El Cuerpo de Marines de Estados Unidos avanza hacia la retirada completa de sus F/A-18 Hornet y prevé sacar del servicio los últimos aparatos en agosto de 2030. La transición dejará a su aviación táctica organizada casi por completo alrededor del Lockheed Martin F-35 Lightning II, con una flota proyectada de unas 420 aeronaves en las variantes F-35B y F-35C.
Según un mensaje administrativo interno citado por Stars and Stripes el 8 de mayo de 2026, el calendario de retirada ya establece fechas para las principales bases vinculadas al Hornet. La Estación Aérea del Cuerpo de Marines de Beaufort, en Carolina del Sur, completaría la transición en agosto de 2028. Miramar, en California, lo haría en agosto de 2029. Los últimos F/A-18 del servicio, estacionados en la Base Aérea Naval Conjunta de Reserva de Fort Worth, en Texas, saldrían de operación en agosto de 2030.
El cambio no afecta solo a los escuadrones de vuelo. El memorando también ordena la eliminación gradual de especialidades de mantenimiento asociadas al F/A-18, incluidas las relacionadas con la célula, la planta motriz, los sistemas eléctricos, el equipo de navegación y el radar. El personal asignado a esas áreas deberá reconvertirse hacia funciones vinculadas al F-35, pasar a otras especialidades o dejar el servicio al finalizar sus contratos. El documento advierte además que la comunidad de mantenimiento del Hornet ya no ofrecerá opciones de promoción o permanencia a largo plazo.
La retirada responde al agotamiento operativo de una plataforma heredada frente a sistemas modernos de defensa antiaérea. Aunque el F/A-18 Hornet conserva utilidad en misiones de ataque y apoyo aéreo cercano, su capacidad de supervivencia se reduce ante radares AESA, misiles tierra-aire de largo alcance, guerra electrónica y defensas integradas por capas. Para los Marines, esa limitación pesa más en escenarios donde se prevé operar desde posiciones dispersas, buques anfibios y bases avanzadas temporales.
El F-35B será la variante central para el Cuerpo de Marines por su capacidad de despegue corto y aterrizaje vertical. Esa configuración permite operar desde pistas reducidas y buques de asalto anfibio, un requisito asociado a las Operaciones de Bases Avanzadas Expedicionarias. El F-35C, por su parte, está orientado a operaciones embarcadas en portaaviones de la Marina estadounidense y cuenta con alas de mayor tamaño, tren de aterrizaje reforzado y más combustible para misiones de mayor alcance.
La diferencia principal entre el Hornet y el F-35 no se limita a la baja observabilidad. El F-35 integra radar AN/APG-81 AESA, sistema electroóptico de designación de objetivos y sistema de apertura distribuida, además de enlaces como MADL y Link 16. Esa combinación permite detectar amenazas, compartir datos con otras plataformas y actuar como nodo de sensores dentro de una fuerza conjunta. En ese esquema, el avión no opera solo como caza de ataque, sino también como proveedor de información para buques, aeronaves de alerta temprana, artillería y otros medios.
La transición encaja con la planificación de los Marines para operar en regiones marítimas disputadas, especialmente en el Indo-Pacífico. El F-35B permite dispersar destacamentos de aviación en islas, pistas austeras y buques anfibios, mientras mantiene capacidad de ataque de precisión. Su firma radar reducida puede complicar la detección y el seguimiento durante las fases iniciales de un conflicto, sobre todo frente a redes de antiacceso y denegación de área.
La concentración de la aviación táctica en la familia F-35 también implica riesgos. La estandarización simplifica entrenamiento, logística, mantenimiento de software e interoperabilidad, pero aumenta la dependencia de un solo ecosistema técnico. Cualquier problema extendido de disponibilidad, repuestos o mantenimiento tendría efectos más amplios sobre la fuerza que en una flota distribuida entre varias plataformas.
Con la salida del F/A-18, los Marines cerrarán una etapa de su aviación expedicionaria y pasarán a una estructura centrada en aeronaves de quinta generación, operación distribuida y redes de sensores. El cambio responde menos a una sustitución directa de aviones que a una reorganización del modo en que el servicio prevé combatir en entornos defendidos.