El F/A-18E/F pasó de sustituto del Tomcat a núcleo del ala aérea embarcada y prolongó su vigencia hasta la llegada del futuro F/A-XX.
Del fin del Tomcat a una sustitución más amplia en cubierta
Con el contrato firmado en marzo de 2024 para 17 F/A-18E/F Block III adicionales, la Marina de Estados Unidos extendió la producción nueva del Super Hornet hasta comienzos de 2027. Ese cierre fijó el punto de llegada de una transición que había empezado un cuarto de siglo antes, cuando el avión entró en servicio de flota en 1999 para reemplazar al F-14 Tomcat y acabó por asumir la función principal dentro del ala aérea embarcada.
Cuando el último F-14 salió del servicio activo en septiembre de 2006, tras 36 años en la Marina, el relevo ya estaba decidido en los portaaviones. El Tomcat cerró su trayectoria como interceptor de largo alcance y plataforma de ataque de precisión, pero la estructura del aparato, sus exigencias de mantenimiento y la evolución del ala aérea empujaron a la Marina hacia un avión distinto, más apto para sostener ritmos elevados desde cubierta.
En ese cambio, el Super Hornet ocupó el espacio que dejaba el F-14 y también parte del ámbito operativo alterado por decisiones de adquisición anteriores sobre el A-6 y el S-3. La sustitución, por tanto, no enfrentó a un caza con otro, sino a una combinación de especializaciones con una sola célula polivalente, mejor adaptada a las necesidades logísticas del portaaviones estadounidense posterior a la Guerra Fría.

Así, el avión dejó pronto la posición de reemplazo transitorio y adquirió un papel estructural. Mientras la Marina prepara el programa F/A-XX para sustituirlo en la década de 2030, el Super Hornet ya figura como el vínculo material entre la aviación naval que surgió tras la retirada del Tomcat y la que busca definirse frente a amenazas de mayor alcance, sensores distribuidos y nuevas exigencias de integración táctica.
Datos clave de la transformación del Super Hornet
- El F/A-18E/F realizó su primer vuelo en noviembre de 1995 y entró en servicio de flota en 1999.
- La Marina lo definió como un avión unas 7.000 libras más pesado, con 50 por ciento más de alcance y menores exigencias de mantenimiento.
- El mando de aviación embarcada atribuyó al modelo 4,2 pies más de longitud, 25 por ciento más de superficie alar y 33 por ciento más de combustible interno.
- El Block III elevó la vida útil del aparato hasta 10.000 horas de vuelo e inauguró una serie de 78 aviones de nueva producción.
Más tamaño, alcance y carga para sostener el ala aérea naval
Después de la presentación del F/A-18E/F por McDonnell Douglas en 1995, el nuevo aparato voló por primera vez en noviembre de ese mismo año. Aunque mantenía la filiación del Hornet original, la variante aumentó de tamaño de forma sustancial. La Marina la describió como una plataforma mayor, más pesada, con más alcance y con menores exigencias de mantenimiento, rasgos que respondían a necesidades muy concretas del ala aérea de finales de siglo.
Ese aumento permitió recuperar radio de combate, carga útil de apontaje y flexibilidad de armamento sin romper la compatibilidad con la cubierta, las catapultas y la logística ya organizada en torno a la familia F/A-18. La ampliación no obedecía a una búsqueda abstracta de prestaciones, sino a la necesidad de conservar capacidad operativa dentro de un ecosistema embarcado que exigía continuidad técnica y un uso intensivo del portaaviones.

Cuando el VFA-115 embarcado en el USS Abraham Lincoln completó en julio de 2002 el primer crucero operativo del F/A-18E, y ese mismo año el modelo ejecutó sus primeras acciones de combate sobre Irak, la lógica de diseño del programa quedó expuesta con nitidez. El aparato podía escoltar, interceptar, atacar, reabastecer a otros aviones y regresar al buque con una recuperación más pesada que la del Hornet anterior.
Ese rasgo adquirió especial importancia cuando la aviación naval pasó a depender cada vez más de munición guiada costosa y de sensores externos. Frente al F-14, que había ejercido la defensa de la flota con radar AWG-9 y misiles Phoenix, el Super Hornet reorganizó esa función a partir de la permanencia operativa en cubierta, la disponibilidad mecánica y la posibilidad de ejecutar varias salidas distintas dentro de un mismo ciclo diario del portaaviones.
El Super Hornet asumió misiones múltiples en la guerra y la flota
Con el despliegue del Carrier Air Wing 11 en 2003 a bordo del USS Nimitz, en apoyo de la guerra de Irak, la sustitución del Tomcat salió del terreno de los programas de transición y pasó al combate embarcado real. Apenas un año después del primer crucero operativo del modelo, el F/A-18E/F ya ordenaba una parte central del esfuerzo aéreo naval estadounidense desde la cubierta del portaaviones.
Desde entonces, el Super Hornet asumió la misión de superioridad aérea de flota y la escolta de ataque, y además cubrió control aéreo avanzado, supresión de defensas, reconocimiento, apoyo cercano y reabastecimiento en vuelo. En esa última función también reemplazó al S-3 dentro del ciclo diario del buque, con lo que la transformación del aparato quedó asociada a una acumulación de tareas que desbordaba la simple sucesión entre cazas navales.

El resultado fue un avión menos especializado que el F-14 en la defensa lejana clásica, pero mucho más integrado en el conjunto de salidas que un grupo aeronaval necesitaba lanzar y recuperar cada día. Su valor no dependía de una capacidad singular, sino de la aptitud para sostener varias misiones con la misma célula, dentro de una estructura logística más viable y con una relación más directa con el ritmo operativo del portaaviones.
Tras la entrada en servicio de la configuración Block II en 2001, esa variante ocupó durante dos décadas la función principal dentro del ala aérea embarcada. La incorporación del radar AESA APG-79, la arquitectura abierta de misión y la expansión del catálogo de armas dieron a la plataforma una capacidad de adaptación suficiente para integrar JDAM, JSOW, AIM-120 y otros sistemas sin reabrir el diseño básico del avión.
Del Block II al Block III: vigencia, red táctica y relevo futuro
La Marina cerró la producción del último Block II en abril de 2020, justo en un momento de fuerte tensión sobre la disponibilidad de la flota. El esfuerzo de sostenimiento buscó elevar el parque a 341 aparatos operativos y logró una recuperación medible por medio de repuestos, motores F414, componentes críticos y una reorganización industrial en los centros de mantenimiento naval, con efectos directos sobre la línea de vuelo.
En esa fase quedó definida la identidad efectiva del modelo. Antes que una referencia doctrinal, el Super Hornet pasó a funcionar como un sistema de generación de salidas, y su valor quedó unido al número de fuselajes aptos para volver a la cubierta y salir otra vez. La prioridad ya no recaía solo en la evolución técnica del aparato, sino en su capacidad para sostener la presencia diaria del ala aérea embarcada.

Cuando la Marina aceptó el 31 de agosto de 2021 el primer F/A-18 Block III de nueva producción, inauguró una serie de 78 aviones con la evolución más profunda del programa. Esa versión elevó la vida útil a 10.000 horas de vuelo, añadió una firma radar menor, incorporó una cabina avanzada con gran pantalla táctil y sumó el Distributed Targeting Processor Network junto con la red Tactical Targeting Network Technology.
Para entonces, la transición ya no buscaba sustituir al F-14, sino mantener vigente a su sustituto dentro de un entorno naval dominado por sensores distribuidos, amenazas de mayor alcance e intercambio de datos en tiempo real entre cazas, buques y sistemas no tripulados. Entre el contrato final de 2024, las entregas previstas hasta 2027, la modernización de la flota existente y la integración con el MQ-25, el Super Hornet quedó como eje del poder aéreo embarcado hasta bien entrada la década de 2040.