La Fuerza Aérea de Estados Unidos desplegó en Alaska aviones E-3 Sentry de alerta temprana y control aerotransportado para fortalecer la defensa antiaérea del Ártico durante los ejercicios Red Flag-Alaska 26-1, unas maniobras destinadas a mejorar la preparación del mando de defensa de Norteamérica en los accesos septentrionales.
Los aparatos llegaron el 23 de abril a la Base Conjunta Elmendorf-Richardson, donde operaron bajo los escuadrones 960.º, 961.º y 962.º de Control Aéreo Aerotransportado. Durante las maniobras, las tripulaciones afrontaron escenarios de gran extensión, supuestos de guerra electrónica adversa y condiciones meteorológicas extremas.
En ese marco, el E-3 asumió funciones de centro aéreo de mando y control, ya que su misión incluye la elaboración de una imagen en tiempo real del espacio aéreo, la coordinación de los cazas y otros activos tácticos, y la ampliación de la vigilancia sobre amplias áreas de operaciones mediante sensores de gran tamaño y enlaces de datos.
El mayor Michael Dunlap, piloto del 961.º Escuadrón de Control Aéreo Aerotransportado, explicó que las tripulaciones establecen una órbita para dirigir a los cazas mientras emplean capacidades de identificación pasiva. Según indicó, esos sistemas también integran información, apoyan la recopilación de inteligencia y permiten a los comandantes seguir la evolución de una situación aérea.

El despliegue tiene lugar mientras continúa la controversia por la ausencia de un reemplazo para el E-3 dentro de la Fuerza Aérea estadounidense, una necesidad que ya había destacado en marzo de 2022 el jefe de las Fuerzas Aéreas del Pacífico, el general Kenneth Wilsbach, después de que se confirmara el primer encuentro con cazas furtivos chinos J-20.
Entonces advirtió: “nuestra aeronave de alerta temprana no pudo ver al J-20… Esos sensores de los que dependemos en el E-3 realmente no tienen capacidad en el siglo XXI, especialmente contra una plataforma [furtiva] como el J-20 o algo similar. Simplemente no puede ver esas plataformas a una distancia suficiente como para proporcionar una ventaja a los tiradores.” A continuación añadió: “Por eso me gustaría tener el E-7”.
La flota de E-3 arrastra sensores cada vez más obsoletos y problemas de mantenimiento que han reducido de forma significativa su disponibilidad. Esa dependencia adquiere especial importancia para Estados Unidos porque sus cazas, al igual que la mayoría de los occidentales, incorporan radares de menor tamaño que los de varios modelos rusos y chinos.
Los Su-30 rusos y los J-16 chinos, por ejemplo, incorporan radares de un tamaño aproximado tres veces superior al del F-35, hoy base de la aviación táctica estadounidense y de varios de sus aliados. Además, los AWACS pueden guiar misiles hacia sus blancos a partir de la información obtenida por sus sensores, tanto si esos lanzamientos proceden de cazas como de buques o sistemas terrestres.
La presión para encontrar un sucesor aumentó a medida que avanzaron los programas chinos de aviones furtivos y, más recientemente, con el desarrollo de bombarderos de baja observabilidad, ante los que el E-3 se considera insuficiente para proporcionar conciencia situacional. A su vez, la discusión sobre la incorporación del E-7 recibió atención adicional después de que ataques iraníes con misiles balísticos y drones destruyeran al menos un E-3 en la Base Aérea Prince Sultan, en Arabia Saudí, a finales de marzo.

En esa estructura defensiva, Alaska ocupa una posición central por su condición de corredor de primera línea ante posibles ataques estratégicos, en especial de bombarderos rusos y chinos. Por esa razón, Estados Unidos ha concentrado allí una parte destacada de sus cazas de quinta generación: 54 F-35A de la 354.ª Ala de Caza en la Base Aérea de Eielson y F-22 en la Base Conjunta Elmendorf-Richardson.
Las defensas antiaéreas desplegadas en el estado han soportado una presión creciente por las patrullas de bombarderos rusos y, desde 2024, también por las chinas, después de que bombarderos H-6 fueran desplegados temporalmente en Rusia. China y Rusia son hoy los únicos países que producen en serie aeronaves bombarderas, y ambos avanzan en la modernización de sus capacidades de ataque con nuevas generaciones de misiles balísticos y de crucero.
A partir de esa evolución, la previsión de que China empiece a desplegar a comienzos de la década de 2030 su primer bombardero furtivo de alcance intercontinental, un aparato ya observado en pruebas de vuelo en octubre de 2025, surge como un factor que podría modificar de forma sustancial el equilibrio defensivo sobre Alaska.