El MiG-23 nació para superar las limitaciones del MiG-21 frente al Phantom, pero su diseño nunca logró igualar la versatilidad del caza estadounidense.
El MiG-23 nació para resolver las limitaciones que dejaba el MiG-21
El problema que dio origen al MiG-23 no era alcanzar una velocidad mayor que la del F-4 Phantom II. La aviación soviética necesitaba sustituir al MiG-21 por un caza capaz de combatir con radar más allá del alcance visual, operar con mayor autonomía y utilizar aeródromos menos exigentes sin renunciar al vuelo supersónico. El MiG-21 era pequeño, rápido y maniobrable, pero sus primeras variantes tenían alcance reducido, aviónica limitada y una capacidad de armamento inferior a la de los cazas occidentales de mayor tamaño.
El Phantom planteaba una dificultad diferente. Había nacido como interceptor embarcado todo tiempo, disponía de dos tripulantes y dos motores, y podía combinar radar, misiles de alcance medio y armamento de corto alcance en una misma salida. El MiG-23 debía reducir esa diferencia sin convertirse en un avión del tamaño y la complejidad del F-4. La solución soviética combinó un solo motor de elevado empuje con un ala de geometría variable que permitía modificar la configuración del avión según las condiciones de vuelo.
El piloto podía seleccionar posiciones de 16, 45 y 72 grados de flecha. La configuración menos retrasada favorecía el despegue y el aterrizaje, mientras que las posiciones de mayor flecha reducían la resistencia durante el vuelo supersónico. El tren de aterrizaje también respondía al requisito de utilizar pistas relativamente cortas y bases dispersas. Frente al ala delta fija del MiG-21, el sistema permitía adaptar físicamente el avión a condiciones muy distintas, aunque añadía masa, mecanismos móviles y otra variable que el piloto debía administrar.
El MiG-23MS, equipado con un Tumansky R-29-300 de aproximadamente £27 500 de empuje, podía alcanzar alrededor de Mach 2,4 en condiciones adecuadas. La cifra superaba la velocidad máxima publicada para varias versiones del Phantom, pero no definía por sí sola la eficacia del sistema de combate. La mejora decisiva respecto del MiG-21 estaba en la interceptación: el MiG-23 incorporó radar frontal y misiles de alcance medio que permitían atacar desde el hemisferio delantero sin depender exclusivamente de una aproximación posterior con armamento infrarrojo.
Datos técnicos que definieron la configuración inicial del MiG-23
- El ala podía adoptar posiciones de 16, 45 y 72 grados de flecha.
- El MiG-23MS podía alcanzar aproximadamente Mach 2,4.
- El Tumansky R-29-300 proporcionaba unas £27 500 de empuje.
- El MiG-23MF podía operar entre unos 50 metros y 24 kilómetros de altitud.
- Su radar permitía detectar blancos contra el fondo terrestre.
Radar y misiles acercaron al Flogger al modelo de combate del Phantom

El MiG-23MF podía operar desde unos 50 metros hasta aproximadamente 24 kilómetros de altitud y su radar proporcionaba capacidad para detectar blancos contra el fondo terrestre. Esta función era importante contra aeronaves que penetraban a baja cota, donde el retorno del terreno complicaba la detección. Durante la década de 1970, estas prestaciones situaron al MiG-23 como sustituto progresivo de interceptores MiG-21 dentro de unidades del Pacto de Varsovia y ampliaron de forma apreciable las posibilidades de interceptación de la aviación táctica soviética.
El Phantom había llegado antes a ese modelo de combate. Desde su concepción naval, el F-4 fue diseñado alrededor de un radar de interceptación, una tripulación de dos hombres y el misil AIM-7 Sparrow como arma principal de alcance medio. Una configuración habitual del F-4C podía incluir cuatro AIM-7 y cuatro AIM-9, mientras el avión conservaba una carga externa máxima de unas £16 000 para misiones de ataque. Esa combinación permitía integrar combate aéreo y ataque dentro de la misma familia de aeronaves.
El segundo tripulante podía concentrarse en el radar y en la gestión del sistema de armas mientras el piloto mantenía el control de una aeronave pesada y rápida. El MiG-23 reducía tamaño y número de motores, pero trasladaba todas las funciones de vuelo, interceptación y empleo de armas a un solo piloto. Esa diferencia no hacía automáticamente superior al Phantom, aunque sí condicionaba la carga de trabajo durante una interceptación compleja y separaba las soluciones adoptadas por ambos diseños para resolver tareas semejantes.
El F-4 tampoco estaba libre de deficiencias. La experiencia sobre Vietnam mostró una baja eficacia inicial de los misiles aire-aire y obligó a combatir con frecuencia a velocidades subsónicas contra MiG-17 y MiG-21 capaces de realizar virajes más cerrados. Las primeras variantes estadounidenses carecían además de cañón interno. El F-4E corrigió parte de esas limitaciones con un M61A1 de 20 milímetros, motores J79-GE-17 más potentes y posteriores modificaciones aerodinámicas destinadas a mejorar la maniobrabilidad.
La aceleración favorecía al MiG-23, pero el viraje sostenido lo limitaba

Las modificaciones del Phantom no resolvieron por sí solas las deficiencias observadas en combate. La formación aire-aire estadounidense también evolucionó después de Vietnam, y programas especializados comenzaron a entrenar a las tripulaciones contra aeronaves soviéticas reales y contra tácticas que reproducían su empleo. Esa evolución alteró las condiciones bajo las cuales debían compararse ambos cazas, porque el rendimiento de una plataforma dependía también de la preparación de quienes empleaban sus sensores, armas y posibilidades cinemáticas.
El MiG-23 ofrecía una combinación diferente de ventajas. Los ejemplares operados por Estados Unidos durante Constant Peg demostraron una aceleración elevada y una capacidad de separación rápida que obligaba al adversario a respetar su energía. No era un MiG-21 ampliado. Su motor y su configuración estaban orientados a acelerar, atacar y conservar velocidad. La contrapartida aparecía cuando el combate se prolongaba en virajes cerrados, donde las cualidades que favorecían su velocidad dejaban de ofrecer la misma ventaja.
Los pilotos estadounidenses que volaron el Flogger describieron un avión difícil y menos favorable en combate sostenido que los MiG-17 y MiG-21. Esa experiencia debe interpretarse con cautela porque los aparatos disponibles en Constant Peg no representaban todas las variantes soviéticas. Aun así, confirmó que la principal ventaja cinemática del MiG-23 estaba en la velocidad y la aceleración, no en competir con cazas más ágiles dentro de un viraje continuo. El avión respondía mejor a un combate breve y energético que a una maniobra prolongada.
La comparación se vuelve más problemática cuando intervienen las versiones de exportación. El MiG-23MS suministrado a varios clientes extranjeros utilizaba un radar menos capaz que el de las versiones soviéticas y tenía un radomo menor. No podía tomarse como equivalente directo de un MiG-23M, MF o de las variantes posteriores. La evolución soviética produjo modelos con mejor radar, armamento y características aerodinámicas, hasta llegar al MiG-23MLD, desarrollado a partir del MiG-23ML.
Las variantes y las misiones separaron cada vez más a ambos cazas

Los resultados obtenidos por operadores extranjeros con Flogger degradados no permiten medir por sí solos el potencial de toda la familia. La diferencia entre variantes también afectaba al Phantom. Los F-4C, F-4D, F-4E, F-4J y F-4S incorporaron equipos y modificaciones distintas a lo largo de más de dos décadas. Comparar un MiG-23MS con una versión avanzada del Phantom, o tratar todos los F-4 como una configuración uniforme, elimina diferencias técnicas que influyen directamente en sensores, armas, maniobrabilidad y empleo operativo.
El MiG-23 tuvo más dificultades para desplazar al Phantom como referencia en la amplitud de funciones. El F-4 podía realizar defensa antiaérea, escolta, ataque convencional, reconocimiento y, en variantes especializadas, supresión de defensas antiaéreas. Su célula admitió sucesivas modificaciones de radar, electrónica, motores y alas. Estados Unidos produjo más de 5.000 Phantom y el aparato sirvió en la Fuerza Aérea, la Armada y el Cuerpo de Marines, además de numerosos operadores extranjeros.
La familia MiG-23 también superó las 5.000 unidades, pero la Unión Soviética terminó separando parte de las funciones de ataque en derivados como el MiG-27. El MiG-23 permaneció principalmente asociado al combate aire-aire y a la interceptación, con capacidad secundaria de ataque en varias versiones. Esa diferencia ayuda a explicar por qué una comparación limitada al Mach máximo deja fuera una parte importante del problema. El Flogger podía ser más rápido y, en determinadas configuraciones, acelerar con mayor rapidez, pero esas ventajas no cubrían todas las tareas del Phantom.
El MiG-23 introdujo en la aviación táctica soviética una capacidad de interceptación frontal y de detección a baja altura que el MiG-21 no ofrecía en el mismo grado. El Phantom, sin embargo, combinaba radar, ocho misiles aire-aire en configuraciones habituales, dos tripulantes, dos motores y una carga externa que permitía pasar del combate aéreo al ataque sin cambiar de familia de aeronaves. Las versiones posteriores corrigieron además parte de sus deficiencias de maniobrabilidad y conservaron una arquitectura adaptable a nuevos equipos durante décadas.
El MiG-23 mejoró hasta que una nueva generación ocupó su lugar

El MiG-23 redujo varias ventajas técnicas del F-4, pero no alcanzó una superioridad general que pudiera medirse del mismo modo en sensores, autonomía, carga, flexibilidad y combate maniobrado. Su evolución final siguió corrigiendo limitaciones. El MiG-23MLD incorporó mejoras aerodinámicas, aviónicas y de armamento sobre el MiG-23ML, mientras otras variantes recibieron radares con mejores prestaciones contra blancos a baja altura. La familia había avanzado mucho respecto del sustituto del MiG-21 planteado en su origen.
El programa terminó produciendo un interceptor capaz de atacar desde el hemisferio delantero, operar a gran velocidad y cubrir una envolvente de altitudes mucho mayor. Sin embargo, cuando esas mejoras alcanzaron su madurez, la referencia tecnológica soviética ya se desplazaba hacia el MiG-29 y el Su-27, diseñados con otra combinación de maniobrabilidad, sensores y armamento. El MiG-23 ocupó así una etapa intermedia entre los cazas ligeros de generaciones anteriores y las plataformas soviéticas desarrolladas posteriormente para un combate aéreo más exigente.
El Flogger amplió las posibilidades de la aviación soviética de los años setenta y ochenta, pero el Phantom mantuvo una combinación más amplia de funciones y continuó operando mediante sucesivas modernizaciones y versiones especializadas. Ambos diseños acabaron superados por una generación posterior de cazas, aunque llegaron a ese punto por caminos distintos. El MiG-23 cerró parte de la distancia técnica que separaba al MiG-21 del F-4, pero no reunió en una sola plataforma el mismo equilibrio entre sensores, carga, autonomía, flexibilidad y empleo operativo.










