Un aparato furtivo no identificado apareció sobre Larisa y aterrizó cerca de una base helénica, con señales que apuntan a una misión estadounidense de inteligencia.
Las fotos y la silueta alejan la hipótesis del B-2 y del B-21
Después del avistamiento en el entorno del 110.º Ala de Combate, en Grecia, las primeras comparaciones apuntaron al bombardero B-2 Spirit. Sin embargo, varios rasgos visibles en las imágenes difundidas el 18 de marzo de 2026 por onlarissa.gr se apartan de ese modelo. La aeronave muestra una plataforma de ala volante, sin estabilizadores verticales, con líneas suaves y proporciones que tampoco encajan con el B-21 Raider ni con el RQ-170 Sentinel.
Some have speculated this is a U.S. RQ-170/180 or an Israeli RA-01. However, the video shows sunlight reflection patterns consistent with a propeller.
— John Ridge 🇺🇸 🇺🇦 🇹🇼 (@John_A_Ridge) June 18, 2025
Given that, it’s probably some model of Iranian UAS. One wonders how it reached Golan while cruising at medium altitude. https://t.co/UZrOFrSofr pic.twitter.com/xeX2jBnf9z
La distancia respecto del B-2 resulta visible en un elemento clave: el borde de salida. Ese bombardero posee una forma dentada reconocible, ausente en el aparato visto en Larisa. Tampoco coincide con el B-21, sobre todo por la disposición del tren de aterrizaje que se aprecia en las fotos. Frente al RQ-170, la diferencia recae en la escala general, ya que el avión observado parece más ancho, con un ala extensa y una sección central muy marcada.
Esa lectura visual ha llevado a varios analistas especializados a plantear otra posibilidad. Según esa interpretación, lo visto encaja mejor con el RQ-180, un dron furtivo estadounidense de gran altitud y larga autonomía cuyo desarrollo y uso permanecen bajo clasificación. Hasta ahora, ni Washington ni Atenas han confirmado la identidad del aparato. Aun así, la combinación de silueta, proporciones y ausencia de cola vertical ha mantenido abierta esa hipótesis desde las primeras horas.

La aparición del avión también llamó la atención por el contexto. Larisa alberga una instalación que recibe con regularidad despliegues de la OTAN y de fuerzas estadounidenses, de modo que el escenario resulta compatible con una operación aliada sensible. Aun con ese marco, la exposición pública del vuelo y la falta de confirmación oficial convirtieron el episodio en un foco inmediato de especulación sobre tareas secretas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento en el espacio europeo.
Rasgos técnicos que sostienen la sospecha sobre el aparato
- Las fotos muestran un ala volante sin estabilizadores verticales y con líneas suaves.
- El borde de salida no coincide con el patrón dentado característico del B-2 Spirit.
- La separación entre los trenes principales apunta a una célula de gran tamaño.
- La estructura sugiere una plataforma HALE capaz de operar por encima de 50.000 pies.
- La sección central visible parece compatible con bahías internas o módulos de sensores.
El tamaño, la altitud y los sensores remiten a una plataforma HALE
Otro detalle de peso surge de la separación entre los trenes principales. Esa distancia sugiere una célula de gran tamaño, con volumen suficiente para alojar sistemas internos de gran envergadura. A partir de ese indicio, la lectura técnica apunta a una plataforma HALE, es decir, de gran altitud y gran autonomía, concebida para operar por encima de los 50.000 pies, unos 15.000 metros, desde donde puede cubrir áreas amplias con menor exposición antiaérea.
El esquema de ala volante refuerza esa interpretación porque reduce la firma radar al prescindir de superficies verticales y al limitar elementos que reflejan energía. En ese terreno aparece de forma recurrente el nombre del RQ-180, atribuido a Northrop Grumman dentro del programa de Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento Penetrante, o P-ISR. Aunque no existe una descripción oficial de su existencia ni de sus capacidades, suele presentarse como una plataforma estratégica de baja observabilidad y gran radio de acción.

Las estimaciones que circulan sobre ese sistema le asignan una envergadura cercana a la del RQ-4 Global Hawk, alrededor de 40 metros, junto con una autonomía superior a 24 horas. También se le asocia con sensores avanzados, entre ellos radares AESA con capacidad SAR, además de equipos electroópticos e infrarrojos destinados a vigilancia persistente. Esa combinación encaja con el perfil de una aeronave pensada para observación prolongada y penetración en entornos con defensas relevantes.
Las imágenes dejan ver una leve protuberancia en la parte central del fuselaje, compatible con bahías internas o con módulos de sensores. Sin embargo, la ausencia de tomas de aire o escapes claramente visibles impide valorar el sistema de propulsión. En aeronaves de este tipo suele recurrirse a conductos de admisión en forma de S y a escapes apantallados para reducir la firma infrarroja. El color oscuro que aparece en las fotos también admite dudas por efecto de la iluminación.
Larisa, los vuelos C-17 y el contexto refuerzan la hipótesis de EE. UU.
Tan importante como la forma del avión resultó la manera en que quedó expuesto. La aeronave apareció de día y con el tren de aterrizaje desplegado sobre una zona poblada, una situación poco compatible con una plataforma clasificada. Reportes locales plantearon un posible desvío por problemas técnicos, hipótesis que ayudaría a explicar la presencia a baja altura y a plena luz. En condiciones normales, un sistema así tendería a operar desde bases más apartadas.
Larisa, además, no constituye un punto ajeno a la actividad militar estadounidense. La base mantiene presencia regular de EE. UU., incluidas operaciones con MQ-9 Reaper, un dron de altitud media y autonomía prolongada capaz de permanecer en vuelo más de 25 horas. Ese sistema puede emplear sensores multiespectrales y municiones guiadas de precisión. Durante los últimos años, la infraestructura del emplazamiento recibió mejoras para sostener despliegues de ese tipo y para acoger aeronaves mayores.

A ese cuadro se sumaron señales logísticas relevantes. Registros de seguimiento aéreo muestran varios vuelos de aviones de transporte C-17 Globemaster III entre la base de Edwards, en California, y Larisa entre febrero y marzo de 2026. El C-17, apto para mover más de 70 toneladas a grandes distancias, suele emplearse para trasladar material delicado. Edwards se ubica cerca de Palmdale, donde Northrop Grumman fabrica el B-21 Raider y donde antes produjo el B-2 Spirit.
También circuló la hipótesis de un dron israelí RA-01, pero esa explicación pierde fuerza ante varios elementos observados. Las proporciones remiten a una plataforma más grande y más compleja que los conceptos atribuidos a ese programa. Además, Larisa encaja mejor con una presencia militar estadounidense ya asentada. Sin confirmación oficial, la identificación sigue abierta, aunque la suma de rasgos visibles, el escenario y los movimientos logísticos mantiene en pie la sospecha sobre un RQ-180.
