La velocidad con la que avanza la inteligencia artificial preocupa al 64 % de los adultos estadounidenses, mientras que una amplia mayoría considera indispensable que el Gobierno federal intervenga para preservar el control humano sobre esta tecnología y proteger los puestos de trabajo.
En una encuesta del Centro de Investigación de Asuntos Públicos de Associated Press y NORC, aproximadamente ocho de cada diez participantes calificaron como “extremadamente” o “muy” importante que las autoridades federales garanticen que los sistemas de inteligencia artificial permanezcan bajo supervisión humana. Una proporción semejante concedió la misma importancia a la protección de los trabajadores estadounidenses.
Respecto al ritmo de desarrollo tecnológico, el 27 % de los encuestados considera que la inteligencia artificial progresa a una velocidad adecuada. Apenas el 8 % cree que su evolución es demasiado lenta, frente al 64 % que considera excesiva la rapidez de los avances actuales.
La preocupación está presente entre los simpatizantes de los dos principales partidos políticos, aunque existen diferencias importantes. Aproximadamente tres de cada cuatro demócratas consideran que la inteligencia artificial se desarrolla demasiado rápido. Entre los republicanos, esa opinión alcanza a cerca de la mitad.
Las diferencias partidistas no impiden que exista una considerable desconfianza hacia la gestión política de esta tecnología. Alrededor del 40 % de los estadounidenses no confía en ninguno de los dos principales partidos para abordar los asuntos relacionados con la inteligencia artificial.
El presidente Donald Trump tampoco obtiene una valoración favorable en este ámbito. El 67 % de los adultos estadounidenses desaprueba su gestión de la inteligencia artificial, en un contexto de preocupación por la velocidad de los avances tecnológicos y sus posibles consecuencias para el empleo.
La posición de Trump contrasta con las preferencias expresadas por buena parte de los encuestados. Su administración impulsa una expansión acelerada de la inteligencia artificial en Estados Unidos con el propósito de conservar una ventaja competitiva frente a China.
El presidente mantiene esa orientación pese a las peticiones para reducir el ritmo de desarrollo de la tecnología. Mientras su política prioriza la competencia tecnológica con China, una mayoría de estadounidenses considera que el avance de la inteligencia artificial necesita mayores garantías de control humano y protección laboral.










