Estados Unidos suspendió de forma indefinida la entrega a Japón de los primeros 400 misiles de crucero RGM-109 Tomahawk, según informó el Financial Times, que citó a varias personas familiarizadas con las conversaciones. La demora se produce en medio de una escasez en la Armada estadounidense atribuida al consumo de municiones durante la campaña de 39 días contra Irán.
De acuerdo con esa información, el secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, comunicó la decisión a comienzos de mayo a su homólogo japonés, Shinjiro Koizumi. El aplazamiento afecta a uno de los principales programas de Tokio para incorporar capacidades de ataque de medio y largo alcance en sus fuerzas navales.
La entrega de los Tomahawk a Japón queda suspendida sin fecha mientras Estados Unidos enfrenta presión sobre sus inventarios de misiles tras la campaña militar contra Irán, según la información citada por el Financial Times.
El retraso afecta la integración del Tomahawk en la flota japonesa
Japón avanzaba en la adaptación de sus destructores para operar el Tomahawk como parte de una modernización orientada a incorporar capacidad de ataque de precisión. En marzo, el destructor JS Chokai se convirtió en el primer buque japonés en completar la modificación y el entrenamiento de su tripulación para emplear estos misiles.
El especialista en seguridad asiática Zack Cooper, del American Enterprise Institute, vinculó la medida con un cambio de prioridades del Pentágono. Según Cooper, pese a las promesas de priorizar Asia, el Departamento de Guerra está concentrando recursos en Oriente Medio, lo que prolongaría el impacto de la guerra contra Irán sobre aliados y socios asiáticos.

La adquisición japonesa de Tomahawk forma parte de un cambio más amplio en la doctrina de defensa del país. Durante décadas, la estrategia naval japonesa estuvo centrada en guerra antisubmarina, defensa antiaérea y defensa antimisiles. La incorporación de armamento de ataque terrestre marca una diferencia respecto de esa orientación tradicional.
La guerra contra Irán presiona los inventarios de misiles de EE. UU.
La presión sobre las existencias estadounidenses comenzó a hacerse visible hacia la última semana de marzo. Según el texto fuente, se estimaba entonces que la Armada había empleado cerca de 1.000 misiles Tomahawk de un arsenal total calculado entre 3.000 y 4.500 unidades.
Fuentes del Pentágono expresaron preocupación por el ritmo de consumo. Funcionarios citados por The Washington Post señalaron que el agotamiento de municiones escasas y de alto coste se había convertido en un asunto cada vez más relevante para el Departamento de Guerra.
Analistas estimaron que Estados Unidos atacó más de 6.000 objetivos iraníes durante los primeros 10 días de operaciones, casi todos con armamento costoso de alcance más allá de la línea de visión. El Tomahawk es el principal misil de la Armada estadounidense para ataques terrestres de medio y largo alcance y está integrado en destructores, cruceros y submarinos de ataque.

La capacidad de reposición estadounidense es limitada. En años anteriores, la Armada compró Tomahawk a un ritmo aproximado de 50 unidades anuales. Con ese ritmo, recuperar reservas agotadas en miles de misiles podría requerir varios años, incluso con aumentos de producción y restricciones a las exportaciones.
Japón acelera capacidades ofensivas pese a la controversia interna
El cambio doctrinal japonés ha avanzado con rapidez desde finales de la década de 2010. La adquisición de medios adecuados para ataques profundos en territorio hostil ha generado controversia interna por la constitución pacifista del país, aunque ha recibido respaldo en gobiernos occidentales.
La evolución japonesa contrasta con las armadas de Estados Unidos y Australia, que han integrado Tomahawk en destructores AEGIS durante décadas. Corea del Sur también incorporó misiles de crucero autóctonos en sus propios buques, mientras Japón aceleró más tarde la adopción de capacidades de contraataque.
El retraso de los Tomahawk obliga a Tokio a gestionar una brecha entre sus planes de modernización y la disponibilidad real de armamento estadounidense. Según la información disponible, no se comunicó una nueva fecha para la entrega de los primeros lotes.
Los retrasos también afectan a Taiwán y aliados europeos

La escasez no se limita a los Tomahawk. La guerra contra Irán también redujo reservas de misiles PrSM, interceptores Patriot, THAAD, SM-3 y SM-6, bombas penetrantes GBU-57 y otros sistemas. En algunos casos, el agotamiento fue descrito como mayor que en el arsenal de misiles de crucero.
Japón no es el único cliente afectado. El 22 de mayo, el secretario interino de la Armada de Estados Unidos, Hung Cao, confirmó la suspensión temporal de entregas de equipos de defensa por valor de 14.000 millones de dólares a las Fuerzas Armadas de la República de China, lo que podría agravar demoras previas.
Para diciembre de 2025, los atrasos en equipos militares estadounidenses no entregados a la República de China ya superaban los 21.450 millones de dólares. Japón también acumulaba problemas anteriores: la Junta de Auditoría japonesa reveló en enero que material militar comprado a Estados Unidos mediante el programa de Ventas Militares al Extranjero, valorado en unos 1,1 billones de yenes, equivalentes a 6.900 millones de dólares, aún no había sido entregado tras más de cinco años.

Washington también comunicó a varios aliados europeos que debían prever demoras en entregas de equipos militares por el agotamiento provocado durante la guerra. Desde finales de marzo, informes señalaron que el Departamento de Guerra planeaba redirigir suministros originalmente destinados a Ucrania para apoyar el esfuerzo bélico contra Irán.
Hegseth sostuvo entonces que reponer los arsenales estadounidenses usados en los ataques contra Irán tenía prioridad sobre el suministro a Ucrania. Las Fuerzas Armadas estadounidenses también retiraron sistemas THAAD y Patriot desplegados en Corea del Sur para redesplegarlos en Oriente Medio, una decisión que alimentó en Seúl llamados a reducir la dependencia de Estados Unidos en materia de seguridad.