Desarrollado para suceder al MiG-21 y enfrentar al F-4, el MiG-23 entró en servicio masivo, aunque sus resultados operativos no cumplieron las expectativas.
Origen del MiG-23 y comparación con el F-4 Phantom como rival directo
El MiG-23, caza soviético de ala de geometría variable concebido a mediados de los sesenta para suceder al MiG-21 y enfrentar a cazas de su generación, entró en servicio a comienzos de los setenta. La producción llegó a unas cinco mil unidades para la Unión Soviética y aliados. Sin embargo, el empleo en Oriente Medio, Afganistán, África y el golfo Pérsico y posteriores evaluaciones reforzaron la idea de que no igualó al F-4 Phantom II.
El F-4 Phantom II, bimotor y biplaza, apto para intercepción y bombardeo táctico, voló por primera vez en 1958 y entró en servicio con la Marina estadounidense en 1960, después con la Fuerza Aérea y el Cuerpo de Marines. Entre 1958 y 1981 se construyeron 5.195 unidades. Su peso máximo al despegue rondó las veintisiete toneladas, llevó más de ocho mil kilos de armamento y superó Mach 2,2. Se exportó a muchos aliados.
El Estado Mayor soviético y la oficina Mikoyan-Gurevich definieron un sustituto del MiG-21 con más alcance, radar de búsqueda más potente, misiles aire-aire de medio alcance y mejor capacidad de operación desde pistas cortas, sin perder aptitud de maniobra. Como respuesta, entre 1964 y 1966 surgió el MiG-23, monomotor y relativamente ligero, con ala de flecha variable, radar apto para detección a baja cota y misiles de alcance más allá del alcance visual.

El prototipo voló por primera vez en 1967 y las primeras unidades operativas llegaron a los regimientos soviéticos a comienzos de los setenta, con el F-4 ya extendido en Europa, Asia y Oriente Medio. En la aviación soviética, el MiG-23 representó un salto en alcance, sensores y armamento de medio alcance respecto del MiG-21, con la promesa de competir con plataformas polivalentes occidentales como el Phantom II y mejor operación desde pistas cortas.
Datos clave de desarrollo y primeras capacidades del MiG-23
- Ala de flecha variable con posiciones de 16, 45 y 72 grados.
- Motor Tumanski R-29/R-35 con empuje cercano a 28.000 libras con poscombustión.
- Velocidad máxima próxima a Mach 2,35 a gran altitud.
- Radar Sapfir-23 con detección a baja cota y sistema infrarrojo integrado.
- Cañón bitubo GSh-23L de 23 milímetros como armamento interno.
Doctrina operativa y diferencias esenciales frente al F-4 Phantom
La filosofía de empleo del MiG-23 priorizó la intercepción de defensa puntual dentro de redes de control desde tierra, con despegues rápidos, ascensos a alta velocidad y enfrentamientos bajo guiado externo. Por contraste, el F-4 nació como plataforma polivalente apta para patrullas prolongadas, grandes cargas de bombas y operaciones navales. Con velocidad comparable, el Phantom reunió dos motores, mayor superficie alar y más puntos externos, mientras el MiG-23 ofreció ala de flecha variable y buena aceleración.
La producción del MiG-23 y de sus derivados abarcó desde finales de los sesenta hasta mediados de los ochenta. Se construyeron más de cuatro mil aparatos de la familia MiG-23/MiG-27 en fábricas soviéticas y, al sumar variantes, diversas estimaciones situaron el total por encima de cinco mil unidades. El modelo equipó regimientos soviéticos y pasó a países del Pacto de Varsovia y a aliados de Moscú en Oriente Medio, África y Asia.

Las primeras series, conocidas en Occidente como Flogger B y Flogger E, presentaron radares y equipos inmaduros. Las variantes de exportación iniciales, como los MiG-23MS y MiG-23MF, salieron con radar simplificado y sin toda la panoplia de misiles de medio alcance de los regimientos soviéticos. A mediados de los setenta llegaron mejoras de aviónica y célula, paso previo a líneas modernizadas que buscaron elevar prestaciones, robustez estructural y guerra electrónica.
Entre finales de los setenta y comienzos de los ochenta aparecieron los MiG-23ML y MLD, más ligeros, con alas rediseñadas, límites de carga superiores y sistemas actualizados. El MLD ofreció un límite de +8,5 g, razón máxima de ascenso próxima a 225 metros por segundo y relación empuje-peso cercana a 0,88. Con esos valores, igualó o superó al F-4E en rendimiento puro, aunque quedó detrás del F-15C y del F-16A.
Historial del F-4 Phantom y respuesta inicial de flotas MiG-23 en guerra
En Vietnam, las versiones del Phantom de la Fuerza Aérea y de la Marina de Estados Unidos acumularon más de un centenar de derribos de aviones norvietnamitas tras revisar doctrina y armamento aire-aire. Más tarde, los Phantom israelíes actuaron en 1973 y en 1982 en Líbano, con ataques a defensas antiaéreas y combates contra MiG sirios. Otros operadores, como Irán, usaron el modelo durante la guerra con Irak. También lo exportaron varios aliados.
El MiG-23 inició su carrera de combate en fuerzas árabes durante la segunda mitad de los setenta. Siria, Egipto, Irak y Libia recibieron, sobre todo, variantes de exportación con aviónica reducida, mientras Israel ya operaba F-4 y, poco después, F-15 y F-16. En 1982, en el Líbano y el valle de la Bekaa, Israel combinó F-15 y F-16 para superioridad, F-4 para ataques antiaéreos y E-2C para coordinación. El dispositivo integró MiG-21 y MiG-23.

Durante esas operaciones, Israel destruyó diecinueve baterías de misiles en el valle de la Bekaa en pocas horas y, en los combates aire-aire asociados, declaró ochenta y dos derribos de aparatos sirios sin pérdidas propias en combate aéreo. La mayoría correspondió a MiG-21 y MiG-23. Aquellos resultados influyeron de forma directa en la percepción internacional del desempeño del modelo en ese teatro. También reforzaron la imagen de vulnerabilidad frente a cazas occidentales.
En el Mediterráneo central y en el golfo de Sidra, enfrentamientos adicionales terminaron con MiG-23 libios derribados por cazas estadounidenses. Recuentos posteriores de pérdidas y victorias atribuyeron a los MiG-23 árabes un número muy limitado de derribos confirmados frente a decenas de aparatos perdidos por fuego enemigo. Como consecuencia, se consolidó la idea de vulnerabilidad del tipo frente a F-15, F-16 y F-14, y también frente a F-4, en varios escenarios regionales.
Guerra Irán-Irak, Tormenta del Desierto y escenarios periféricos claves
En la guerra entre Irán e Irak, el MiG-23 actuó en ataque e intercepción. Irak recibió MiG-23BN de ataque y MiG-23MF/ML de caza, mientras Irán empleó F-4, F-5 y F-14 adquiridos antes de la Revolución. Estudios basados en documentación iraquí señalan varias decenas de pérdidas de MiG-23 y, a la vez, derribos frente a aparatos iraníes, incluidos F-4 y un F-14 en incidentes concretos con misiles R-24. Se registró una emboscada fallida.
La guerra del Golfo de 1991 confirmó la asimetría entre los MiG-23 iraquíes y los cazas occidentales más modernos. Antes de la operación Tormenta del Desierto, Irak disponía de más de un centenar de MiG-23 de varias variantes. Durante la campaña, F-15 estadounidenses derribaron varios MiG-23 en combates más allá del alcance visual. Datos del Museo Nacional de la Fuerza Aérea señalan cuarenta cazas iraquíes destruidos sin pérdidas propias en combate aéreo.

En Afganistán, el MiG-23 cumplió funciones de ataque y apoyo cercano. Las fuerzas soviéticas iniciaron la intervención con MiG-21 y Su-17, y más tarde introdujeron MiG-23 y Su-24 para aumentar carga útil y mejorar precisión de bombardeo en un entorno montañoso y con meteorología compleja. Desde 1980, la sustitución del MiG-21 por MiG-23 aportó mejoras, aunque la amenaza de misiles portátiles y artillería ligera impuso perfiles. El caza actuó como bombardero táctico de velocidad elevada.
En el sur de África, MiG-23 tripulados por cubanos y angoleños se enfrentaron a Mirage F1 sudafricanos durante la guerra en Angola. Sobre el papel, los MiG-23 mostraron mejor radar, misiles de mayor alcance y mejor aceleración, mientras las tripulaciones sudafricanas aplicaron experiencia táctica y gestión de medios para evitar combates desfavorables. En ese escenario, el MiG-23 actuó como interceptor y como avión de ataque y registró pérdidas por misiles portátiles y artillería antiaérea.
Evaluaciones, comparación final con el Phantom y situación actual
La reputación técnica del MiG-23 quedó condicionada por problemas de las primeras series y de modelos de exportación. Pilotos de pruebas y análisis posteriores describieron inestabilidad en guiñada a altos ángulos de ataque, dificultades en aterrizajes con mal tiempo y una planta motriz R-29 propensa al sobrecalentamiento y con vida útil reducida. Frente al MiG-21, el nuevo caza exigió más horas de trabajo por hora de vuelo y adiestramiento más intenso.
Algunos estudios mencionaron tasas de accidentes superiores a las de otros cazas soviéticos contemporáneos, en especial en fuerzas aéreas del Pacto de Varsovia y de países en desarrollo. También recibieron críticas el diseño del sistema de combustible y diversos aspectos de mantenimiento, más tarde refinados en variantes posteriores. Estas circunstancias complicaron la adopción del MiG-23 por operadores con recursos limitados y plantillas con entrenamiento escaso, frente a exigencias logísticas y técnicas más altas.

A la vez, evaluaciones occidentales de MiG-23 de tercera generación destacaron aceleración y potencia en régimen supersónico. Manuales derivados de esos estudios señalaron que, con misiles R-24 y R-60 modernizados y condiciones adecuadas, las versiones avanzadas podían sostener un combate a distancia equilibrado frente a F-4E. Frente al F-15A, permanecieron en desventaja salvo en ataques coordinados y por sorpresa, con un único pase y ruptura inmediata de contacto, para evitar duelos cerrados de maniobra.
Al comparar trayectoria operativa, aceptación y permanencia, el F-4 mantuvo presencia de primera línea hasta los noventa, con modernizaciones sucesivas. En cambio, el MiG-23 perdió relevancia en la Unión Soviética por la entrada de MiG-29 y Su-27; en Rusia, MiG-23 y MiG-27 se retiraron de forma progresiva. Publicaciones de la década de 2020 lo clasificaron entre los programas más decepcionantes. Hoy solo pocos países lo mantienen, mientras algunos F-4 aún vuelan.
