Estados Unidos contabiliza 81 aeronaves perdidas o dañadas en las operaciones militares contra Irán desde el 28 de febrero de 2026. El balance, actualizado el 5 de octubre por el Servicio de Investigación del Congreso (CRS), comprende aviones de combate, aeronaves de apoyo, helicópteros y drones. Los 45 MQ-9 Reaper representan más de la mitad de los casos, seguidos por 12 F-15E Strike Eagle.
La cifra casi duplica los 42 aparatos incluidos en el informe de mayo, aunque la diferencia no equivale necesariamente a 39 incidentes nuevos. El registro incorpora episodios anteriores y revisiones de los daños. Tampoco se trata de 81 derribos atribuidos a Irán: el recuento incluye pérdidas en combate, incidentes de fuego amigo, ataques contra aeronaves en tierra, accidentes y aparatos destruidos por las propias fuerzas estadounidenses durante las operaciones.
Los MQ-9 desempeñan misiones de inteligencia, vigilancia, reconocimiento y ataque de precisión. Su elevada presencia en el balance afecta la disponibilidad de plataformas capaces de observar durante períodos prolongados áreas de operaciones. También figuran tres aeronaves no tripuladas de la serie MQ-1 y un MQ-4C Triton de vigilancia naval.
Los 12 F-15E Strike Eagle plantean una dificultad distinta. Estos cazabombarderos cumplen misiones de ataque de largo alcance y apoyo aéreo, por lo que su pérdida o retirada temporal reduce la capacidad disponible para esas tareas. El registro comprende además un F-35A Lightning II, aviones A-10 Thunderbolt II, MC-130J Commando II de operaciones especiales y varios helicópteros.
Entre los medios de apoyo destacan siete aviones cisterna KC-135 Stratotanker y un E-3 Sentry de alerta temprana y control aéreo. Los primeros permiten prolongar el alcance y el tiempo de operación de otros aviones, mientras que el E-3 proporciona vigilancia, gestión del espacio aéreo y coordinación. Las bajas y averías en estas plataformas pueden limitar las misiones incluso cuando los aviones de combate siguen disponibles.
El total incluye aeronaves dañadas que podrían haber regresado al servicio, de modo que no representa 81 pérdidas definitivas. La Oficina Presupuestaria del Congreso calculó en septiembre que reponer el material militar estadounidense perdido hasta el 1 de agosto costaría entre $1 900 000 000 y $3 300 000 000, una estimación que abarca equipos de distintas clases y no exclusivamente aeronaves.
Para el Pentágono, la recuperación de los aparatos averiados y la sustitución de las pérdidas irreparables se suman a la necesidad de sostener las misiones de vigilancia, ataque, reabastecimiento y mando. El alcance operativo de las bajas depende tanto de los aviones destruidos como del tiempo durante el cual los dañados permanecen fuera de servicio.










