La Asamblea Estudiantil de la Universidad de Cornell aprobó el jueves dos resoluciones contra vínculos de la institución con Israel: una para pedir el fin de la asociación con la Universidad Technion y otra para condenar a Cornell por haber acogido a la exlegisladora israelí Tzipi Livni en un programa del campus.
La medida sobre Technion instó a Cornell a “poner fin a su asociación institucional” con la universidad israelí, una de las principales instituciones de educación superior de ese país. El texto alegó “serias preocupaciones éticas” y “complicidad en genocidio”, y sostuvo que la relación de Technion con el ejército israelí vulnera el derecho internacional.
Cornell mantiene un campus en la ciudad de Nueva York en asociación con Technion. La resolución se aprobó con 17 votos a favor y cinco en contra.
La segunda resolución cuestionó el “uso de programación para dar plataforma a individuos implicados en crímenes de guerra” por parte de Cornell. El señalamiento apuntó al programa Pathways to Peace, que recibió a Livni.
Livni fue miembro de la Knéset y ministra en Israel. También ha sido crítica del primer ministro Benjamin Netanyahu y defensora de una solución de dos Estados. En su trayectoria política llegó a encabezar negociaciones de paz con los palestinos.
En 2009, un tribunal del Reino Unido emitió una orden de arresto contra Livni por presuntos crímenes de guerra atribuidos a las FDI durante la guerra de Gaza del año anterior, aunque la dirigente no siguió adelante con un viaje previsto a territorio británico. En 2016, una citación policial británica contra ella también fue retirada. Ambos episodios ocurrieron tras campañas de activistas antiisraelíes en el Reino Unido.
La resolución aprobada en Cornell afirmó que la presencia de Livni en actos universitarios creó “un entorno académico hostil y coercitivo para el estudiantado” y expuso a los alumnos a “propaganda estatal”. Además, exigió que la universidad “reafirme su compromiso con la integridad académica y el liderazgo ético” y deje de invitar a personas “implicadas en crímenes de guerra o abusos masivos de derechos humanos”.
Esa segunda medida recibió 19 votos a favor, dos en contra y tres abstenciones.
La Asamblea Estudiantil representa al alumnado de pregrado ante la administración universitaria y suele ocuparse de asuntos relacionados con la vida en el campus, como el transporte. Las resoluciones que aprueba se remiten al presidente de la universidad, que puede aceptarlas o rechazarlas.
Antes de la votación, grupos activistas del campus habían llamado a simpatizantes a “llenar la asamblea estudiantil” para respaldar las propuestas. Cornell no respondió a una solicitud de comentarios.
Las resoluciones reflejan cómo el activismo antiisraelí en campus de Estados Unidos ha incorporado a la política universitaria acusaciones jurídicas internacionales que no han sido probadas en tribunales y el respaldo de organizaciones estudiantiles orientadas a otras causas.
Los delitos internacionales, como el genocidio, tienen definiciones legales estrictas y esas acusaciones no han sido probadas contra Israel en tribunales internacionales. Sin embargo, ese tipo de señalamientos se utiliza con frecuencia contra figuras e instituciones israelíes. Israel y sus partidarios sostienen desde hace años que activistas sesgados buscan instrumentalizar el sistema jurídico internacional contra el país.
El caso de Cornell se suma a una campaña más amplia de estudiantes activistas en universidades estadounidenses contra cualquier vínculo con Israel. Estudiantes judíos y autoridades federales han advertido que ese activismo a veces deriva en discriminación contra los judíos.
En ese proceso también han intervenido sindicatos estudiantiles y órganos de gobierno universitario, además de sindicatos de otros sectores que, en principio, están dedicados a mejorar condiciones laborales. A finales del año pasado, el sindicato de estudiantes de posgrado de Cornell aprobó una resolución de boicot contra Israel que apoyaba la “resistencia palestina por cualquier medio necesario”, una consigna que ha sido vista como respaldo a la violencia. La universidad tomó distancia de ese sindicato y condenó el antisemitismo.
Esta misma semana, el sindicato de estudiantes de posgrado de la Universidad de Columbia aprobó una huelga laboral para presionar a favor de demandas impulsadas por activistas antiisraelíes en el campus, junto con otras exigencias.
La Fundación para los Derechos Individuales y la Expresión (FIRE), dedicada a la defensa de la libertad de expresión, situó a Cornell en el puesto 227 de 257 universidades estadounidenses en su clasificación sobre ese tema.
