La Marina de Estados Unidos afronta un problema de mantenimiento en los F/A-18 Super Hornet y EA-18G Growler: varios componentes del procesador AN/AYK-22 han dejado de fabricarse y ya no es posible prestar soporte a la unidad en su configuración actual. Para mantener operativo este equipo, la institución pretende encargar a Boeing el diseño de piezas sustitutas y su correspondiente calificación técnica.
La dificultad afecta a un sistema directamente relacionado con el empleo de las cargas que transportan ambos aviones. El AN/AYK-22 es el procesador de gestión de armamento y cargas externas, situado funcionalmente entre la computadora de misión y los equipos instalados en los puntos de anclaje. Su intervención permite identificar lo que lleva la aeronave, administrar la selección de armamento y transmitir las órdenes necesarias para su lanzamiento o liberación. También interviene en la gestión de elementos externos como tanques de combustible y cápsulas.
La oficina PMA-265, responsable de los programas Super Hornet y Growler, expuso la necesidad en un aviso fechado el 9 de octubre. Su intención es recurrir a un acuerdo básico de pedidos ya existente con Boeing para desarrollar y calificar los repuestos del AN/AYK-22. La documentación no precisa el importe de esa posible orden, la cantidad de procesadores afectados ni una fecha de conclusión de los trabajos.

El origen del problema es la desaparición de fuentes de suministro de componentes electrónicos esenciales. En la terminología de adquisiciones militares estadounidenses, esta situación corresponde a la disminución de fuentes de fabricación y escasez de materiales. Aparece cuando los fabricantes abandonan la producción de piezas que todavía necesitan los sistemas antiguos, aunque las aeronaves que las utilizan permanezcan en servicio.
La intención de contratar directamente con Boeing no impide que otras empresas presenten sus capacidades. La Marina abrió una consulta al mercado y fijó el 28 de octubre como fecha límite para las respuestas. Cada interesado debe remitir una declaración de una página que acredite experiencia en localización y calificación de componentes electrónicos obsoletos destinados a aeronaves militares, acceso a la información técnica necesaria y certificaciones de calidad.
La convocatoria también solicita listas de precios publicadas, plazos de entrega y existencias disponibles de productos que puedan cubrir esa necesidad. Con esos datos, la Marina podrá determinar si existen proveedores alternativos capaces de asumir el trabajo, pese a que su propósito inicial sea adjudicarlo a Boeing sin un concurso competitivo.

Este esfuerzo de sostenimiento coincide con la etapa final de fabricación de los aviones. Boeing prevé entregar en 2027 los últimos Super Hornet nuevos desde su línea de St. Louis, después del pedido definitivo de 17 aparatos realizado por la Marina en 2024. La compañía ya no fabrica el EA-18G Growler. El cierre de la producción no equivale, sin embargo, al retiro inmediato de las flotas existentes.
De hecho, Boeing continúa con el programa de modificación de vida útil de los Super Hornet. Los aparatos más antiguos reciben mejoras para alcanzar la configuración Block III y ampliar su vida útil hasta las 10.000 horas de vuelo. La previsión es que esta actividad se prolongue hasta mediados de la década de 2030, lo que obliga a conservar la disponibilidad de equipos como el procesador de gestión de armamento.
En septiembre, la Marina asignó a Boeing $16 700 000 para preparar el cierre de las dos líneas de producción. Esa labor comprende un inventario de herramientas que pertenecen al Gobierno estadounidense. El mismo día, la compañía fue elegida para desarrollar el F/A-XX, el futuro caza embarcado con el que se pretende sustituir tanto al Super Hornet como al Growler.
Por ahora, el procedimiento relativo al AN/AYK-22 se limita a identificar quién puede diseñar y calificar los componentes necesarios para mantenerlo. No se ha anunciado el coste definitivo ni el calendario de sustitución de las piezas obsoletas.










