Estados Unidos ejecutó el ataque de este sábado contra la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz, en Irán, según informó la cadena pública israelí Kan con base en fuentes no identificadas. De acuerdo con ese reporte, Washington empleó bombas antibúnker en el bombardeo de las instalaciones subterráneas del complejo nuclear.
La información de Kan sitúa a Estados Unidos como responsable directo de la operación y aparece después de versiones difundidas por medios iraníes que también apuntaban a una acción conjunta de Washington e Israel contra Natanz, uno de los centros más sensibles del programa atómico de la República Islámica.
En ese contexto, el antecedente inmediato más relevante remite a junio de 2025, cuando Estados Unidos lanzó más de una docena de bombas GBU-57 Massive Ordnance Penetrator contra las instalaciones nucleares subterráneas de Fordo y Natanz durante la guerra de 12 días entre Israel e Irán.

La agencia oficial iraní Tasnim informó este sábado de un nuevo ataque contra la principal planta de enriquecimiento nuclear de Natanz. Según ese reporte, la acción ocurrió durante las primeras horas de la mañana y fue atribuida al “enemigo estadounidense y sionista criminal”.
La Organización de Energía Atómica de Irán afirmó en un comunicado que el bombardeo contra la instalación, también conocida como “Shahid Ahmad-Roushan”, constituye una violación flagrante de normas y compromisos internacionales, entre ellos el Tratado de No Proliferación Nuclear y otras disposiciones sobre seguridad nuclear.
Una fuente del Ejército de Defensa de Israel reaccionó al informe y declaró: “Todos los ataques en Natanz son ataques del Ejército de los Estados Unidos. las FDI no tiene participación directa en los ataques. Se trata de cuatro instalaciones subterráneas que están siendo atacadas desde hace una hora por bombarderos pesados estadounidenses”.

Poco después, la Agencia Internacional de Energía Atómica confirmó que Irán le notificó el ataque sobre Natanz y precisó que no se detectó un aumento de radiación. “Irán nos ha informado de que la instalación nuclear de Natanz ha sido atacada hoy y no se ha registrado ningún aumento en los niveles de radiación”, señaló el organismo.
Tras el bombardeo, el Centro Iraní de Seguridad Nuclear activó inspecciones técnicas y profesionales para descartar una fuga de material radiactivo al medio ambiente. Más tarde, las autoridades iraníes aseguraron que los sistemas de monitorización no detectaron escapes de sustancias peligrosas.
“Informamos al pueblo iraní de que, gracias a las medidas de precaución, no existe ningún peligro para los residentes que viven en las zonas cercanas al emplazamiento”, subrayó un comunicado difundido por Tasnim para intentar contener la preocupación de la población.
El ataque en Natanz se suma a otros episodios recientes en torno a instalaciones nucleares iraníes. Entre ellos figura un hecho que Teherán definió oficialmente como un “ataque deliberado”, después de que un proyectil impactara en la central nuclear de Bushehr.

Natanz, uno de los pilares del programa nuclear iraní, ya había sufrido sabotajes, explosiones y ciberataques que fuentes extranjeras atribuyeron a Israel. La sucesión de operaciones encubiertas y, en ocasiones, abiertas sobre ese complejo muestra que la presión contra esa instalación no se ha detenido.
Durante la operación “León Ascendente”, el OIEA difundió otro comunicado en el que afirmó que la planta de enriquecimiento de Natanz había quedado completamente destruida tras un ataque aéreo atribuido aparentemente a Israel. El emplazamiento figura entre los puntos más importantes del programa nuclear iraní porque durante años albergó un gran complejo de producción de material nuclear que también puede usarse para fabricar una bomba.
La instalación está situada en el desierto central de Irán, a unos 250 kilómetros al sureste de Teherán. Entró en funcionamiento a comienzos de la década de 2000 y era uno de los sitios mejor protegidos del país. Aunque cuenta con grandes edificios en la superficie, la mayor parte de su actividad nuclear se desarrollaba bajo tierra, en un complejo construido a decenas de metros de profundidad y reforzado con gruesas capas de hormigón para resistir bombardeos.

La función principal de Natanz era el enriquecimiento de uranio, un proceso destinado a elevar la concentración del material activo para su uso como combustible nuclear y, en casos extremos, para fabricar armas. Para ello, Irán empleaba centrifugadoras, largos tubos metálicos de alta velocidad que separan el material activo del uranio natural. Cuanto mayor es el número de centrifugadoras, mayor es la capacidad de producir uranio enriquecido.
En la planta llegaron a operar unas 15.000 centrifugadoras, entre modelos antiguos y modernos. En algunas de ellas se realizaron pruebas para alcanzar niveles de enriquecimiento de hasta 60 %, un umbral cercano al necesario para fabricar una bomba nuclear. En Natanz trabajaban además cientos de científicos, ingenieros y técnicos, y el complejo también servía para experimentos de física nuclear, desarrollo de gases especiales y mantenimiento de sistemas sofisticados.
