La Fuerza Aérea de Estados Unidos prevé incorporar el B-21 Raider a su flota operativa en 2027 y trabaja en dos frentes para cumplir ese objetivo: mantiene las pruebas de vuelo en la base Edwards, en California, y prepara una ampliación de la capacidad industrial de Northrop Grumman en Palmdale. La nueva instalación, cuya construcción comenzó el 29 de septiembre, formará parte de un programa que ya contempla la fabricación de al menos 100 bombarderos.
En Edwards, la evaluación del B-21 combina desde etapas tempranas el trabajo de los pilotos encargados de las pruebas de desarrollo con el de quienes examinan el empleo operativo del avión. El general de brigada Mark Massaro, responsable del Centro de Pruebas de la Fuerza Aérea, explicó el 6 de octubre, durante un encuentro del Instituto Mitchell de Estudios Aeroespaciales de la Asociación de la Fuerza Aérea y el Espacio (AFA), que este método permite a los futuros operadores conocer los resultados de los ensayos, formular observaciones y participar en las decisiones sobre el empleo del bombardero.
Massaro describió este procedimiento como una modalidad de pruebas integradas que su centro ya había utilizado y que ahora aplica con mayor amplitud a programas como el B-21. La participación temprana del personal operativo permite identificar posibles cambios durante el desarrollo, además de evaluar las condiciones en las que deberá utilizarse la aeronave. El general señaló que esa integración es uno de los aspectos que desea destacar del programa.

El B-21 efectuó su primer vuelo en 2023. Actualmente se tiene constancia de dos unidades sometidas a pruebas en Edwards. Ante una pregunta sobre sus progresos, Massaro respondió con un gesto de aprobación, aunque evitó divulgar información técnica. Afirmó que mantiene contacto estrecho con el programa, recibe informes periódicos y que los ensayos continúan activos.
A menos de 30 millas de Edwards, Northrop Grumman ya fabrica el Raider en la Planta 42 de la Fuerza Aérea, situada en Palmdale. Las obras que comenzaron el 29 de septiembre añadirán un millón de pies cuadrados de superficie industrial. La Fuerza Aérea y la empresa dieron a conocer el proyecto el 6 de octubre, y el secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, precisó que el nuevo edificio funcionará como línea de ensamblaje final de los bombarderos. En una publicación en redes sociales, Meink subrayó la rapidez con la que se pretende ampliar la fabricación.
La expansión responde a un acuerdo anunciado en febrero para incrementar un 25 % la capacidad de producción del B-21. La Fuerza Aérea y Northrop Grumman prevén utilizar $4 500 000 000 procedentes de la ley conocida como “One Big Beautiful Bill”, aprobada en 2025. A esa financiación se suman $2 500 000 000 de inversión propia de Northrop Grumman, una cifra que su directora ejecutiva, Kathy Warden, comunicó en abril.

El coronel Nicholas Jordan, director del programa de sistemas B-21 en la Oficina de Capacidades Rápidas de la Fuerza Aérea, afirmó el 8 de octubre que el equipo había preparado las condiciones para acelerar la fabricación de manera responsable. Indicó que la inversión en Palmdale aportará las instalaciones, el personal y los medios industriales necesarios para entregar los bombarderos a un ritmo superior. La Fuerza Aérea presentó el comienzo de las obras como un paso relevante para ampliar la producción y disponer antes de esa capacidad de combate.
El general Dale White, responsable de los principales sistemas de armas críticos del Departamento de Defensa, sostuvo también el 8 de octubre que el B-21 es esencial para la capacidad futura de ataque de largo alcance de la Fuerza Aérea. A su juicio, la ampliación industrial permitirá acelerar la incorporación de ese recurso. El propósito de recibir los aviones con mayor rapidez forma parte de las prioridades expresadas por las Fuerzas Armadas estadounidenses.
El incremento de la capacidad de fabricación no implica, por ahora, que la Fuerza Aérea haya decidido adquirir más de 100 B-21. Esa cifra continúa como mínimo establecido para el programa, aunque varios altos mandos defienden una flota más numerosa. Entre ellos figuran el almirante Richard Correll, jefe del Comando Estratégico de Estados Unidos, y el almirante Samuel Paparo, jefe del Comando del Pacífico. En abril, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró ante legisladores que en el futuro se necesitarían “muchos más” de 100 bombarderos.

La posibilidad de elevar las adquisiciones permanece abierta. El general Ken Wilsbach, jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, declaró en julio a Air & Space Forces Magazine que la institución estudiará compras adicionales más adelante. También explicó que mantiene conversaciones con Northrop Grumman para determinar cómo hacerlo sin prolongar el calendario de entregas.
Una decisión sobre el número definitivo de aeronaves podría conocerse con la propuesta presupuestaria de la Fuerza Aérea para el ejercicio fiscal de 2028, prevista para la primavera de 2027. Esa fue la previsión formulada a comienzos de este año por el teniente general David H. Tabor, subjefe del Estado Mayor para Planes y Programas. Mientras tanto, el programa avanza con ensayos de vuelo y la construcción de la nueva línea de producción, sin que exista todavía un compromiso formal de superar las 100 unidades.










