Ucrania empleó el sistema antiaéreo de corto alcance Stash durante un ataque ruso con más de 400 drones, según imágenes difundidas el 1 de mayo de 2026 por el Comando Aéreo Oeste de Ucrania. El sistema, hasta entonces no divulgado públicamente, apareció en una misión de defensa contra UAV en zonas de retaguardia, donde Kiev intenta ampliar la cobertura antidrón sin gastar interceptores de mayor valor.
Las fuerzas ucranianas informaron la destrucción de 58 drones dentro del sector operativo occidental. Las imágenes mostraron un lanzador remolcable de cuatro ruedas con dos misiles AGM-114 Hellfire y un radar compacto integrado. La configuración indica que el Stash fue concebido para proteger infraestructura, depósitos, aeródromos y nodos logísticos, no para operar como vehículo antiaéreo blindado en la línea de frente.
A system known in Ukraine ass STASH intercepting a Geran-2 Drone. Now what's interesting here that it is firing a Hellfire missile – Shows in time of war being able to create cheap systems to operate will always be a go to in an attrition style war. pic.twitter.com/XHlaUEkDi9
— War Doctrine (@WarDoc_real) May 4, 2026
El uso del Stash responde al patrón de ataques rusos con grandes cantidades de drones Shahed y otros UAV de bajo costo. Estos aparatos suelen operar a baja altitud y a velocidades aproximadas de 180 a 200 km/h, lo que dificulta su detección y obliga a Ucrania a distribuir sensores y lanzadores en varias capas defensivas. El objetivo es reservar sistemas como Patriot, NASAMS e IRIS-T para amenazas más complejas, incluidos misiles de crucero, aeronaves o proyectiles balísticos.
El diseño del Stash prioriza la simplicidad. Al usar un remolque en lugar de un chasis blindado, reduce costos de fabricación, mantenimiento y despliegue. También permite instalar varios nodos semiestáticos alrededor de instalaciones críticas y moverlos con vehículos utilitarios existentes. Esa solución sacrifica protección y movilidad táctica, pero resulta adecuada para defensa localizada de retaguardia.
El sistema parece derivar de la misma lógica empleada en el concepto Tempest, presentado por la empresa estadounidense V2X en 2025. Aquel diseño integraba misiles AGM-114L Longbow Hellfire, un radar hemisférico Leonardo DRS y sensores electroópticos Wescam MX-10 sobre un vehículo ligero Can-Am Maverick X3. En el caso del Stash, la arquitectura de misiles y control de tiro habría sido adaptada a un lanzador remolcable, más simple y apto para posiciones defensivas fijas o semiestáticas.
El misil probablemente empleado es el AGM-114L Longbow Hellfire, una variante con buscador activo de radar de onda milimétrica. A diferencia de los Hellfire guiados por láser, no requiere iluminación continua del objetivo hasta el impacto. Esa capacidad permite disparar contra un blanco y preparar otro lanzamiento sin mantener al operador o al sensor fijado sobre el mismo UAV durante toda la trayectoria.
El alcance publicado del AGM-114L se sitúa aproximadamente entre 7 y 11 kilómetros, según las condiciones de lanzamiento y el perfil de vuelo. Su guía por radar ofrece ventajas contra drones con baja firma térmica, un problema para sistemas guiados por infrarrojos como el FIM-92 Stinger. En ataques con múltiples UAV, esa autonomía del misil puede mejorar el ritmo de interceptación.
El costo del Hellfire sigue siendo superior al de un dron Shahed. Los datos de adquisición citados en el texto sitúan el precio unitario del AGM-114 entre 99.000 y $150.000, mientras que los Shahed-136 suelen estimarse por debajo de los $50.000. Aun así, el intercambio resulta menos desfavorable que usar misiles Patriot PAC-3, IRIS-T SLM o interceptores derivados del AIM-120 contra blancos de bajo costo.
El Stash se ubica por tanto en una capa intermedia de defensa antiaérea: más caro que cañones, ametralladoras o guerra electrónica, pero menos comprometedor que gastar interceptores estratégicos. Su valor no está en igualar el costo del dron, sino en preservar inventarios escasos para amenazas de mayor prioridad.
La aparición del sistema también muestra la adaptación de Ucrania y sus socios a una guerra aérea marcada por ataques masivos de UAV. El empleo de lanzadores modulares con misiles ya disponibles permite aumentar la cantidad de puntos de defensa sin esperar el desarrollo de sistemas antiaéreos nuevos. En ese sentido, el Stash no parece una solución aislada, sino una forma práctica de ampliar la defensa antidrón con componentes existentes.