Bombarderos B-2 de EE. UU. con escolta F-22 penetraron espacio aéreo iraní tras un complejo despliegue aéreo desde territorio estadounidense confirmado por el Pentágono.
Martillo de Medianoche alteró el equilibrio estratégico regional
En una noche de junio de 2025, bombarderos B-2 Spirit de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, con escolta de cazas F-22 Raptor, ingresaron en el espacio aéreo iraní y atacaron instalaciones nucleares clave. El golpe alteró las condiciones estratégicas en Oriente Medio y redujo de forma permanente la capacidad operativa del programa nuclear iraní. Fuentes del Pentágono atribuyeron la acción a la operación Martillo de Medianoche y señalaron una ejecución directa contra los objetivos priorizados.
La operación exigió misiones de aproximadamente treinta y siete horas desde bases en territorio estadounidense y un empleo específico de bombas penetradoras de búnkeres contra emplazamientos como Fordo y Natanz. Autoridades confirmaron que los B-2 actuaron con un perfil de baja observabilidad y que la planificación priorizó rutas intercontinentales para reducir alertas tempranas. El despliegue configuró el uso operativo más amplio de los B-2 hasta esa fecha dentro de una acción estadounidense contra un Estado soberano.
Los preparativos comenzaron semanas antes y se tradujeron en un incremento del tráfico aéreo militar hacia la región. Docenas de aviones de transporte C-17 Globemaster trasladaron equipo y personal desde Estados Unidos, con escalas en el Reino Unido, hasta instalaciones en Qatar y Arabia Saudí. Unidades del 160.º Regimiento de Operaciones Especiales de Aviación se posicionaron en Fairford junto a AC-130J y aeronaves MQ-4C, con vigilancia diaria sobre el estrecho de Ormuz.

En paralelo, dos grupos de portaaviones, el USS Carl Vinson y el USS Nimitz, se situaron en la zona y aportaron alrededor de ciento ochenta aeronaves, entre ellas F-35C y F/A-18, con el objetivo de ampliar la cobertura aérea. Ese andamiaje de apoyo reforzó la penetración de los bombarderos y aseguró corredores, reabastecimientos y comunicaciones críticas desde el planeamiento inicial hasta la fase de salida posterior a los impactos sobre territorio iraní.
Puntos clave de la operación y despliegue asociado
- Siete B-2 Spirit, dos tripulantes por avión, con dos GBU-57A/B de treinta mil libras cada uno.
- Misiones de treinta y siete horas sin escalas, con reabastecimiento en vuelo sobre océanos y zonas remotas.
- Objetivos principales: Fordo, cerca de Qom, y Natanz, en Isfahán, con instalaciones subterráneas de centrifugadoras.
- Escolta de F-22 Raptor y F-35A Lightning en la aproximación y control del espacio aéreo de entrada.
- Dos grupos de portaaviones, USS Carl Vinson y USS Nimitz, con alrededor de ciento ochenta aeronaves.
Ejecución del ataque y degradación de las defensas y capacidades iraníes
La ejecución de Martillo de Medianoche involucró a siete B-2 Spirit, cada uno con dos tripulantes y dos bombas GBU-57A/B de treinta mil libras. Los bombarderos despegaron de bases en Missouri y siguieron rutas intercontinentales para reducir la detección temprana. En la aproximación al espacio aéreo iraní, F-22 Raptor y F-35A Lightning aseguraron el control del sector de entrada y limitaron la respuesta frente a amenazas previsibles durante la fase inicial.

En la línea fronteriza, los F-22 finalizaron la escolta directa y los B-2 continuaron hacia los objetivos con un perfil de baja observabilidad. Bajo esas condiciones, los bombarderos alcanzaron sus puntos de lanzamiento sin intercepción por parte de defensas antiaéreas iraníes que incluían sistemas rusos S-300 y radares de producción local. La fuerza liberó un total de catorce bombas contra instalaciones subterráneas priorizadas en la planificación de objetivos estratégicos clave.
Los objetivos incluyeron el complejo subterráneo de Fordo, cerca de Qom, y el sitio de enriquecimiento de Natanz, en la provincia de Isfahán, ambos pilares del programa nuclear iraní. Fordo, excavado en una elevación y protegido por hormigón reforzado, alojaba centrifugadoras avanzadas. Natanz operaba miles de centrifugadoras en salas subterráneas diseñadas para resistir impactos convencionales y sufrió daños estructurales extensos con equipos inutilizados y colapsos en secciones clave, según la evaluación inicial.
Imágenes satelitales captadas antes y después de los impactos mostraron cráteres grandes y escombros dispersos, respaldo para los informes de daños tras la operación. Pilotos de B-2 describieron misiones precisas, con sistemas de navegación y armamento en parámetros. Un comandante informó un vuelo de treinta y siete horas y reabastecimientos sobre áreas oceánicas y remotas. El presidente Donald Trump anunció los ataques el 21 de junio de 2025 y destacó la participación directa de B-2.
Consecuencias regionales y protestas internas tras los ataques de 2025
Tras los ataques, Irán lanzó represalias contra una base estadounidense en Qatar, con daños limitados. Las defensas iraníes no interceptaron aeronaves de la operación, lo que expuso limitaciones en radares y misiles. Israel y Arabia Saudí expresaron respaldo a la acción, mientras que Rusia y China la condenaron sin intervenir de forma militar. La evaluación inicial estimó un retroceso de años en el programa nuclear iraní por la pérdida de centrifugadoras y material enriquecido.

En los meses siguientes, la pérdida de capacidad y la percepción de vulnerabilidad del gobierno iraní se relacionaron con un aumento de la inestabilidad interna. Protestas iniciadas en 2025 crecieron por el descontento económico y por esa sensación de exposición. Para enero de 2026, manifestaciones masivas dejaron reportes de docenas de muertos en choques con fuerzas de seguridad. El líder supremo Alí Jameneí ordenó una represión dura y círculos próximos trasladaron activos y familiares a Moscú.
Desde el 1 de enero de 2026, Estados Unidos reprodujo la secuencia de despliegue previa con vuelos de C-17 hacia Al Udeid, en Qatar, y hacia bases en Arabia Saudí. Unidades del 160.º Regimiento se instalaron en Fairford. AC-130J operaron en instalaciones cercanas y MQ-4C mantuvieron reconocimientos diarios sobre el estrecho de Ormuz. Los portaaviones USS Carl Vinson y USS Nimitz permanecieron en la región y seis B-2 se posicionaron en Diego García con apoyo de KC-135.
El 2 de enero de 2026, el presidente Donald Trump advirtió que, si Irán causaba más muertes de manifestantes, Estados Unidos intervendría para extraerlos. El Pentágono evitó comentarios oficiales, aunque oleadas de F-22 y vuelos de B-1B revelaron un nivel de preparación comparable al asociado con Martillo de Medianoche. Irán reforzó defensas y aerolíneas como Emirates y Qatar Airways suspendieron vuelos hacia ciudades iraníes por precaución en esos días clave.
Coordinación con Israel y opciones operativas de Estados Unidos en 2026
Israel mantuvo un estado de alerta elevado y coordinó con Estados Unidos posibles cursos de acción. Reportes describieron conversaciones telefónicas entre el primer ministro Benjamín Netanyahu y el secretario de Estado Marco Rubio sobre las protestas y la inestabilidad regional. Analistas señalaron que las capacidades electrónicas y antiaéreas iraníes seguían degradadas tras los ataques de 2025, condición que facilitaría el empleo de misiles de crucero JASSM y TLAM sin necesidad de sobrevuelo directo.
La presencia de elementos de la Fuerza Delta y del 160.º Regimiento, con tránsito hacia Irak y llegada prevista durante la semana posterior al 4 de enero de 2026, apuntó a un componente relevante de operaciones especiales. Informes añadieron que el Comando Central de Estados Unidos aguardaba autorización para neutralizar activos ofensivos iraníes en las primeras horas de cualquier acción y buscaba influir de forma temprana en la toma de decisiones del gobierno iraní.

En paralelo, oleadas de movimientos aéreos con cazas de superioridad y aviones cisterna indicaron un nivel de alistamiento elevado. La coordinación se concentró en centros de mando del Golfo Pérsico y superó el centenar de aeronaves de apoyo y escolta. Ese cuadro replicó los patrones observados antes de junio de 2025 y preparó un marco para opciones de respuesta rápida ante cualquier escalada sin recurrir a sobrevuelo directo del territorio iraní.
Las protestas continuaron su expansión y reunieron a miles de personas en Teherán, Isfahán y otras provincias, con exigencias de cambio político y de reducción de la corrupción. El gobierno enfrentó desafíos internos de una magnitud no registrada desde los ataques de junio de 2025, mientras actores regionales evaluaron riesgos y márgenes de maniobra en un escenario volátil. La presión social y el entorno de seguridad definieron el cierre del periodo descrito.
