Steven Meed, hijo de la combatiente de la resistencia judía Vladka Meed, publicó en febrero de 2026 una nueva traducción al inglés de las memorias de su madre, “On Both Sides of the Wall: A Resistance Fighter’s Firsthand Account of The Warsaw Ghetto”. El objetivo: recuperar la voz original en primera persona y en tiempo presente del texto en yiddish de 1948, perdida en las traducciones anteriores, y acercar el relato a un público contemporáneo.
La edición original, “Fun Beyde Zaytn Geto-Moyer” (A ambos lados del muro del Gueto), fue uno de los primeros testimonios del Holocausto en publicarse. Vladka Meed lo escribió en yiddish, en primera persona y en tiempo presente, pero la traducción al inglés de 1977 convirtió la narración a tercera persona y al pasado.
“De hecho, todas las traducciones terminaron siendo en tercera persona y en pasado, y eso por sí solo ya hacía perder cierta inmediatez respecto a lo que cuenta la historia. En los años 70 era el estilo escribir [sobre el Holocausto] en tercera persona. Pero el yiddish es mucho más emotivo y apasionante”, dijo Steven Meed.

El médico jubilado, residente en Nueva York, realizó él mismo la traducción y consultó tanto los artículos como las memorias originales en yiddish de su madre. Los académicos Samuel Kassow, Judy Batalion y Sara Bloomfield aportaron prólogos, epílogos y material complementario. El libro incluye además una introducción escrita en 1992 por Elie Wiesel.
“El libro original en yiddish tiene ya más de 75 años. Sentí que un público contemporáneo no lo captaría: la información, los nombres, la situación misma. Nada de eso resonaría de manera automática en un público más joven. Quería crear un libro nuevo que fuera el libro antiguo, pero con elementos añadidos que lo hicieran más vivo, más relevante para el lector… Quería que hubiera contexto, y quería que fluyera como si fuera una novela, aunque todo, incluidos los diálogos, fuera verídico”, explicó Meed.
Vladka Meed, nacida Feigele Peltel, tenía 24 años cuando llegó a Nueva York en mayo de 1946 a bordo de uno de los primeros barcos con refugiados europeos de la Segunda Guerra Mundial. Un reportero de The Jewish Daily Forward la esperó en el muelle. La publicación socialista judía sabía que la joven bundista ya había relatado en Europa sus experiencias en la resistencia del Gueto de Varsovia. Esa entrevista derivó en una serie de 16 extensos artículos semanales que, dos años después, se convirtieron en sus memorias completas, traducidas posteriormente a seis idiomas.

Para diciembre de 1942, Meed era la única sobreviviente de su familia. Su padre había muerto de enfermedad; su madre, hermana y hermano habían sido deportados al campo de exterminio de Treblinka. Encontró refugio entre los jóvenes activistas del Bund que construían la resistencia judía clandestina dentro del Gueto.
La reclutaron porque tenía apariencia aria y hablaba polaco sin acento. Del lado polaco del muro, sirvió como correo y contrabandista de armas y documentos, encontró escondites seguros para mujeres y niños judíos y proporcionó suministros e información a los partisanos judíos en el campo.
La nueva versión se lee como no ficción narrativa, casi un thriller. Las descripciones detalladas transportan al lector al taller de costura del gueto, al incendio del gueto visto desde el lado ario, a las negociaciones con los Justos entre las Naciones, a las huidas de chantajistas, a los encuentros con partisanos y al fallido levantamiento polaco de Varsovia contra los alemanes en 1944.
Judy Batalion, autora del best seller “The Light of Days: The Untold Story of Women Resistance Fighters in Hitler’s Ghettos”, dijo que se acercó al libro como investigadora que ha leído cientos de memorias y testimonios del Holocausto. “La historia de Vladka destacaba, por su dramatismo y su tremendo coraje y por la forma en que estaba escrita. Aportó contexto, desarrolló personajes e incluyó detalles. Quedé completamente atrapada en su trágico y apasionante mundo”, afirmó. “La mayoría de los testimonios de la época son difíciles de seguir y a menudo están escritos en una distante tercera persona o cargados de jerga (especialmente los de los socialistas), pero la historia de Vladka era una narrativa bien contada y cronológica que realmente me ayudó a entender el período”, añadió.

Steven Meed no tuvo que investigar mucho para agregar el contexto histórico y las notas editoriales de la nueva edición. Sus padres se conocieron en la resistencia judía, operaron juntos en el lado ario y se casaron en la primera boda judía celebrada en Varsovia después de la guerra. Hablaban abiertamente con sus hijos sobre el Holocausto.
“Era simplemente parte del tejido de la vida. La familia no vivía en la tragedia, pero mi madre, al igual que mi padre, tenía esa obligación de mantener vivo este recuerdo para la siguiente generación y la que vendría después. Pero no hablaban de sus sentimientos personales al respecto; era demasiado doloroso. Hablaban de hechos históricos”, dijo.
Vladka Meed nunca quiso que su historia fuera sobre ella misma. Escribió sus memorias, dio testimonio a lo largo de su vida y fundó un instituto de educación sobre el Holocausto para que se supiera lo que le había ocurrido al pueblo judío. “Su propósito no era hablar de sí misma. Era conmemorar a quienes habían muerto y a quienes habían luchado junto a ella”, señaló Steven Meed.

Rita Meed, esposa de Steven y psicóloga, destacó otro eje central del testimonio de Vladka: “Una de las cosas de las que Vladka hablaba constantemente es el heroísmo de la gente ordinaria. Eso era algo que ella quería destacar. Cita ejemplos como el de su propia madre, quien se privaba de comer para dar pan al tutor de bar mitzvá del hermano de Vladka. Cualquiera que se levantara por la mañana pensando en cómo alimentar a su familia, o que arriesgara su vida para asistir a una clase [clandestina] o para enviar a sus hijos a una escuela [prohibida], merece honor. Ya sea que finalmente vivieran o murieran, preservaron su humanidad y resistieron de la manera que pudieron”.
La noche siguiente a la reunión clandestina del gueto en noviembre de 1942, en la que el ZOB (Organización Judía de Combate) le pidió unirse a la resistencia, Vladka Meed se quedó despierta durante horas. “¿Resistencia? ¡Sí!, pero nunca he empuñado un arma ni me han apuntado con una… No puedo dormir. Repaso cada detalle de la velada, cada minuto, cada camarada, cada palabra… Intento imaginar los acontecimientos que están por ocurrir, pero en verdad no tengo idea de lo que está por venir”, escribió.
“Pero hay una tarea que debe realizarse, y me han pedido… que esté entre quienes la lleven a cabo. ¡Estoy comprometida, en cuerpo y alma!”