Desarrollado para defender portaaviones con misiles Phoenix y radar AWG-9, el F-14 se retiró en 2006; su ausencia dejó brechas que impulsan NGAD y F/A-XX.
Origen, misión y capacidades del F-14 Tomcat durante la Guerra Fría
La Marina de Estados Unidos desarrolló el F-14 Tomcat a finales de los años sesenta para proteger portaaviones frente a bombarderos Tu-16 Badger y Tu-22M Backfire con misiles antibuque. Grumman entregó el primer ejemplar en junio de 1972, y escuadrones VF-1, VF-2, VF-14 y VF-32 lo recibieron. Con alas de geometría variable, el avión alcanzó 2.480 kilómetros por hora y un techo de 16.764 metros, con pesos de 18.190 y 33.724 kilogramos.
El radar Hughes AWG-9 detectó objetivos a larga distancia y guió hasta seis misiles AIM-54 Phoenix de alcance superior a 145 kilómetros, con capacidad para interceptar múltiples blancos más allá de 90 millas. El F-14 combinó esa capacidad con un cañón M-61 de 20 milímetros y misiles AIM-7 Sparrow y AIM-9 Sidewinder, lo que aseguró eficacia en combates a corta distancia sin sacrificar su misión principal de defensa de flota de largo alcance.
El programa VFX surgió tras la cancelación del F-111B en abril de 1968 por su inadecuación para portaaviones. Grumman recurrió a experiencias previas con el XF10F Jaguar y perfeccionó las alas pivotantes, con ángulos entre 20 y 68 grados para optimizar el rendimiento. Los motores Pratt & Whitney TF30-P-412A, de 93 kilonewtons cada uno, proporcionaron una tasa de ascenso de 9.144 metros por minuto y un radio de acción de 3.862 kilómetros.

Durante su despliegue inicial, el F-14 asumió la defensa de flota y demostró su potencial en agosto de 1981, cuando dos aparatos derribaron aviones libios Su-22 sobre el Golfo de Sidra. Posteriormente, el Tomcat participó en operaciones en el Golfo Pérsico, Irak y Afganistán, donde registró derribos adicionales y cumplió misiones de apoyo aéreo sin abandonar su función de interceptor de largo alcance en grupos de portaaviones.
Especificaciones clave del F-14 Tomcat para la defensa de flota
- Velocidad máxima de 2.480 km/h y techo de servicio de 16.764 metros.
- Pesos de 18.190 kilogramos (vacío) y 33.724 kilogramos (bruto).
- Radar AWG-9 con guiado simultáneo de hasta seis AIM-54 Phoenix.
- Radio de 3.862 kilómetros, motores TF30-P-412A de 93 kN y armamento M-61, AIM-7 y AIM-9.
Bombarderos Tu-16/Tu-22M y la exigencia de interceptores de alcance
Los bombarderos soviéticos Tu-16 y Tu-22M, capaces de lanzar misiles Kh-22 con 600 kilómetros de alcance y velocidad Mach 4,6, obligaron a priorizar interceptores de largo alcance. El Tu-22M voló con un radio de 4.350 kilómetros a gran altitud en régimen subsónico y recibió reabastecimiento en vuelo, con capacidad para portar hasta tres misiles Kh-32. Esos misiles volaron a Mach 4,1, ofrecieron precisión de pocos metros y transportaron un cabezal de 454 kilogramos.
Modernizaciones como la versión Tu-22M3M mantuvieron y ampliaron esas prestaciones mediante una renovación electrónica cercana al 80 por ciento y radares MV-45. Como consecuencia, el tiempo disponible para la defensa se redujo en un factor de cuatro frente a perfiles de amenaza con misiles subsónicos, lo que tensionó las ventanas de reacción de los grupos de portaaviones en escenarios exigentes.
El F-14 respondió mediante patrullas de interceptación que establecieron barreras defensivas a distancias diseñadas para impedir lanzamientos enemigos. Sin embargo, su alcance no siempre resultó suficiente frente a misiles de mayor extensión como el Kh-32, por lo que la cobertura a gran distancia dependió de geometrías oportunas, alerta temprana y coordinación con sensores de largo alcance en el conjunto del grupo de combate de portaaviones.

La doctrina soviética en los años ochenta contempló ataques con hasta cien bombarderos Tu-22M y Tu-16 contra un único grupo de portaaviones. Ese planteamiento reforzó el requisito de un caza capaz de gestionar varios enganches de manera simultánea, con capacidad para detectar, priorizar y comprometer blancos múltiples antes del punto de lanzamiento, de modo que la flota redujera al mínimo la posibilidad de salvas masivas de misiles antibuque.
Retiro del F-14, Super Hornet y brechas actuales en defensa de flota
En 2006, la Marina de Estados Unidos retiró el F-14 del servicio activo y el último escuadrón, VF-213, finalizó su ciclo antes de la baja definitiva. Los costos de mantenimiento alcanzaron entre cincuenta y sesenta horas por cada hora de vuelo, y la obsolescencia de componentes como los motores TF-30, conocidos por su propensión a fallos, influyó en la decisión. Tras el fin de la Guerra Fría, la amenaza soviética disminuyó y el Tomcat pasó a misiones de ataque terrestre.
En ese contexto, el F/A-18E/F Super Hornet mostró mayor fiabilidad y menores gastos operativos. Con radar Raytheon AN/APG-79 y contramedidas electrónicas Harris AN/ALQ-214, además de enlaces de datos avanzados, la plataforma se consolidó como solución versátil. No obstante, no igualó el alcance ni la velocidad del F-14, lo que redujo su eficacia frente a bombarderos rusos modernizados como el Tu-160 Blackjack o frente a misiles antibuque chinos lanzados desde el aire.

La Marina asignó recursos a plataformas con mayor versatilidad para cubrir misiones múltiples en tiempos de paz y crisis. Sin embargo, el retiro del F-14 dejó carencias en la defensa de flota, con vacíos concretos ante amenazas de largo alcance que continúan en escenarios como el Pacífico Occidental y el Atlántico Norte. Esa brecha subrayó la necesidad de soluciones que recuperaran velocidad, persistencia y capacidad de intercepción a distancia.
Mientras tanto, la evolución de arsenales antibuque elevó el riesgo para formaciones navales estadounidenses y obligó a reforzar la letalidad aérea a distancias donde el F-14 había sostenido la primera línea de defensa, con medidas que abarcaron integración de nuevos misiles de largo alcance y ampliación del abanico de plataformas capaces de lanzar ataques antisuperficie de precisión.
China, LRASM y distribución de misiles antibuque en plataformas aliadas
En el presente, las amenazas antibuque avanzaron con la reaparición de capacidades rusas y la expansión china. La Armada de Liberación Popular contó con 103 buques de superficie principales, y el 83 por ciento incorporó diseños modernos, dato que incrementó la exposición de grupos navales estadounidenses en caso de enfrentamiento y obligó a considerar defensas escalonadas con mayor alcance y mayor capacidad de supervivencia ante salvas de misiles de alta velocidad.
Para responder, la Marina integró misiles antibuque de largo alcance como el LRASM, con más de 370 kilómetros de alcance y un cabezal de 450 kilogramos, en aviones F/A-18E/F y F-35B/C Lightning II. En el F-35 naval y de despegue vertical, el LRASM se montó en soportes externos, hecho que redujo la baja observabilidad, aunque permitió ataques marítimos a gran distancia contra plataformas de superficie con elevada capacidad defensiva.

Además, el F-35A incorporó el misil KONGberg Joint Strike Missile, con alcance superior a 275 kilómetros y un cabezal de 120 kilogramos, con entregas programadas para 2026. Esa integración aportó flexibilidad adicional al componente aéreo y reforzó perfiles de ataque marítimo contra buques escoltados, sin modificar la necesidad de vectores con mayor persistencia, velocidad y alcance para tareas de largo alcance sobre espacios marítimos amplios.
Aviones como el P-8A Poseidon, el F-15E Strike Eagle y el F-16C/D también recibieron estas armas, y esa distribución amplió la capacidad antisuperficie del componente aéreo. La ampliación diversificó la carga de misiones y extendió el alcance de disuasión, aunque no sustituyó la ventaja de un interceptor naval con gran radio de acción y velocidad, concebido para negar el punto de lanzamiento a bombarderos con misiles antibuque de largo alcance.
NGAD y F/A-XX: cronograma, motores, adquisiciones y amenazas hipersónicas
La Fuerza Aérea y la Marina avanzaron en el programa de Dominio Aéreo de Nueva Generación con el objetivo de cubrir deficiencias de combate. En marzo de 2025, la Fuerza Aérea adjudicó a Boeing el desarrollo e ingeniería del F-47, un caza de sexta generación con sigilo avanzado, fusión de sensores y ataque de largo alcance. Formó parte de una familia de sistemas con aviones de combate colaborativos autónomos y superó al F-22 en velocidad, maniobrabilidad, carga útil y radio de acción.
Su diseño modular permitió integrar tecnologías futuras. El presupuesto de 2025 asignó $19.600 millones en cinco años tras una pausa en 2024 para madurar componentes y reducir costos, estimados en cientos de millones por unidad. El NGAD incorporó motores de ciclo variable, como el XA102 de General Electric y el XA103 de Pratt & Whitney, además de sensores avanzados y comunicaciones con mayor resistencia a interferencias, con demostradores a gran escala en 2020 y entrada en servicio programada para 2030.

La Marina desarrolló su versión bajo la denominación F/A-XX, con un contrato previsto para adjudicación en meses posteriores a marzo de 2025. Boeing y Northrop Grumman compitieron tras la retirada de Lockheed Martin. El programa compartió tecnologías con el de la Fuerza Aérea en propulsión, aviónica y armamento, pero incluyó requisitos específicos para portaaviones. En presentaciones al presidente Trump en marzo de 2025, David W. Allvin y James Kilby destacaron continuidad, énfasis en permanencia en zona y trabajo con sistemas no tripulados.
Las capacidades previstas incluyeron medidas frente a amenazas hipersónicas, como el misil ruso Kh-47M2 Kinzhal, con alcance superior a 1.360 kilómetros desde plataformas como el MiG-31 y posible adaptación al Tu-22M. La Marina careció de defensas efectivas ante ese tipo de sistemas, hecho que impulsó contramedidas electrónicas avanzadas en buques y aviones. El F-47 incorporó inteligencia artificial orientada a operaciones autónomas y colaboración con sistemas externos para mejorar la respuesta cuando el tiempo disponible se redujo.
