El 12 de mayo de 2026, en Fort Carson, Colorado, el Ejército de EE. UU. probó tecnologías de Mando y Control de Próxima Generación durante el ejercicio Ivy Mass, con la integración de helicópteros de ataque AH-64 Apache, fuerzas de maniobra y unidades de sostenimiento de la 4.ª División de Infantería en una red digital orientada a coordinar operaciones en un espacio de combate disperso y disputado.
Con esa actividad, el Ejército buscó validar cómo una formación terrestre puede conservar la comunicación, la sincronización y la toma de decisiones cuando sus sistemas tradicionales quedan expuestos a interferencia electrónica, ataques cibernéticos o fuegos de largo alcance. Esta necesidad adquirió mayor relevancia para el Ejército estadounidense debido a la vulnerabilidad de los puestos de mando estáticos y de las comunicaciones centralizadas frente a drones, misiles y medios de guerra electrónica.
Como parte de una modernización orientada a reemplazar sistemas de mando más lentos, NGC2 emplea redes definidas por software y servicios de nube para conectar vehículos de combate, helicópteros, sensores, drones, puestos de mando y soldados en un entorno operativo común. De esa manera, la información de reconocimiento y designación de objetivos puede transmitirse con mayor rapidez entre unidades dispersas.
Durante Ivy Mass, helicópteros AH-64 Apache de la 4.ª Brigada de Aviación de Combate operaron desde puntos avanzados de armado y reabastecimiento, lo que acercó el reabastecimiento y el rearme a la zona de operaciones, redujo la dependencia de bases fijas y permitió sostener un ritmo más alto de salidas. Además, esa configuración dificulta que un adversario con capacidad de vigilancia y ataques de precisión localice los medios de aviación.
La participación del Apache en la red NGC2 permitió evaluar una función más amplia para la aviación del Ejército, ya que el helicóptero actúa como plataforma de apoyo cercano y también como elemento armado dentro de una red que recibe y transmite datos de sensores, unidades terrestres, medios no tripulados y otros elementos de combate. Bajo ese esquema, una información de objetivo detectada por drones o por fuerzas adelantadas puede llegar a las tripulaciones con menor demora y facilitar ataques contra blancos móviles o sensibles al tiempo.
El valor operativo de NGC2 reside en reducir el intervalo entre detección, identificación, decisión y ataque, debido a que, en una guerra de alta intensidad, los mandos tendrían que operar bajo presión de artillería de largo alcance, drones, ciberataques, interferencia electrónica y misiles guiados. Por esa razón, la red busca conservar la coordinación incluso si una parte de las comunicaciones queda degradada o destruida.
La prueba también se relaciona con la doctrina estadounidense de operaciones multidominio, que combina medios terrestres, aéreos, cibernéticos, espaciales y de guerra electrónica dentro de un mismo sistema de mando. Según el texto original, NGC2 apunta a servir como soporte digital para sincronizar esos efectos y para apoyar herramientas de decisión asistidas por inteligencia artificial, destinadas a procesar grandes volúmenes de datos del espacio de combate.
En esta prueba, la 4.ª División de Infantería fue empleada para ensayar conceptos de combate conectados digitalmente. Ivy Mass permitió evaluar si una red de mando distribuida puede sostener operaciones entre unidades separadas por grandes distancias, con aviación, logística y fuerzas terrestres dentro de un mismo cuadro operacional.