El empleo de bombarderos B-52H estratégicos marca una fase de ataques profundos y sostenidos, con más presión militar sobre Irán y mayor alcance operativo estadounidense.
La campaña pasó a ataques profundos tras caer la defensa antiaérea iraní
Tras varias semanas de ataques contra las principales defensas antiaéreas iraníes, Estados Unidos abrió una nueva fase al usar bombarderos B-52H Stratofortress sobre Irán. La confirmación llegó el 31 de marzo de 2026, en una sesión informativa del presidente del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, quien atribuyó esas misiones a una “mayor superioridad aérea” y señaló el inicio formal de una etapa distinta en la campaña.
Ese cambio refleja que la supresión y destrucción previas de defensas enemigas degradaron el sistema integrado iraní hasta reducir el riesgo para plataformas no furtivas y para aviones con mayor exposición al radar. A partir de esa pérdida de capacidad, sistemas como el S-300PMU2 y el Bavar-373 dejaron una amenaza menor, de modo que las fases iniciales habrían concentrado golpes sobre radares, nodos de mando y control y baterías de misiles de largo alcance.
Dentro de esa secuencia, los F-35A Lightning II, los EA-18G Growler y capacidades cibernéticas habrían ocupado un lugar central en la degradación de los sistemas iraníes de detección y ataque. Ese deterioro afectó la fusión de sensores y la coordinación de interceptores, por lo que la actual incorporación del B-52H sugiere una exposición menor para aeronaves grandes y con alta firma radar en comparación con los días iniciales de la ofensiva.

Al aparecer en misiones sostenidas sobre Irán, el bombardero aporta también un efecto estratégico y psicológico, porque indica que las fuerzas estadounidenses consideran suficientemente degradadas las defensas antiaéreas iraníes. Con esa señal, la campaña pasó de condiciones de acceso restringido a un entorno aéreo permisivo o semipermisivo, donde el volumen de fuego y la persistencia adquirieron una función principal y donde Washington exhibe capacidad para controlar la escalada.
Capacidades del B-52H que redefinen esta fase de ataque
- Puede transportar hasta 70.000 libras de munición en una sola misión.
- Integra bombas guiadas JDAM, misiles AGM-158 JASSM, AGM-86C y variantes de ataque marítimo.
- Puede asumir varios conjuntos de objetivos en una salida, con más densidad de ataque que los cazas tácticos.
- Combina bombas Mk-82 y Mk-84 con municiones guiadas GBU-31 y GBU-38 para golpes de área o de precisión.
Autonomía, carga y precisión amplían el efecto del B-52H sobre Irán
Gracias a su autonomía, a su volumen de carga y a la versatilidad de su armamento, el B-52H conserva relevancia como plataforma de bombardeo estratégico. La aeronave puede llevar hasta 70.000 libras de munición, entre ellas bombas guiadas JDAM, misiles de crucero AGM-158 JASSM, AGM-86C y variantes de ataque marítimo, lo que le permite ejecutar ataques de saturación y de precisión contra objetivos endurecidos o dispersos dentro del territorio iraní.
Desde el punto de vista operacional, esa capacidad aumenta la eficiencia de las salidas y la densidad del ataque, ya que un solo B-52H puede asumir varios conjuntos de objetivos en una misión. Entre esos blancos figuran nodos logísticos, infraestructura, centros de producción de misiles, depósitos fortificados y búnkeres de mando, por lo que la campaña puede sostener su ritmo con menos aeronaves y cubrir una geografía más amplia dentro del teatro de operaciones.

Según el perfil de la misión y la naturaleza del blanco, la plataforma puede lanzar bombas Mk-82 y Mk-84 para bombardeo de área contra infraestructura, aeródromos o concentraciones de tropas. También puede emplear JDAM GBU-31 y GBU-38 para ataques precisos en cualquier condición meteorológica mediante guía GPS, mientras que las variantes penetradoras amplían la capacidad contra estructuras reforzadas y emplazamientos subterráneos cuando el objetivo está endurecido o enterrado.
Cuando el objetivo se ubica en profundidad o aún existe amenaza antiaérea, los AGM-158 JASSM y JASSM-ER permiten atacar desde fuera de los perímetros activos. A esa opción se suma el AGM-86C, que ofrece un vuelo de seguimiento del terreno para reducir la probabilidad de detección por radar; así, el bombardero puede combinar en una misma misión efectos de saturación con ataques de precisión de largo alcance sobre objetivos profundos.
Logística, inteligencia y reparto de roles sostienen la ofensiva aérea
Sobre esa nueva fase de combate, la continuidad de las operaciones depende de una base logística amplia. El 26 de marzo de 2026, un KC-135 Stratotanker de la Fuerza Aérea estadounidense reabasteció en vuelo a un B-52H en el área de responsabilidad del Comando Central, una maniobra que muestra el sostén de misiones de largo alcance y que exige además flotas de cisternas KC-135 y KC-46 Pegasus junto con bases avanzadas.
Con ese respaldo, el B-52H puede actuar como plataforma de ataque persistente y cambiar objetivos con rapidez cuando recibe inteligencia, vigilancia y reconocimiento en tiempo real. Los flujos procedentes de sistemas como el RQ-4 Global Hawk y el MQ-9 Reaper aumentan la velocidad de respuesta frente a objetivos sensibles al tiempo, entre ellos lanzadores móviles de misiles balísticos que exigen una ventana breve de ataque.

Dentro de esta fase de alta intensidad, el papel del B-52H difiere del que cumplen otros bombarderos estadounidenses. El B-2 Spirit aparece asociado a la penetración furtiva y a la neutralización inicial de defensas avanzadas y objetivos estratégicos protegidos, mientras el B-1B Lancer aporta velocidad y flexibilidad para la selección dinámica de blancos; en cambio, el B-52H queda asignado al bombardeo sostenido y al ataque masivo a distancia una vez alcanzada la superioridad aérea.
Esa distribución escalonada permite una campaña complementaria: el B-2 neutraliza defensas y objetivos estratégicos protegidos, el B-1B aporta respuesta reactiva y el B-52H aprovecha la superioridad aérea para aumentar el efecto destructivo sobre infraestructura, logística, sistemas de misiles y redes de mando. Al final, la mención a una operación “Epic Fury” no coincide con una denominación militar estadounidense confirmada de forma pública y parece un nombre informal o no oficial.