El Pentágono y Lockheed Martin estudian un acuerdo de hasta diez años que combinaría la producción de cazas F-35 con el suministro de repuestos y los servicios necesarios para mantenerlos operativos. La propuesta pretende dar estabilidad a los fabricantes y resolver las dificultades de mantenimiento de una flota que crece tanto en Estados Unidos como entre sus aliados.
Las conversaciones contemplan compras de componentes a mayor escala y un flujo más estable de piezas a partir del lote de producción 21, con una fabricación global cercana a 156 aviones anuales. Matt Milas, responsable del negocio de defensa de Honeywell Aerospace, mencionó la posibilidad de una contratación plurianual de diez años. El programa todavía no cuenta con un acuerdo cerrado y su estructura deberá superar las exigencias del Congreso en materia de ahorro de costes y disponibilidad de repuestos iniciales.
La disponibilidad de los F-35 es uno de los principales problemas del programa. La Oficina de Responsabilidad Gubernamental de Estados Unidos (GAO) registró una caída de la tasa de aeronaves aptas para cumplir al menos una misión, del 67 % en el año fiscal 2021 al 44 % en 2025. La proporción de cazas plenamente aptos para todas sus misiones descendió del 38 % al 25 % en ese mismo periodo.

La oficina que administra el programa F-35 aspira a elevar esas cifras al 80 % y al 65 %, respectivamente, para 2030. Alcanzar los objetivos requeriría unos $13 700 000 000 adicionales a los gastos de sostenimiento previstos hasta el año fiscal 2031. De ese importe, alrededor de 7.300 millones se destinarían a repuestos y materiales de reparación. La GAO también identificó capacidad insuficiente de los proveedores para 48 componentes del avión.
Los motores ilustran la presión sobre la cadena industrial. Los 123 motores F135 entregados en 2024 llegaron con retraso debido a problemas de producción y suministro, mientras las unidades más antiguas necesitan intervenciones de mantenimiento cada vez más exigentes. En paralelo, la solicitud presupuestaria estadounidense para 2026 redujo la compra prevista de F-35 de 74 a 47 aparatos y reservó cerca de $1 000 000 000 para repuestos.

Un contrato prolongado permitiría a los proveedores planificar inversiones en instalaciones, personal, inventarios y talleres de reparación. También tendría que adaptarse a las modificaciones del programa Block 4 y a los cambios técnicos previstos durante la próxima década. Su alcance sería especialmente relevante para los países de la OTAN y del Indo-Pacífico que comparten redes de suministro y centros de mantenimiento.
El principal desafío consiste en sostener la producción de nuevos F-35 sin restar recursos al mantenimiento de los que ya están en servicio. Ante una guerra prolongada, la disponibilidad de motores, repuestos y capacidad de reparación determinaría cuántos cazas pueden volver a operar después de cada misión, más allá del número total de aeronaves adquiridas.










