostenimiento con Estados Unidos.
Army Recognition informó además que Filipinas ha mostrado interés en adquirir HIMARS mediante ventas militares al extranjero de Estados Unidos, aunque no se ha anunciado un acuerdo final. Ese dato añade peso al fuego real de Salaknib, tanto como ejercicio militar como por su posible vínculo con una futura ruta de capacidades.
A la vez, una eventual adquisición filipina coincidiría con otro desarrollo regional: Australia se convirtió en el primer país fuera de Estados Unidos en producir cohetes GMLRS. Según Army Recognition, la nueva base de producción en Port Wakefield, en Australia del Sur, fortalece la resiliencia del suministro aliado de misiles y amplía la capacidad regional de fuegos de precisión, un elemento que podría resultar valioso para los socios del Indo-Pacífico que busquen acceso más fiable a municiones en una crisis.
Lo ocurrido en Laur se presentó como una fase de fuego real dentro de un ejercicio bilateral anual, pero también mostró la adaptación de la alianza entre Estados Unidos y Filipinas a un entorno regional más disputado. Por su combinación de precisión, movilidad y alcance, el HIMARS se ajusta a la geografía filipina y se perfila como una de las capacidades con mayor peso dentro del interés de Manila por reforzar su postura de disuasión.