Irán ejecutó a Amir Ali Mirjafari, condenado por su presunta participación en el incendio de la Gran Mezquita de Gholhak, en Teherán, durante las protestas de enero, según informó el poder judicial del país.
De acuerdo con la agencia Mizan, vinculada al poder judicial, Mirjafari fue acusado de provocar el incendio en ese templo y también de colaborar con el Mossad, el servicio de inteligencia israelí.
Con esta ejecución, ya son ocho los hombres ahorcados en poco más de un mes por causas vinculadas a las manifestaciones de enero.
Organizaciones de derechos humanos sostienen que la República Islámica está recurriendo a la pena capital para sembrar miedo en la sociedad y que, en paralelo a la guerra contra Estados Unidos e Israel, ha incrementado las ejecuciones de presos políticos.
“Al vincular sin fundamento su participación en las protestas de enero con Israel y EE. UU., la República Islámica continúa con su estrategia de presentar los disturbios civiles internos como espionaje extranjero para acelerar la ejecución de los manifestantes”, afirmó la ONG Iran Human Rights, con sede en Noruega.






