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El futuro del F/A-XX: la próxima generación de cazas de la Marina

11 de octubre de 2026
en Defensa y tecnología militar
Northrop Grumman presentó diseño oficial de F/A-XX

F/A-XX

La Marina estadounidense encargó a Boeing un caza de mayor alcance para mantener sus portaaviones lejos de las defensas enemigas más avanzadas.

La Marina quiere que el F/A-XX llegue más lejos que el Super Hornet

Un portaaviones necesita mantener suficiente distancia de las defensas enemigas para reducir su exposición, pero sus aviones deben recorrer esa distancia antes de llegar a la zona de combate. Cuanto más se aleja el buque, mayor es la cantidad de combustible que necesitan sus cazas y menor el tiempo que pueden permanecer sobre sus objetivos. Esta limitación condiciona la aviación naval estadounidense y explica buena parte de las exigencias del futuro F/A-XX, concebido para operar a distancias superiores a las de los cazas embarcados actuales.

Durante décadas, la Marina de Estados Unidos organizó sus grupos aéreos alrededor de aeronaves capaces de despegar desde un portaaviones, ejecutar misiones de ataque y defensa antiaérea y regresar al mismo buque. El F/A-18E/F Super Hornet permitió concentrar numerosas funciones en una plataforma polivalente. Sin embargo, las características que favorecieron su adopción no eliminan las restricciones de alcance, autonomía y supervivencia que adquieren importancia frente a defensas antiaéreas modernas, especialmente cuando los portaaviones necesitan permanecer alejados de las zonas más amenazadas.

China ha desarrollado misiles antibuque de largo alcance, sistemas de vigilancia marítima y aeronaves concebidas para disputar el control del espacio aéreo en el Pacífico occidental. Estos medios obligan a considerar operaciones en las que un grupo de portaaviones estadounidense tendría dificultades para acercarse a determinadas zonas sin exponerse a ataques. Localizar y atacar un buque en movimiento requiere combinar sensores, comunicaciones y armas, pero las distancias implicadas ya influyen en los requisitos de las futuras aeronaves embarcadas.

El F/A-XX responde a esas necesidades. Su desarrollo no pretende reproducir las funciones del Super Hornet con equipos más modernos. La Marina busca un caza con mayor alcance propio, menor observabilidad y medios para operar junto con aeronaves tripuladas y no tripuladas. Durante 2025, los responsables navales establecieron como referencia un incremento de alcance superior al 25 % respecto de los cazas existentes. Las prestaciones definitivas permanecen clasificadas y todavía no permiten establecer cuánto podrá alejarse el aparato de su portaaviones durante una misión.

Los datos conocidos del programa F/A-XX

  • La Marina estableció como referencia un aumento de alcance superior al 25 %.
  • Boeing recibió el contrato de desarrollo el 29 de septiembre de 2026.
  • La adjudicación supera los $20 000 000 000.
  • El contrato comprende varias aeronaves de ensayo, no una flota operativa.
  • Las dimensiones, la motorización y las prestaciones definitivas permanecen clasificadas.

Boeing desarrollará dos cazas estadounidenses de sexta generación

El F-47 sucederá al F-22 con más alcance y sensores integrados
F-47

El programa atravesó una prolongada discusión presupuestaria e industrial antes de pasar a su actual fase de desarrollo. El Pentágono cuestionó la capacidad de la industria estadounidense para sostener simultáneamente dos programas de cazas de sexta generación. Uno estaba destinado a la Fuerza Aérea, bajo la denominación F-47, mientras que el otro debía satisfacer las condiciones de operación de la Marina. Ambos proyectos planteaban exigencias industriales considerables, tanto por la complejidad de sus sistemas como por los recursos necesarios para diseñarlos y fabricarlos.

El 29 de septiembre de 2026, la Marina adjudicó a Boeing el desarrollo del F/A-XX mediante un contrato valorado en más de $20 000 000 000. La adjudicación comprende la construcción de varias aeronaves de ensayo para pruebas estructurales, evaluación de aeronavegabilidad e integración de sistemas y armamento. No representa todavía una adquisición de cazas operativos para equipar los portaaviones. La fase contratada deberá proporcionar los resultados técnicos necesarios antes de avanzar hacia la fabricación de unidades destinadas al servicio.

Boeing obtuvo así la responsabilidad de desarrollar los dos futuros cazas tripulados de sexta generación de las fuerzas estadounidenses. La selección también impuso una exigencia industrial considerable: diseñar, ensayar y preparar dos plataformas avanzadas mientras continúa la producción y el mantenimiento de otras aeronaves militares. El resultado dependerá de que la compañía pueda sostener ambos programas sin que sus necesidades técnicas y de fabricación interfieran con los calendarios establecidos. La disponibilidad de ingenieros, instalaciones y proveedores tendrá importancia durante las siguientes etapas.

El F/A-XX tendrá que ser furtivo y resistir operaciones en el mar

La experiencia acumulada por Boeing con el F/A-18 es relevante porque el F/A-XX deberá funcionar dentro de las restricciones físicas de un portaaviones. Un caza terrestre puede diseñarse alrededor de pistas extensas y grandes instalaciones de mantenimiento. Una aeronave embarcada debe soportar aceleraciones intensas durante el lanzamiento por catapulta, impactos repetidos durante el apontaje y esfuerzos estructurales transmitidos por el gancho de detención. Estas condiciones obligan a incorporar características que no tienen la misma importancia en los aviones destinados exclusivamente a bases terrestres.

Un F/A-18E Super Hornet aterriza en la cubierta de vuelo del portaaviones de la clase Nimitz USS Abraham Lincoln (CVN 72), el 25 de mayo de 2026, en Oriente Medio. (Foto de la Armada de los EE. UU.)

El tren de aterrizaje necesita resistir descensos verticales considerablemente más exigentes que los habituales en una pista terrestre. La estructura debe distribuir esas cargas sin incrementar el peso hasta comprometer las prestaciones de vuelo. También tiene que resistir la corrosión marina y permitir intervenciones de mantenimiento en espacios reducidos, donde numerosos aviones comparten las instalaciones del buque. Cada decisión relacionada con la resistencia estructural, el peso y la distribución de los equipos repercute en las posibilidades de operación y mantenimiento de la aeronave.

Estas condiciones afectan directamente la geometría de un caza de baja observabilidad. Una aeronave de mayor tamaño puede transportar más combustible, pero ocupa más superficie de cubierta, requiere más espacio en los hangares y puede presentar dificultades para utilizar los ascensores. Las alas plegables permiten reducir determinadas dimensiones durante el almacenamiento, aunque incorporan mecanismos y uniones estructurales que añaden peso. Los ingenieros deberán encontrar una configuración que permita incrementar la autonomía sin dificultar las operaciones cotidianas a bordo.

El problema aumenta cuando la célula debe reducir su firma radar. Los cazas furtivos necesitan controlar la reflexión electromagnética de sus superficies, tratar cuidadosamente las entradas de aire y limitar la exposición de equipos y armamento. Las superficies móviles, compuertas y discontinuidades estructurales requieren soluciones específicas. Una configuración favorable para la baja observabilidad no siempre coincide con la más conveniente para resistir las cargas de las operaciones embarcadas. El F/A-XX deberá satisfacer ambas condiciones sin que las modificaciones estructurales comprometan sus prestaciones de vuelo.

Las ilustraciones difundidas por Boeing muestran una aeronave de geometría integrada, con características asociadas a la reducción de la firma radar. Sin embargo, la empresa mantiene clasificados los parámetros de diseño. No existe información pública suficiente para confirmar su masa máxima de despegue, motorización, dimensiones definitivas, capacidad interna de combustible o configuración completa de armamento. Tampoco puede determinarse hasta qué punto la aeronave final reproducirá las representaciones divulgadas durante la competencia, por lo que estas imágenes no permiten establecer sus características técnicas definitivas.

El mayor alcance del F/A-XX plantea nuevas decisiones sobre sus armas

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F/A-XX

La autonomía es uno de los problemas que más condicionan el diseño del F/A-XX. Para aumentar el radio de combate, los ingenieros pueden incrementar el combustible interno, mejorar la eficiencia propulsiva o reducir el consumo asociado a determinadas condiciones de vuelo. Cada alternativa tiene consecuencias. Un depósito mayor necesita volumen estructural, un motor más eficiente requiere inversiones en desarrollo y una configuración optimizada para una velocidad puede presentar compromisos en otra parte de su envolvente operativa. La solución tendrá que responder a las necesidades reales de las misiones navales.

La Marina también debe determinar cuánto armamento puede transportar el F/A-XX sin perder las características de baja observabilidad que justifican su desarrollo. Las bodegas internas permiten mantener una configuración exterior más limpia, pero su volumen limita la cantidad y las dimensiones de los misiles. Incrementar la capacidad interna puede exigir una célula más grande, justamente cuando las dimensiones del portaaviones imponen restricciones. La relación entre combustible, armamento y tamaño del aparato será determinante para establecer las posibilidades de empleo del nuevo caza.

La combinación de alcance y armamento dependerá de las misiones asignadas. Una patrulla de defensa antiaérea prolongada plantea necesidades diferentes de una operación de ataque contra instalaciones terrestres o unidades navales. La primera requiere permanencia en vuelo, capacidad de interceptación y disponibilidad de misiles aire-aire. La segunda exige llegar hasta una zona de lanzamiento, emplear el armamento adecuado y conservar combustible suficiente para regresar. El diseño deberá permitir ejecutar ambas clases de misiones dentro de las restricciones propias de la aviación embarcada.

El F/A-XX deberá operar además frente a sensores distribuidos y medios de interceptación de diferentes alcances. La baja observabilidad reduce determinadas posibilidades de detección y seguimiento, pero no convierte a una aeronave en indetectable. Su utilidad depende de la frecuencia y la posición de los radares, la geometría del encuentro, las emisiones propias y la capacidad del adversario para combinar información procedente de diferentes sensores. La supervivencia del caza también estará condicionada por las características de las defensas que encuentre durante sus misiones.

Los sistemas de búsqueda infrarroja representan otra exigencia. Una aeronave puede reducir su reflexión radar y seguir generando una firma térmica considerable. Las entradas de aire, los gases de escape y las superficies calentadas durante el vuelo influyen en la detección infrarroja. Por eso, la supervivencia de una plataforma avanzada necesita combinar diseño aerodinámico, gestión de emisiones y tácticas de empleo. La reducción de la firma radar será importante para el F/A-XX, pero no resolverá por sí sola todas las amenazas que deberá enfrentar.

El F/A-XX trabajará con aviones de combate que no llevarán pilotos

La Marina de EE. UU. prueba el caza F/A-XX
F/A-XX

La sexta generación tampoco puede definirse exclusivamente por una mejora de furtividad. En el F/A-XX, parte de las capacidades previstas dependerá de su integración con otras aeronaves. La Marina está desarrollando una arquitectura de combate en la que los sensores, las plataformas portadoras de armamento y los sistemas de mando podrán distribuirse entre varios vehículos. Esta organización permitirá asignar diferentes funciones a aeronaves tripuladas y no tripuladas, en lugar de concentrar todos los equipos y las tareas dentro de una sola plataforma.

El concepto de aeronaves colaborativas de combate, conocidas como CCA, responde a esa organización. Se trata de plataformas no tripuladas destinadas a operar coordinadamente con cazas tripulados. Algunas podrían transportar armamento, mientras que otras ampliarían la cobertura de sensores o asumirían tareas específicas de apoyo. La composición dependerá de las variantes que finalmente seleccione la Marina y de las restricciones del grupo aéreo embarcado. Su incorporación también tendrá consecuencias sobre el espacio disponible y la distribución de las aeronaves a bordo.

La dificultad principal no consiste únicamente en fabricar aviones capaces de volar sin piloto. Un sistema colaborativo necesita interpretar instrucciones, mantener una representación del entorno y ejecutar las tareas asignadas bajo condiciones cambiantes. En un espacio aéreo disputado, las interferencias electromagnéticas pueden limitar las comunicaciones, mientras que las distancias dificultan mantener enlaces de gran capacidad entre todos los participantes. Estas circunstancias obligan a desarrollar sistemas capaces de continuar determinadas tareas incluso cuando las comunicaciones con otras aeronaves se encuentran restringidas.

Un caza tripulado tampoco puede depender de que su piloto controle individualmente cada maniobra de varios vehículos no tripulados mientras ejecuta una misión de combate. La automatización tendrá que asumir funciones de navegación, coordinación y ejecución de tareas dentro de parámetros previamente establecidos. El piloto conservará responsabilidades de mando y supervisión, pero las interfaces deberán reducir su carga de trabajo. El funcionamiento de esta organización dependerá de que los sistemas autónomos puedan interpretar correctamente las instrucciones sin exigir una intervención constante.

BQM-177A: drones objetivo Airbus DT25 probados en vuelo con IA Hivemind
Dos de los drones BQM-177A despegan durante la prueba con Hivemind AI el 5 de agosto de 2025, en el campo de pruebas de Point Mugu. (Crédito de la imagen: Shield AI)

La Marina comenzó a comprobar esa arquitectura mediante demostraciones con vehículos experimentales. En diciembre de 2025, dos blancos aéreos BQM-177A equipados con software de autonomía participaron en una prueba de coordinación con un F/A-18 virtual y adversarios simulados. Las aeronaves no tripuladas ejecutaron tareas defensivas dentro de un escenario combinado de medios reales y virtuales. Fue una prueba de comportamientos autónomos y coordinación, no una demostración de que el sistema completo de combate del F/A-XX estuviera desarrollado.

La posibilidad de distribuir sensores y armamento también influye en el diseño del caza tripulado. Si determinados equipos pueden instalarse en plataformas colaborativas, no todas las funciones necesitan concentrarse dentro de una sola célula. Sin embargo, esa distribución introduce dependencias. Una aeronave de mando debe seguir siendo útil cuando pierde contacto con parte de sus acompañantes, mientras que los vehículos autónomos necesitan continuar sus tareas dentro de los límites de su programación. La pérdida de comunicaciones no debería impedir que cada plataforma cumpla las funciones para las que fue preparada.

La interoperabilidad plantea otro problema industrial. Para que diferentes fabricantes produzcan aeronaves capaces de trabajar juntas, las interfaces deben permitir intercambiar información y actualizar funciones sin rediseñar todo el sistema. Boeing ha identificado la arquitectura abierta de misión como una característica del F/A-XX. Su utilidad dependerá de que las interfaces y los componentes puedan adaptarse durante décadas de servicio, sin que cada actualización obligue a introducir modificaciones extensas en toda la flota.

El F/A-XX compartirá los portaaviones con el F-35C y el MQ-25

El F/A-XX tampoco operará de forma independiente del F-35C. La Marina prevé mantener ambos modelos dentro de sus grupos aéreos. El F-35C ya dispone de sensores integrados, medios de intercambio de información y una configuración de baja observabilidad. La incorporación del nuevo caza permitirá distribuir las misiones entre plataformas con características y generaciones tecnológicas diferentes. Esa coexistencia plantea preguntas sobre la composición del ala aérea, especialmente porque cada modelo necesita mantenimiento, repuestos, personal especializado y espacio en cubierta.

Defensas aéreas hutíes casi alcanzan a los F-35 y F-16 de EE. UU.
Un F-35C Lightning II, adscrito al Escuadrón de Caza de Ataque (VFA) 97, se lanza desde la cubierta de vuelo del portaaviones de clase Nimitz USS Carl Vinson (CVN 70) en el área de responsabilidad del Comando Central de los Estados Unidos. (Foto oficial de la Marina de los EE. UU.)

La reorganización incluirá otra plataforma de Boeing: el MQ-25A Stingray. Este vehículo no tripulado fue concebido principalmente como avión cisterna para apoyar a los cazas embarcados. Su incorporación permitirá reducir el empleo de Super Hornets equipados para repostaje, una tarea que actualmente consume aeronaves y horas de vuelo que podrían destinarse a misiones de combate. La disponibilidad de aviones cisterna también tendrá importancia para ampliar las distancias a las que puedan operar las futuras aeronaves del grupo aéreo.

El primer MQ-25A de configuración operativa efectuó su vuelo inicial el 25 de abril de 2026. Posteriormente, el programa recibió autorización para iniciar la producción a ritmo reducido. Sin embargo, los retrasos acumulados desplazaron su capacidad operativa inicial prevista hasta 2029, según la documentación presupuestaria examinada por USNI News. El progreso del Stingray es relevante para el F/A-XX porque el alcance del futuro grupo aéreo dependerá tanto de sus cazas como de la disponibilidad de combustible durante el vuelo.

El reabastecimiento permite ampliar las distancias de operación, aunque añade otra vulnerabilidad. Los aviones cisterna necesitan aproximarse lo suficiente para atender a los cazas, y su supervivencia depende de las amenazas existentes en la zona. Si deben mantenerse a gran distancia, las aeronaves de combate seguirán consumiendo una parte importante de su combustible antes de recibir apoyo. Por esta razón, aumentar el alcance propio del F/A-XX conserva importancia incluso con el MQ-25 disponible. Ambos sistemas podrán complementarse, pero no eliminarán las restricciones impuestas por la ubicación del portaaviones.

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También permanece pendiente la evolución de la guerra electrónica embarcada. El anuncio del programa contempla que el F/A-XX sustituya progresivamente a los F/A-18E/F y EA-18G Growler a partir de la década de 2030. Sin embargo, Boeing y la Marina no han divulgado una configuración definitiva que permita establecer cómo se distribuirán las funciones de interferencia electrónica, supresión de defensas antiaéreas y ataque electrónico que actualmente realiza el Growler. La sustitución de estas aeronaves requerirá conservar las funciones que desempeñan dentro de las operaciones navales.

Una posibilidad técnica sería integrar determinados equipos dentro de la arquitectura del nuevo caza y complementarlos con plataformas externas, pero esa distribución no está confirmada. El empleo de sensores pasivos, emisores de interferencia y sistemas de protección electrónica deberá evaluarse teniendo en cuenta sus exigencias de energía, refrigeración y compatibilidad con las características furtivas de las aeronaves. Estas consideraciones también influirán en la manera de distribuir las funciones de guerra electrónica entre el F/A-XX y las futuras plataformas que operen junto a él.

China prepara sus portaaviones para operar con nuevos cazas furtivos

Mientras Estados Unidos desarrolla estas capacidades, China también está modificando su aviación embarcada. El portaaviones Fujian ha realizado operaciones de ensayo con el caza furtivo J-35, el J-15 y el avión de alerta temprana KJ-600. La incorporación de catapultas electromagnéticas permite a la Marina china operar aeronaves que plantean exigencias distintas de las asociadas a los portaaviones con rampas de despegue. Esta evolución introduce nuevas condiciones para las operaciones aéreas navales en el Pacífico occidental.

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J-35

Los ensayos divulgados en septiembre de 2025 mostraron avances en la integración de esas plataformas, aunque no demostraban por sí solos una capacidad operativa completa equivalente a la experiencia acumulada por la Marina estadounidense. La importancia del proceso reside en la incorporación progresiva de aviación embarcada de baja observabilidad y alerta temprana dentro de una fuerza naval en expansión. Para el F/A-XX, ese desarrollo representa un cambio en las amenazas que deberá enfrentar cuando entre en servicio.

No bastará con superar a los cazas embarcados de generaciones anteriores. Los sensores, las armas y los enlaces del F/A-XX tendrán que funcionar frente a aeronaves furtivas, aviones de alerta temprana, sistemas de defensa antiaérea naval y medios de guerra electrónica que operen coordinadamente. Las prestaciones también dependerán del armamento disponible. Una aeronave con gran alcance puede ofrecer pocas ventajas si necesita aproximarse demasiado para emplear sus misiles, mientras que un arma de largo alcance necesita información adecuada sobre la posición de sus objetivos y mecanismos para actualizarla cuando se desplazan.

Boeing afronta el desarrollo del F/A-XX mientras avanza con el F-47

En paralelo, la Marina necesita mantener disponible su flota actual. Los Super Hornets continuarán operando durante años mediante programas de extensión de vida útil, mantenimiento y modernización. El F/A-XX no reemplazará simultáneamente a todas las aeronaves existentes, y cualquier retraso prolongará la necesidad de sostener aparatos que acumulan horas de vuelo y ciclos de aterrizaje embarcado. La transición exigirá mantener operativos los modelos anteriores mientras los nuevos cazas completan sus pruebas y comienzan a incorporarse a las unidades navales.

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F/A-XX

Los nuevos cazas tendrán que superar ensayos estructurales y de vuelo, integración de armamento, pruebas de compatibilidad con portaaviones y evaluaciones operativas. La fabricación de prototipos representa una parte de ese proceso, pero todavía será necesario demostrar que la aeronave puede sostener operaciones repetidas en un entorno naval. También deberán evaluarse los procedimientos de mantenimiento y las condiciones de utilización a bordo, donde las limitaciones de espacio y las exigencias de las operaciones embarcadas pueden afectar el funcionamiento cotidiano del aparato.

Boeing dispone de experiencia en esa actividad, aunque sus responsabilidades industriales han aumentado. El F-47 y el F/A-XX requerirán personal especializado, instalaciones seguras, componentes avanzados y proveedores capaces de mantener entregas durante períodos prolongados. La compañía ha invertido en nuevas instalaciones de producción en San Luis, Misuri, y en herramientas de diseño digital que permiten desarrollar y modificar modelos de ingeniería antes de fabricar componentes físicos. Estas inversiones forman parte de los preparativos necesarios para desarrollar simultáneamente dos plataformas militares avanzadas.

Según una investigación publicada por Reuters el 5 de octubre de 2026, la adopción de estándares comunes de diseño y la posibilidad de incorporar modificaciones mediante herramientas digitales fueron factores relevantes en la selección de Boeing. Sin embargo, desarrollar dos aeronaves de sexta generación simultáneamente también concentra riesgos. Los retrasos en componentes, instalaciones o recursos de ingeniería podrían afectar a ambos programas. La compañía deberá organizar sus recursos para que las necesidades del F-47 y del F/A-XX no comprometan el avance de ninguno de los proyectos.

El presupuesto aún puede cambiar los plazos de desarrollo del F/A-XX

La adjudicación tampoco resuelve las necesidades presupuestarias de largo plazo. En el ejercicio fiscal 2026, el F/A-XX recibió aproximadamente $1 700 000 000 entre asignaciones presupuestarias y financiación complementaria. Para el ejercicio 2027, la solicitud presentada por la administración contempló alrededor de 140 millones, una diferencia que volvió a plantear interrogantes sobre la continuidad y el ritmo del desarrollo. La disponibilidad de recursos seguirá influyendo en la ejecución de las fases de diseño, fabricación y ensayos.

El Congreso había intervenido previamente para impedir que el programa quedara reducido a actividades mínimas. Sus comités de defensa cuestionaron los aplazamientos de la adjudicación y defendieron que la Marina necesitaba un avión propio, adaptado a operaciones embarcadas. Tras la selección de Boeing, las decisiones presupuestarias posteriores continuarán determinando la rapidez con que puedan ejecutarse las siguientes etapas. El contrato de desarrollo permite avanzar con el programa, pero no establece por sí solo la financiación necesaria para completar una futura flota operativa.

Existe además una diferencia entre completar un diseño y producir una flota militar. Las primeras aeronaves pueden fabricarse con procedimientos especializados y una intervención considerable de ingenieros. La producción sostenida necesita procesos repetibles, control de calidad, disponibilidad de materiales y medios para mantener costos y plazos. La transición hacia esa fabricación será determinante para establecer cuántos F/A-XX puede incorporar realmente la Marina. También permitirá comprobar si los procedimientos industriales elegidos pueden mantenerse cuando aumente la cantidad de aparatos fabricados.

La Marina todavía no tiene una fecha confirmada para el F/A-XX

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La llegada del aparato durante la década de 2030 sigue siendo el objetivo anunciado. No obstante, todavía no existe suficiente información pública para establecer una fecha confirmada de primer vuelo, una cantidad definitiva de aeronaves o un calendario completo de sustitución de los Super Hornets y Growlers. Esos resultados dependerán de los ensayos, la financiación y las decisiones de adquisición posteriores. El desarrollo continuará mientras la Marina mantiene sus aeronaves actuales y prepara la incorporación de nuevas plataformas a sus portaaviones.

Las condiciones de operación de los portaaviones han cambiado a medida que aumentan las distancias a las que pueden actuar las armas enemigas. Su utilidad militar depende de que puedan desplegar aeronaves hasta zonas relevantes, sostener misiones y recuperarlas sin exponer innecesariamente al grupo naval. El F/A-XX deberá responder a esas condiciones dentro de los límites de tamaño, peso, mantenimiento y operación que impone un buque, con una autonomía superior a la de sus predecesores.

Boeing ya dispone del contrato para desarrollar esa aeronave. La siguiente etapa consistirá en demostrar que el diseño elegido puede satisfacer simultáneamente las exigencias del combate aéreo avanzado y las operaciones navales. El F/A-XX tendrá que integrarse con el F-35C, los aviones cisterna no tripulados y las futuras plataformas colaborativas. Los resultados de los ensayos determinarán su configuración final y permitirán establecer hasta qué punto podrá ampliar el alcance operativo de los portaaviones estadounidenses durante las próximas décadas.

Etiquetas: BoeingF/A-XX

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