Un reloj, una cartera, un anillo: los efectos personales confiscados a prisioneros griegos en un campo de concentración alemán fueron restituidos el jueves a sus descendientes, 81 años después del Holocausto.
A Kaiti Kerasiotis se le humedecieron los ojos al recibir entre sus manos el reloj de su marido, Evangelos, durante una emotiva ceremonia celebrada en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Grecia.
Familias griegas recibieron objetos personales confiscados por los nazis en una restitución realizada 81 años después del Holocausto, dentro de la campaña #StolenMemory.
Evangelos fue deportado en mayo de 1944, cuando tenía apenas 19 años, al campo de concentración de Neuengamme, cerca de Hamburgo. Décadas después, un grupo de alumnos griegos que participaba en una campaña de memoria histórica logró encontrar a su anciana esposa, la única superviviente.
“No me lo puedo creer”, murmuró ante los periodistas, acompañada por sus hijos y nietos, al recordar la tarde en que los alumnos contactaron con ella.
“Saqué las fotos que había guardado. Volví al pasado y me dije a mí misma que, después de todo, no lo había olvidado”.
La campaña #StolenMemory llega a Atenas

La entrega de los objetos en Atenas formó parte de la campaña #StolenMemory, impulsada en 2016 por los Archivos de Arolsen, el registro más completo del mundo sobre víctimas y supervivientes de los campos nazis.
En colaboración con los Ministerios de Asuntos Exteriores y de Educación de Grecia, los alumnos griegos recibieron la misión de localizar a las familias de prisioneros deportados entre 1943 y 1944.
“A medida que los supervivientes de los campos son cada vez menos, es necesario desarrollar nuevas formas de recuerdo más participativas”, afirmó Moritz Wein, director de los Archivos de Arolsen.
Wein añadió que el interés por estas historias personales no muestra señales de agotamiento. Según explicó, las solicitudes de familias que buscan rastros de parientes deportados a campos nazis se han disparado durante los dos últimos años.
“El papel de los archivos en la era de la inteligencia artificial y la distorsión de la historia es aún más importante”.
Los estudiantes de secundaria de Evosmos, cerca de la ciudad septentrional de Tesalónica, que tuvo en el pasado una numerosa comunidad judía, dedicaron meses a revisar archivos municipales, registros policiales y expedientes de la Cruz Roja griega para dar con la familia de Evangelos Kerasiotis.
Tras su paso por Neuengamme, Evangelos fue trasladado al campo de trabajo de Salzgitter-Druette y, más tarde, a Bergen-Belsen, donde las fuerzas británicas registraron su presencia después de la liberación.
Volvió a Grecia en agosto de 1945 y se incorporó a la policía, pero murió con solo 24 años debido a una afección cardíaca vinculada al calvario que padeció en los campos.
Casi 70.000 personas, el 86 % de la comunidad judía de Grecia, fueron asesinadas durante la ocupación nazi del país entre 1940 y 1944.
En la actualidad, esa comunidad está integrada por unos 5.500 miembros.
Relojes, documentos y rastros familiares

Panagiota Galani recibió un reloj que había pertenecido a su tío, Georgios Sagmatopoulos, deportado a Alemania cuando tenía 24 años.
Su madre y su abuela lo buscaron durante años, y la confirmación de su muerte no llegó hasta 1962.
“Siempre hemos vivido bajo la sombra de este tío que nunca regresó”, dijo. “A mi abuela le habría emocionado mucho volver a ver este reloj”.
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Para localizar a los descendientes de Nikolaos Fassouliotis, un chipriota residente en Grecia deportado en 1944, alumnos de Atenas enviaron decenas de correos electrónicos e hicieron numerosas llamadas telefónicas hasta encontrar a una de sus hijas en Chipre.
Fassouliotis, que murió en 2000, había reconstruido su vida en la isla y tuvo allí seis hijos.
Konstantina recibió la pulsera de su padre, en la que estaban grabados los nombres de sus dos hijos de un primer matrimonio. “Espero encontrar algún día rastros de la familia de mi padre”, dijo con la voz entrecortada.
Wein le entregó además una bolsa con documentos que habían pertenecido a su padre, entre ellos papeles de registro del campo, notas sobre los trabajos forzados y otros expedientes.
“A estos hombres les despojaron de sus pertenencias al llegar a los campos; los nazis los deshumanizaron”, explicó Wein. “Hoy, al devolver estos objetos a sus familias, estamos devolviendo parte de su identidad”.
Los Archivos de Arolsen conservan todavía 2.000 sobres con efectos personales de deportados de varios países que aún no han sido restituidos.