Un informe del CRS vincula el expediente iraní con el futuro B 21 al destacar el uso intensivo de B 2 armados con GBU 57.
Ataque de junio de 2025, objetivos bajo montaña y empleo del MOP
Entre la noche del 21 y el 22 de junio de 2025, Estados Unidos ejecutó una operación contra Fordo, Natanz e Isfahán en el contexto de la guerra entre Israel e Irán. Washington difundió el nombre Operation Martillo de Medianoche, traducido en parte de la cobertura como “Martillo de Medianoche”. La acción combinó bombarderos furtivos B-2 Spirit y misiles de crucero Tomahawk desde un submarino, con un objetivo oficial acotado: destruir o degradar severamente el programa nuclear iraní y forzar una salida negociada.
La cronología y la escala aparecieron después en documentos para el Congreso. Más de 125 aeronaves participaron en el operativo y se emplearon alrededor de 75 armas guiadas de precisión durante unos 25 minutos. Siete B-2 formaron parte del paquete aéreo y se utilizaron 14 GBU-57 Massive Ordnance Penetrator contra Natanz y Fordo, mientras un submarino lanzó más de dos docenas de Tomahawk contra Isfahán. Fordo destacó por su emplazamiento profundo bajo una montaña.
El desenlace combinó afirmaciones políticas categóricas con una evaluación técnica incompleta. El Congressional Research Service registró que la situación del uranio altamente enriquecido en al menos uno de los sitios atacados quedó incierta y que, pese a valoraciones iniciales de daños severos, persistía el debate sobre si un golpe militar puede retrasar de modo irreversible un programa de esa naturaleza. El OIEA perdió verificación directa en puntos críticos tras los ataques israelíes del 13 de junio.

Rafael Grossi informó ante la Junta de Gobernadores que nadie podía evaluar plenamente el daño subterráneo en Fordo, y estimó daños muy significativos por la naturaleza de las cargas y la sensibilidad de las centrifugadoras a la vibración. La incertidumbre alcanzó la trazabilidad del material. Reuters documentó dificultades prácticas para establecer si existencias de uranio quedaron sepultadas, se destruyeron o salieron del sitio antes del ataque, un reto que depende de inspecciones, muestreos ambientales y reconstrucción forense posterior.
Puntos clave sobre la operación y la verificación pendiente
- Más de 125 aeronaves, cerca de 75 armas guiadas y una ventana de 25 minutos.
- Catorce GBU-57 contra Natanz y Fordo, con Fordo bajo una montaña.
- Tomahawk desde un submarino contra instalaciones en Isfahán.
- El OIEA perdió acceso a Fordo y Natanz tras el 13 de junio de 2025.
- Reuters registró la dificultad para trazar existencias de uranio enriquecido.
Respuesta regional y dinámica de acción y reacción posterior
El CRS consignó que el 23 de junio de 2025 Irán lanzó misiles contra la base aérea de Al Udeid, en Qatar, donde hay personal estadounidense. El presidente Donald Trump calificó esa respuesta de débil y afirmó que Teherán entregó aviso previo, lo que evitó víctimas. Ese episodio fijó un dato operativo relevante: la campaña no constituyó un evento aislado, sino un tramo de una secuencia de acción y reacción en un teatro con fuerzas y capacidades superpuestas.
La elección del arma principal contra Fordo y Natanz evidenció una limitación estructural de la fuerza estadounidense. La GBU-57 había permanecido asociada a escenarios estrechos y a una plataforma prácticamente única. Fordo, por su carácter excavado en roca con áreas sensibles bajo una montaña, encajó en la razón de ser del MOP como munición de ataque directo contra objetivos duros y profundamente enterrados diseñados para desafiar ataques aéreos convencionales.

El debate previo a junio de 2025 sobre la suficiencia de ataques convencionales contra volúmenes subterráneos de ese tipo cedió ante un hecho verificable: Washington optó por el mayor penetrador convencional de su inventario y lo usó en combate por primera vez. La operación dejó una línea de aprendizaje operativa y programática para planificadores, evaluadores y órganos presupuestarios, con implicaciones directas sobre disponibilidad de plataformas, sostenimiento y tamaño de flotas.
En paralelo, la dimensión técnica conservó zonas grises. Reuters recogió testimonios de más de una docena de funcionarios vinculados a no proliferación que describieron la dificultad para determinar el destino de existencias de uranio enriquecido. Grossi indicó que, el 13 de junio, Irán reportó medidas especiales para proteger materiales y equipos bajo salvaguardias, y recordó que cualquier traslado desde una instalación declarada requiere notificación al OIEA, un requisito que habilita verificación cuando exista acceso.
Transición de bombarderos: presión sobre B-2 y perfil del B-21
Una ficha actualizada del CRS sobre bombarderos estratégicos describió al B-2 como aeronave de doble capacidad, convencional y nuclear, certificada para portar la GBU-57. El documento situó a Martillo de Medianoche como ejemplo de demanda operativa, al depender de una porción significativa de la flota B-2. Ese detalle se traduce en presión sobre disponibilidad, sostenimiento y tamaño de flota cuando se atienden misiones contra blancos duros y profundamente enterrados bajo defensas robustas.
En la misma ficha, el B-21 apareció como bombardero furtivo de penetración y doble capacidad. La Fuerza Aérea lo concibió con arquitectura de sistemas abierta para acelerar la integración de nuevo software y lo diseñó para emplear una mezcla amplia de municiones de ataque a distancia y de ataque directo. La proyección de compra se mantiene en al menos 100 aeronaves, con un costo de referencia de $550 millones de 2010 asociado a ese volumen.

El programa B-21 figura financiado en la solicitud presupuestaria de 2026. Tras su presentación pública en diciembre de 2022, pasó a un ciclo de ensayos que amplió el horizonte documentado. Reuters informó un primer vuelo de prueba el 10 de noviembre de 2023 en California, y la prensa especializada registró el inicio de vuelos desde Edwards en enero de 2024, con la transición hacia fases que incorporan progresivamente comprobaciones de rendimiento y la verificación de sistemas.
Para septiembre de 2025, la Fuerza Aérea anunció la llegada del segundo avión de pruebas a Edwards Air Force Base. La presencia de dos aparatos permitió pasar de comprobaciones iniciales de rendimiento a fases críticas de verificación de sistemas de misión e integración de armas. La comunicación oficial situó en paralelo obras de infraestructura en tres bases principales previstas para operar el B-21, con Ellsworth como la primera destinada a recibir aeronaves operativas.
Del MOP al NGP: contrato, requisitos y calendario inicial
En septiembre de 2025, Applied Research Associates anunció un contrato de 24 meses del Air Force Life Cycle Management Center, desde la dirección de municiones de Eglin, para ejercer como agente de diseño del sistema en un prototipo denominado Next Generation Penetrator. ARA informó una asociación exclusiva con Boeing para el desarrollo del kit de cola y la integración del arma completa, con un enfoque en capacidades contra objetivos duros y profundamente enterrados críticos para la seguridad nacional estadounidense.
La cobertura especializada situó al NGP como sucesor directo de la GBU-57/B. DefenseScoop y Air & Space Forces precisaron que, según documentación presupuestaria y una solicitud de información previa, la Fuerza Aérea buscó una ojiva por debajo de las 22.000 libras, con capacidad combinada de penetración y efectos de explosión y fragmentación, además de tecnologías de espoleta integradas capaces de sensar con mayor precisión el momento de detonación para maximizar efectos en profundidad.

Ese marco incluyó una solicitud de $73,7 millones en el presupuesto de 2026 para investigación y desarrollo. El plan contempló pruebas subescala y ensayos estáticos a escala completa durante ese ejercicio fiscal. La secuencia programática reflejó una transición ordenada: el antecedente del MOP en combate ofreció datos, el diseño del NGP incorporó requisitos derivados de blancos endurecidos, y la planificación financiera aseguró un puente entre evaluación técnica y prototipado.
El detonante inmediato del programa apareció claramente en la narrativa pública. DefenseScoop señaló que evaluaciones sobre la eficacia del MOP durante Martillo de Medianoche podían informar requisitos futuros del sistema, y Air & Space Forces describió el contrato como una respuesta programática posterior al empleo de la munición en junio de 2025. Irán dejó de representar un escenario hipotético y pasó a constituir un caso de referencia reciente y documentado para este tipo de objetivo.
Convergencia que sustenta la hipótesis de una primera misión
La idea de que el B-21 podría tener su primera misión en Irán no surge de un anuncio de despliegue, inexistente en documentos públicos, sino de la confluencia de tres líneas verificables. El antecedente operativo de 2025 estableció un caso concreto con uso del MOP. La transición generacional del bombardero furtivo avanzó con ensayos, infraestructura y financiación. La sustitución del penetrador tomó forma con el NGP, con un contrato, un socio industrial y requisitos alineados con blancos profundamente enterrados.
En el corto plazo, los hechos delimitan el cuadro. El OIEA no recuperó acceso a instalaciones bombardeadas y el estado exacto de los complejos subterráneos y del material enriquecido carece de verificación independiente completa. Un explicador de Reuters del 16 de enero de 2026 consignó que el OIEA no recibió autorización para Natanz y Fordo desde los bombardeos, que el organismo estimó 440,9 kilogramos de uranio enriquecido al 60% al inicio de los ataques y que Irán no presentó un informe requerido.

Al mismo tiempo, la adquisición siguió su calendario comprobable. El B-21 amplió en septiembre de 2025 su campaña de pruebas hacia integración de armas y sistemas de misión. El NGP entró en fase de prototipado con un contrato a 24 meses y con ensayos financiados en la solicitud presupuestaria de 2026. El cruce entre plataforma de penetración y arma para blancos duramente enterrados se apoyó en el precedente inmediato de Irán como escenario de referencia.
Ese cruce aporta una base empírica para sostener la hipótesis con prudencia. El caso iraní reunió un empleo confirmado del penetrador más potente, una respuesta regional que mostró secuencias de acción y reacción, y un marco de verificación internacional limitado por falta de acceso. La evolución del B-21 y el NGP ofrece, por su parte, una vía programática concreta que podría converger en un teatro donde la demanda de penetración estratégica quedó demostrada con hechos recientes.
