El USS Gerald R. Ford y el Fujian exhiben una rivalidad que enfrenta experiencia operativa, propulsión nuclear y desarrollo acelerado en la competencia aeronaval global.
La rivalidad entre Ford y Fujian redefine el equilibrio aeronaval
Al confrontar al USS Gerald R. Mientras el buque estadounidense ya forma parte plena de las operaciones de flota, el portaaviones chino, botado en junio de 2022, avanza en pruebas de mar con su sistema de lanzamiento de nueva generación.
Con la aparición del Fujian, Pekín da su primer paso real hacia un portaaviones CATOBAR y se acerca a capacidades de aviación naval de aguas azules que Estados Unidos sostuvo durante décadas sin rival equivalente. Ese avance amplía las opciones operativas chinas más allá del Pacífico Occidental y convierte la comparación entre ambos buques en un indicador del cambio que atraviesa hoy el equilibrio global del poder aeronaval.
Aunque proceden de trayectorias distintas, los dos portaaviones comparten sistemas de catapulta electromagnética que elevan la tasa de salidas y mejoran la eficiencia del lanzamiento de aeronaves. Esa coincidencia tecnológica importa porque facilita operaciones aéreas sostenidas en el mar y muestra que la competencia naval ya no depende solo del tamaño del buque, sino también de la capacidad para sostener un ritmo letal con sistemas cada vez más complejos.

Bajo esa lectura, el Ford resume el dominio operativo de Washington y su autonomía basada en energía nuclear, mientras el Fujian concentra el rápido avance chino en plataformas portaaeronaves y en sistemas de lanzamiento de nueva generación. La comparación lado a lado mide dos cascos y dos modelos de desarrollo: uno ya validado en despliegues globales y otro que busca acortar con rapidez una brecha histórica.
Claves técnicas de la comparación entre Ford y Fujian
- El Ford desplaza unas 100.000 toneladas y usa dos reactores A1B; el Fujian ronda entre 80.000 y 85.000 toneladas y depende de propulsión convencional.
- El EMALS de la clase Ford ya opera en la flota; la catapulta electromagnética del Fujian aún debe probar su rendimiento bajo altas tasas de salida.
- El ala aérea del Ford incluye F-35C, F/A-18E/F, EA-18G y E-2D; el Fujian prevé J-15, J-35 y KJ-600.
- La clase Ford apunta a 160 salidas por día, con posibilidad de 220; China todavía no acredita ese ritmo en operaciones embarcadas.
Propulsión, catapultas y alas aéreas exhiben la brecha técnica actual
Desde el plano técnico, la convergencia en catapultas no borra diferencias de fondo. El USS Gerald R. Ford desplaza unas 100.000 toneladas y usa dos reactores nucleares A1B, con una autonomía casi ilimitada y capacidad para sostener alta velocidad durante periodos extensos. El Fujian, con propulsión convencional y un desplazamiento estimado entre 80.000 y 85.000 toneladas, enfrenta límites logísticos sobre alcance y permanencia pese a su diseño más reciente.
En el sistema de lanzamiento aparece el salto tecnológico más importante. El EMALS de la clase Ford ofrece una aceleración más suave, reduce el desgaste sobre la célula de la aeronave y amplía la variedad de aviones que puede enviar al aire, incluidas plataformas pesadas de alerta temprana y futuros vehículos no tripulados. La catapulta electromagnética china supone un gran avance frente a la rampa ski-jump, pero aún carece de validación sostenida bajo estrés de combate.

También en el ala aérea se abre una distancia clara. El Ford puede desplegar más de 75 aeronaves, entre ellas F-35C, F/A-18E/F, EA-18G y E-2D Advanced Hawkeye, una combinación que aporta ataque profundo, guerra electrónica y gestión de combate en red. Para el Fujian se prevé un grupo aéreo apoyado en el J-15, en futuros J-35 y en el KJ-600, aunque esos sistemas todavía ingresan en servicio y no cuentan con despliegue amplio.
Cuando se observa la generación de salidas, la ventaja estadounidense vuelve a aparecer. La clase Ford fue diseñada para alcanzar hasta 160 salidas por día y para subir hasta 220 en momentos de aumento, gracias a sistemas avanzados de manejo en cubierta, ascensores de armamento y menor necesidad de personal por efecto de la automatización. China aspira a una eficiencia parecida, pero aún no demuestra operaciones aéreas embarcadas de alto ritmo en esa escala.
La experiencia operativa sostiene la ventaja actual de Washington
Aunque el avance industrial chino es rápido, la mayor diferencia aparece al revisar cómo la Armada de Estados Unidos integró durante décadas capacidades aéreas, de superficie, submarinas, cibernéticas y espaciales dentro de sus grupos de ataque de portaaviones. Sobre esa base, sumó operaciones reales y despliegues globales que prueban la preparación bajo presión, afinan procedimientos y refuerzan un sistema de combate cohesionado con un nivel de madurez que China todavía no acredita.
En la coordinación de grupos de portaaviones, en la logística de largo alcance y en las operaciones conjuntas, China todavía atraviesa una fase de aprendizaje que limita su rendimiento actual. Sin embargo, ese desfase no basta para restarle peso a su trayectoria. El paso del Liaoning al Shandong y al Fujian muestra una curva de aprendizaje comprimida, apoyada por una base industrial sólida que acelera el diseño de buques y la creación de aeronaves navales.

Porque combina propulsión nuclear, un ala aérea probada en combate, integración avanzada y experiencia operativa sin equivalente, el Ford mantiene hoy una ventaja clara dentro del equilibrio regional. Esa superioridad sostiene la disuasión y la respuesta rápida de Estados Unidos en el Indo-Pacífico. Al mismo tiempo, la inversión china en el Fujian revela un giro desde la defensa costera hacia la proyección de poder sobre rutas marítimas críticas y escenarios disputados.
A medida que la competencia avance, el resultado no dependerá solo del tamaño del portaaviones ni del número de aeronaves. También pesarán la integración con sistemas no tripulados, la resiliencia frente a misiles antibuque y la capacidad de sostener operaciones de alta intensidad. La transición hacia un entorno más disputado ya comenzó: hoy Washington conserva la delantera, pero la rapidez con que Pekín logre adaptarse e integrar capacidades marcará la futura disputa aeronaval.