La Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (NDRC) de China bloqueó el 27 de abril la adquisición extranjera de Manus, una startup china de inteligencia artificial, en una decisión anunciada mediante una declaración de una sola línea que no detalló los motivos ni identificó a la compradora.
La adquirente era Meta Platforms, que había acordado comprar Manus por más de $2.000 millones con el objetivo de ofrecer en sus plataformas el agente de IA desarrollado por la empresa, un producto capaz de realizar trabajo especializado de forma autónoma.
Manus fue fundada en China, pero trasladó su sede a Singapur. Ese movimiento se inscribe en una práctica utilizada por varias startups chinas, conocida como “Singapore-washing”, para facilitar, entre otras cosas, la captación de capital.
La operación entre Meta y Manus se anunció en diciembre. En enero, la NDRC informó que investigaba la adquisición. En marzo, a los dos cofundadores de Manus se les prohibió salir de China. El 27 de abril, la compañía estadounidense de redes sociales sostuvo que la compra “cumplía plenamente con la legislación aplicable”.
Según informó el colaborador de CNBC Dewardric McNeal, la revisión del acuerdo pasó de la NDRC, dependiente del gobierno central, a la Comisión Nacional de Seguridad del Partido Comunista, presidida por Xi Jinping.
“Cuando una transacción pasa de la revisión de un organismo económico estatal a la consideración de un órgano partidario de seguridad nacional, el cálculo cambia”, escribió McNeal. “A ese nivel, las decisiones se evalúan a través de una lente estratégica más amplia que integra resiliencia económica, desarrollo tecnológico y competencia geopolítica; las consideraciones legales o económicas estrictas rara vez determinan el resultado”.
Brandon Weichert, editor sénior de seguridad nacional de 19FortyFive.com, dijo que “la reciente decisión del gobierno central chino de revertir la fusión de Manus, con sede en Singapur, por parte de la empresa matriz de Facebook forma parte de un gran panorama geopolítico”. Añadió: “Hay, por ahora, dos visiones para el desarrollo de la inteligencia artificial en el mundo, una la de China y la otra la de Estados Unidos”.
Meta ya había incorporado plenamente el agente de IA de Manus a su negocio. Para Weichert, “la cancelación de la fusión por parte de Pekín refleja el riesgo que el desarrollo de la IA plantea para el Estado-partido chino, especialmente si ese desarrollo no está plenamente controlado por el Partido Comunista”.
El bloqueo de la operación reactivó en Estados Unidos el debate sobre cómo proteger su propia tecnología frente a China. Una de las propuestas planteadas es obligar a las empresas chinas a desinvertir en compañías tecnológicas estadounidenses.
Xi Jinping, según ese planteamiento, busca mantener la tecnología china dentro del país, por lo que Washington debería responder con reciprocidad e impedir que China compre empresas estadounidenses de inteligencia artificial si los estadounidenses no pueden adquirir compañías chinas del sector.
La administración Biden había sostenido un enfoque de “patio pequeño, cerca alta”, es decir, proteger un número limitado de tecnologías, pero con fuertes barreras. Tras la decisión sobre Manus, la propuesta que gana espacio es una política de “patio grande, cerca alta” bajo la administración Trump.
Quienes defienden esa línea argumentan que Estados Unidos mantiene ventaja sobre China en inteligencia artificial y que el intercambio tecnológico favorece a Pekín. También sostienen que esa ventaja se mide hoy en meses y no en años.
El 23 de abril, Michael Kratsios, de la Oficina de Política de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca, acusó públicamente a China de robo masivo de inteligencia artificial estadounidense. “El gobierno de Estados Unidos dispone de información que indica que entidades extranjeras, principalmente con base en China, están llevando a cabo campañas deliberadas y a escala industrial para destilar sistemas estadounidenses de IA de frontera”, escribió en un memorando compartido en redes sociales.
Otra de las medidas planteadas es frenar la venta a China de microchips avanzados, entre ellos el H200 de Nvidia.
En enero, la administración Trump anunció que aprobaría la exportación de ese chip a China. El secretario de Comercio, Howard Lutnick, afirmó este mes que hasta ahora no se ha concretado ninguna venta.
Lutnick había defendido esa política el pasado julio en una entrevista con Brian Sullivan, de CNBC. “Quieres venderles a los chinos lo suficiente como para que sus desarrolladores se vuelvan adictos a la pila tecnológica estadounidense”, explicó. “Esa es la lógica”.
Tras la reversión del acuerdo de Manus, esa posición quedó de nuevo bajo discusión, en un momento en que Xi Jinping, según sus críticos, ha dejado claro que impulsa un universo tecnológico propio.