La posible incorporación del AGM-158C LRASM al B-52H Stratofortress ha entrado en una nueva fase. El Comando de Sistemas Aéreos Navales de Estados Unidos (NAVAIR) comunicó el 7 de octubre su intención de adjudicar a Lockheed Martin un contrato para integrar este misil antibuque en el bombardero de la Fuerza Aérea. Los trabajos previstos abarcan cambios en el software del arma, ensayos, reparación de equipos de prueba y reuniones técnicas dedicadas al análisis de fallas.
El B-52 ya puede transportar hasta 20 misiles AGM-158 JASSM, un armamento aire-superficie de la misma familia que el LRASM. Ambos tienen dimensiones semejantes, aunque la capacidad de carga actual del bombardero no significa que el AGM-158C esté autorizado para su empleo desde esa plataforma. El LRASM es un misil de crucero subsónico y furtivo cuyo alcance supera ligeramente las 200 millas. Su función es atacar buques, incluso objetivos que cambian de posición en el mar.
La utilidad de esa combinación adquiere especial importancia ante la posibilidad de un conflicto de gran escala con China. Mark Gunzinger, coronel retirado de la Fuerza Aérea y antiguo piloto de B-52, sostiene que un grupo reducido de estos bombarderos podría disparar diariamente más armas contra objetivos navales, y desde distancias mayores, que la aviación embarcada en portaaviones. Gunzinger dirige actualmente el área de conceptos futuros y evaluación de capacidades del Instituto Mitchell de Estudios Aeroespaciales.

En su evaluación, los bombarderos estadounidenses podrían asumir la mayor parte de los ataques marítimos por la cantidad de misiles antibuque que pueden transportar en cada salida y por su autonomía para operar a distancias intercontinentales. También podrían despegar desde bases situadas en regiones de menor amenaza, sin exponer a los portaaviones a los mismos riesgos. Gunzinger atribuye al LRASM una capacidad de ataque de alta precisión contra blancos navales móviles.
El B-52 no sería el primer bombardero estadounidense en recibir este armamento. En junio, la Fuerza Aérea comunicó que un B-2A Spirit lanzó un LRASM contra un buque de transporte anfibio retirado del servicio durante un ejercicio en el Pacífico. Fue la primera ocasión en que las fuerzas estadounidenses reconocieron públicamente el empleo de ese misil desde un B-2. El B-1B Lancer, por su parte, cuenta con capacidad operativa inicial para utilizarlo desde 2018.
El origen del LRASM se remonta a 2009, cuando DARPA y la Marina estadounidense iniciaron un programa para mejorar el ataque contra buques. Tres años después cancelaron el desarrollo del LRASM-B supersónico y concentraron los esfuerzos en el LRASM-A subsónico y furtivo, derivado del JASSM-ER. En 2013, Lockheed Martin completó su primer ensayo aéreo exitoso desde un B-1B. El misil recibió la designación AGM-158C en 2015 y su primer contrato de producción inicial a baja cadencia llegó en 2017.
La Marina alcanzó la capacidad operativa inicial con el LRASM en sus F/A-18E/F Super Hornet en 2019. En 2024 completó ensayos de lanzamiento en salva de cuatro misiles y comenzó las pruebas de vuelo relacionadas con el F-35C. Durante 2025 esas pruebas se extendieron al F-35B, la variante de despegue corto y aterrizaje vertical. En 2026, Lockheed Martin amplió la capacidad industrial y modificó contratos con el objetivo de aumentar la producción anual.

La eventual integración en el B-52 había aparecido en informaciones de 2019, pero no avanzó durante varios años. El aviso de octubre vuelve a situar esa posibilidad en los planes de adaptación de la flota, aunque todavía no anuncia la finalización del trabajo ni una fecha para su entrada en servicio.
Lockheed Martin fabrica tanto el AGM-158 JASSM como el AGM-158C LRASM. Dentro de esa familia figura el JASSM-ER, una versión de alcance extendido capaz de atacar objetivos a distancias de hasta 500 millas. Además del B-52H, el JASSM puede ser transportado por los B-1B, B-2A, F-15, F-16 y C-130 Hercules. La Fuerza Aérea también trabaja en su incorporación al F-35A Lightning II y al futuro B-21 Raider.
El aumento de la demanda de estos misiles acompaña los trabajos de integración. Informes de adquisiciones del Pentágono publicados en julio reflejaron que, desde abril, la Marina y la Fuerza Aérea ampliaban sus planes de producción de esta familia de armamento. Lockheed Martin había entregado un total de 5.348 misiles JASSM a ambos servicios. Su capacidad industrial era de 600 unidades al año y sus planes inmediatos apuntaban a elevarla a 860.
Las existencias también forman parte de ese cálculo. Un análisis del Centro para una Nueva Seguridad Estadounidense estimó que la Fuerza Aérea había consumido aproximadamente una cuarta parte de su inventario de JASSM durante la Operación Furia Épica. Esa cifra corresponde a la estimación de dicho centro de estudios.

En septiembre, durante la conferencia AFA Air, Space & Cyber, Lockheed Martin presentó el AGM-158 JASSM-FLEX. La propuesta permite modificar componentes de la sección delantera y la configuración de lanzamiento para incorporar distintas cargas útiles y adaptaciones de misión. Entre las opciones planteadas figura una posible configuración LRASM. La compañía explicó que busca incorporar nuevas tecnologías, afrontar la obsolescencia y mantener una familia de misiles adaptable a distintas misiones y viable para su producción a escala.
En el apartado de propulsión, la Fuerza Aérea destinó $200 000 000 durante el año fiscal 2025 al desarrollo de una segunda fuente de motores para el LRASM y el JASSM-ER. Lockheed Martin también contempla un gasto de entre $8 000 000 y $9 000 000 hasta 2030 para elevar la producción en las líneas existentes.
NAVAIR y el Centro de Gestión del Ciclo de Vida de la Fuerza Aérea no ofrecieron comentarios inmediatos sobre la integración del misil en el B-52. Scott Swofford, portavoz de Lockheed Martin, remitió las consultas sobre el programa al Pentágono. Sí destacó las características de precisión, baja observabilidad y supervivencia del LRASM, así como su adaptación a diversas plataformas y misiones de ataque contra objetivos de superficie.










