China impulsa el H-20 para ataque furtivo de largo alcance, pero su arsenal no muestra una penetradora pesada comparable a la GBU-57.
El programa H-20 y la meta china de ataque furtivo estratégico global
En septiembre de 2016, el alto mando de la fuerza aérea china informó sobre el desarrollo de un bombardero de nueva generación y gran alcance. El objetivo consiste en dotar a China de capacidad de ataque furtivo estratégico, con bodega interna para armas y firma radar reducida. En esa lógica, el H-20 se describe como comparable al B-2 Spirit. La comparación, sin embargo, expone una brecha: no aparece una munición penetradora pesada equivalente a la GBU-57.
Según el informe anual del Departamento de Defensa de Estados Unidos, China desarrolla “una nueva generación de bombarderos de largo alcance” y el aparato, “probablemente” llamado H-20, podría aparecer en la próxima década. El documento atribuye un alcance superior a 10.000 kilómetros, con opción de ampliación mediante reabastecimiento en vuelo. También lo vincula a misiones convencionales y nucleares bajo diseño furtivo, con proyección hacia la segunda cadena de islas del Pacífico occidental.
Fuera de esa descripción, la información pública sigue escasa. No existen datos confirmados sobre número de unidades, calendario, carga útil o configuración exacta de su bodega interna. Por eso, el H-20 se entiende más como un programa que como una capacidad lista para empleo inmediato. Su papel probable sería complementar la flota actual y ampliar opciones de disuasión y ataque a larga distancia, más que reemplazar de forma rápida a los bombarderos disponibles.

Un bombardero furtivo no solo depende del contorno del fuselaje. Para conservar baja observabilidad, la plataforma requiere armas aptas para bodega interna, con volumen y masa compatibles y sin elementos externos que aumenten la señal radar. En el extremo de esa exigencia aparecen los ataques contra objetivos enterrados, que demandan una penetradora pesada y precisión repetible. Ahí surge la diferencia central: en el inventario chino no se identifica un equivalente funcional de la GBU-57.
B-2 Spirit y GBU-57: la referencia para blancos muy enterrados duros
Estados Unidos construyó 21 B-2 Spirit, con un coste unitario aproximado de$2.100 millones, y definió su empleo para penetrar defensas antiaéreas y soltar municiones desde bodegas internas. Esa elección preserva una firma furtiva baja durante la fase de ataque. El conjunto de prestaciones incluye un radio de acción superior a 6.000 millas náuticas sin reabastecimiento, capacidad de repostaje en vuelo y una carga útil que supera las 40.000 libras.
La capacidad del B-2 alcanza su punto más exigente con la GBU-57A/B Massive Ordnance Penetrator, una munición guiada de 30.000 libras orientada a blancos endurecidos. Su razón de ser consiste en atravesar hormigón y roca antes de detonar, con precisión suficiente para repetir impactos sobre un mismo punto de entrada. Ese modo de empleo convierte a la plataforma en parte de un sistema de ataque contra instalaciones profundas, no solo en un avión de baja observabilidad.

Los datos públicos sobre la MOP permiten dimensionar el reto. Se citan 20,5 pies de longitud, guiado por GPS y una capacidad anunciada de penetración superior a 200 pies a través de hormigón endurecido. Esa masa y ese tamaño exigen un compartimento largo, puntos de suspensión reforzados y programas de liberación específicos. Como consecuencia, el número de bombas por salida se reduce y la misión se reserva para blancos de máximo valor.
Estados Unidos asumió el coste de integración y lo respaldó con pruebas. La Fuerza Aérea evaluó un B-2 con dos GBU-57A/B, una configuración que lleva al límite la carga útil del sistema. Además, en 2024 Washington preparó una ampliación de instalaciones con el fin de aumentar la producción mensual de esa munición. La señal es clara: la MOP deja de ser un recurso escaso y pasa a una capacidad que busca continuidad industrial.
Datos comparativos que explican la brecha entre plataforma y munición
- Estados Unidos construyó 21 B-2 Spirit y estimó un coste unitario cercano a$2.100 millones.
- El B-2 combina bodega interna, radio de acción superior a 6.000 millas náuticas y carga útil por encima de 40.000 libras, con opción de repostaje en vuelo.
- La GBU-57A/B MOP pesa 30.000 libras, mide 20,5 pies y se asocia a una penetración anunciada superior a 200 pies en hormigón endurecido.
- La integración de la MOP incluye pruebas con dos bombas en un B-2 y un esfuerzo industrial que en 2024 buscó elevar la producción mensual.
- Para el H-20 se cita un alcance superior a 10.000 kilómetros y un diseño furtivo, pero no se observa una penetradora pesada equivalente en el inventario chino público.
H-6 y doctrina de misiles: proyección china sin penetración profunda
Hoy, el núcleo del bombardeo chino depende de la familia H-6, derivada de un diseño soviético y modernizada en varias versiones. Estas aeronaves cargan, según la variante, misiles antibuque y misiles de ataque a tierra de largo alcance. Algunos modelos admiten reabastecimiento en vuelo, lo que amplía rutas y ventanas de presencia sobre el Pacífico occidental. En ejercicios cerca de Taiwán, la isla identificó formaciones de H-6 con perfiles de ataque simulado.
Ese patrón también aparece en el despliegue geográfico. En mayo de 2025, imágenes satelitales mostraron H-6 en Woody Island, en las Paracel, lo que adelanta pistas y apoyo logístico dentro del mar de China Meridional. La presencia no convierte a esos aparatos en bombarderos furtivos, pero sí amplía su alcance práctico y refuerza la lógica de presión regional. Bases avanzadas, vuelos demostrativos y opciones de lanzamiento a distancia definen el marco operativo actual.

En paralelo, China articuló buena parte de su ataque de largo alcance alrededor de misiles lanzados desde plataformas no furtivas. En ese esquema, el H-6 actúa como portamisiles y opera desde zonas donde la cobertura de defensas y cazas reduce el riesgo. Un misil de crucero permite golpear sin entrar en espacios densos, y el volumen de salvas compensa límites de penetración. Ese enfoque prioriza infraestructura, mando, radares y pistas frente a objetivos subterráneos profundos.
Si el H-20 llega con el alcance y el perfil furtivo descritos, obligará a planificar defensas en profundidad y no solo perímetros costeros. La ausencia de una penetradora comparable a la MOP limita la misión contra complejos enterrados. Sin una bomba pesada, el empleo convencional tenderá hacia misiles internos o municiones de menor masa, lo que exige más salidas para lograr efectos similares. Así, la comparación con el B-2 pasa del diseño al blanco alcanzable.
