La base de Arizona combina escuadrones, simuladores y socios aliados para formar pilotos del F-35A con preparación común para combate de alta intensidad.
La transición de Luke del F-16 al entrenamiento global del F-35A
La exhibición aérea “Luke Days” de 2026 reunió en la pista una amplia flota de aeronaves y atrajo a numerosos visitantes. El principal atractivo, sin embargo, fue la oportunidad de observar de cerca el trabajo del 56.ª Ala de Caza. La estancia en la base permitió acceder, de forma poco habitual, a una visión directa de cómo esta unidad organiza sus operaciones diarias y sostiene una misión de entrenamiento que ha cambiado de manera profunda durante los últimos años.
Durante décadas, la Base Aérea de Luke estuvo estrechamente vinculada al entrenamiento a gran escala de pilotos de F-16. Esa misión cambió con la llegada del F-35A Lightning II, iniciada a mediados de la década de 2010. La transición no se limitó a reemplazar un avión por otro, sino que exigió revisar la infraestructura, el programa de instrucción y la preparación de los alumnos para una plataforma de quinta generación.
La llegada del F-35A no eliminó las competencias tradicionales asociadas al combate aéreo, pero trasladó parte del énfasis hacia la gestión de información, la fusión de sensores y la comprensión global del entorno operativo. Como el software del avión y las amenazas modernas evolucionan de forma constante, el plan de estudios de Luke mantiene un alto grado de flexibilidad para adaptarse a ese ritmo técnico y operativo.

Desde 1941, Luke ha formado a más de 61.000 pilotos militares. Esa influencia se ha ampliado con su papel como principal centro de entrenamiento del F-35A Lightning II, donde se prepara aproximadamente el 75 % de los pilotos de F-35 del mundo. La escuela tiene además un marcado carácter internacional, ya que reúne en Phoenix, Arizona, a socios como Bélgica, Dinamarca, Italia, los Países Bajos y Noruega, que entrenan junto a las tripulaciones estadounidenses.
Escuadrones y socios integrados en el entrenamiento del F-35A
- El 61.º Escuadrón de Caza fue el primer escuadrón de F-35 en Luke.
- Noruega e Italia entrenan con el 62.º Escuadrón de Caza “Spikes”.
- Los Países Bajos y Dinamarca se integran en el 308.º Escuadrón de Caza.
- Bélgica cuenta con el 312.º Escuadrón de Caza como unidad de conversión al F-35A.
- Singapur mantiene en Luke entrenamiento de pilotos de F-16C/D Bloque 52.
La estructura del 56.ª Ala de Caza sostiene una misión aliada
La dimensión de esta misión se aprecia con mayor claridad al observar la estructura actual del 56.ª Ala de Caza y la evolución de Luke para sostener una de las organizaciones de entrenamiento del F-35 más grandes del mundo. El ala depende directamente de la 19.ª Fuerza Aérea, un mando subordinado al Comando de Educación y Entrenamiento Aéreo, aunque el Departamento de la Fuerza Aérea reasigna actualmente las Unidades de Entrenamiento Formal al Comando de Combate Aéreo.

En la Base Aérea de Luke, el 56.ª Ala de Caza alberga siete escuadrones activos de entrenamiento del F-35A Lightning II y un escuadrón de F-16C/D dedicado a la formación de pilotos de la Fuerza Aérea de la República de Singapur. Entre las unidades de F-35 figuran los “Top Dogs”, “Spikes”, “Panthers”, “Emerald Knights”, “Wild Ducks”, “Top Hats” y “Scorpions”, con participación estadounidense y aliada según cada escuadrón.
La expansión de la misión de entrenamiento del F-35 en Luke no se limitó al aumento de aeronaves y escuadrones. Según el plan de transición “Flying Forward” de 2024 del 56.ª Ala de Caza, la base proyectó lo que se esperaba que fuera la mayor operación de simuladores del F-35 del mundo, con 32 equipos destinados a apoyar las actividades de instrucción.
La ampliación de esa capacidad muestra el peso creciente del entrenamiento sintético en el entorno de quinta generación. El comandante Shaun Lovett, jefe de Sistemas de Entrenamiento del 56.º Escuadrón de Entrenamiento, indicó que los simuladores de ensayo de misiones modificados adicionales ofrecerían capacidad suficiente para reproducir escenarios con entre cuatro y doce F-35, junto a participantes simulados de países aliados y de otras fuerzas armadas.
Esta capacidad permite exponer a los alumnos a conjuntos de misión complejos y a entornos de entrenamiento integrados que serían difíciles de replicar únicamente mediante vuelos reales. La integración de aeronaves, simuladores, instructores, personal de mantenimiento, países socios e infraestructura de apoyo resume el principal desafío del 56.ª Ala de Caza: operar como un sistema de formación cohesionado para preparar pilotos de F-35 listos para el combate.
La formación del F-35A exige adaptación técnica permanente

Para entender mejor cómo el 56.ª Ala de Caza aborda su misión, The Aviationist entrevistó al general de brigada David Berkland, comandante de la unidad. Antes de asumir ese cargo, Berkland sirvió como piloto instructor de F-16 y oficial de armamento, y voló misiones de combate en las operaciones SOUTHERN WATCH, NORTHERN WATCH, IRAQI FREEDOM y FREEDOM’S SENTINEL.
Berkland también ha ejercido el mando a nivel de escuadrón, grupo y ala, además de impartir formación en la Escuela de Armas de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Acumula más de 3.800 horas de vuelo y 930 horas de combate. Durante la entrevista, habló sobre las filosofías de entrenamiento actuales, la interoperabilidad con aliados y la necesidad de que la misión de formación del F-35 evolucione al mismo ritmo que la guerra digital.
Al referirse a la evolución del F-16 al F-35, Berkland señaló que la mentalidad de la unidad avanza junto con estas plataformas. Según explicó, Luke se ha adaptado bien a las capacidades de quinta generación y ha mantenido una actitud agresiva, orientada a resolver problemas y heredera del estilo “Wild Weasel”, aplicada directamente al F-35. La dedicación de los aviadores sostiene esa mentalidad y crea un espíritu guerrero en toda la base.

Desde el punto de vista operativo, Berkland describió el proceso como una evolución en marcha, porque la amenaza sigue avanzando y obliga a perfeccionar de manera constante el programa de formación y los entornos de simulación. Aun así, afirmó que Luke está plenamente preparada para apoyar operaciones de combate y que forma pilotos de escuadrón innovadores y adaptables, capaces de dominar los combates del futuro.
El cambio filosófico frente al F-16 es significativo. En ese avión, los pilotos dedicaban buena parte de su esfuerzo a gestionar sensores para detectar amenazas. En el F-35, la aeronave asume la parte más pesada de ese trabajo, presenta el espacio de combate y libera al piloto para tomar decisiones tácticas de alto nivel. La primera salida de un alumno en una misión SEAD lo enfrenta a un sistema antiaéreo denso e integrado para poner a prueba su gestión de información digital.
Ese enfoque inculca una cultura de autonomía integrada. Berkland explicó que el apoyo mutuo no ha desaparecido, sino que ha evolucionado. La unidad combate como un equipo altamente coordinado y disperso, con una mentalidad de campeonato orientada a alcanzar la excelencia, maximizar la letalidad y superar en maniobrabilidad a cualquier adversario. Los F-35 utilizados en Luke son idénticos a los de la flota operativa en configuraciones de software y hardware.
La interoperabilidad aliada define el modelo de entrenamiento común
Entrenar con la configuración actual de la flota es esencial para el modelo de Luke. Berkland señaló que tanto los pilotos estadounidenses como los socios internacionales que entrenan e instruyen junto a la unidad deben operar los mismos sistemas avanzados que utilizarán en un entorno de combate de alto nivel. Esa coincidencia permite garantizar interoperabilidad y ofrecer a Estados Unidos y a sus aliados una ventaja decisiva.

El comandante del 56.ª Ala de Caza también afirmó que el entrenamiento permanece en un proceso continuo de perfeccionamiento activo. El F-35 es una plataforma dinámica y el entorno global de amenazas cambia constantemente. Por eso, la unidad actualiza sus tácticas, técnicas y procedimientos según el entorno operativo real. A medida que el caza incorpora nuevo software y nuevas capacidades, la instrucción se moderniza para adaptarse.
La organización del entrenamiento dentro del ala está completamente estandarizada. Luke no divide sus escuadrones por fases concretas del programa. Cada piloto completa todo su itinerario de formación, desde la primera clase teórica hasta el vuelo final de evaluación, dentro del escuadrón asignado. Todos los escuadrones siguen el mismo programa, actualizado de manera continua para construir una fuerza cohesionada e interoperable.
Según Berkland, esa estandarización permite que un piloto estadounidense o aliado alcance exactamente el mismo nivel de preparación para el combate. La presencia integrada de instructores aliados y pilotos en formación significa que las tripulaciones confían sus vidas unas a otras. Esa confianza incrementa la letalidad del equipo desde la primera noche de operaciones de combate a gran escala y aporta una ventaja fundamental cuando surge una crisis.

Cuando esos pilotos vuelvan a encontrarse en el campo de batalla, no será la primera vez que vuelen juntos. Ya piensan, se comunican, vuelan y combaten de la misma manera. Al entrenarse como una fuerza unificada, Luke busca que la coalición funcione como un equipo letal y cohesionado, preparado para proporcionar a sus países una ventaja decisiva y ganar la batalla del mañana.
Berkland destacó además dos aspectos que suelen malinterpretarse del entrenamiento del F-35. El primero es creer que la formación se reduce a una salida de 90 minutos para volar rápido y soportar fuerzas G. Cada misión exige horas de planificación antes de subir al caza y horas de análisis posteriores para revisar cada movimiento de la formación. El segundo es la magnitud del trabajo en tierra: se necesita a toda el ala para que los cazas despeguen.