Las nuevas proyecciones climáticas de Naciones Unidas señalan que es muy probable que la Tierra supere varias veces en los próximos cinco años el umbral internacional de calentamiento considerado clave para limitar los impactos más graves del cambio climático. El informe también anticipa una alta probabilidad de que el planeta registre un nuevo récord de año más caluroso.
La Organización Meteorológica Mundial y la Oficina Meteorológica del Reino Unido estiman que existe un 75 % de probabilidades de que la temperatura media global entre 2026 y 2030 supere los 1,5 grados Celsius respecto de la era preindustrial. Ese límite fue incorporado como referencia central en el Acuerdo de París de 2015 y se mide como promedio climático a largo plazo, no por un solo año aislado.
La Tierra se acerca a un nuevo periodo de calor extremo con una probabilidad elevada de superar los 1,5 °C en varios años antes de 2030 y de batir el récord de temperatura global establecido en 2024.
El informe advierte que un planeta más cálido por la quema de carbón, petróleo y gas implica fenómenos meteorológicos más extremos, entre ellos inundaciones, sequías y olas de calor. La OMM proyecta además un sobrecalentamiento del Ártico y condiciones más cálidas y secas en la Amazonía, una región decisiva para absorber dióxido de carbono de la atmósfera.
Alta probabilidad de superar el límite climático de 1,5 °C
La OMM calcula que hay un 91 % de probabilidades de que al menos uno de los próximos cinco años supere el umbral de 1,5 grados Celsius. También estima en un 86 % la probabilidad de que uno de esos años sea más caluroso que 2024, que actualmente mantiene el récord de temperatura global anual.
De aquí a 2030, cada año podría situarse entre 1,3 y 1,9 grados Celsius por encima de los niveles de finales del siglo XIX. Aunque el umbral de 1,5 °C no implica un punto de colapso inmediato, los científicos advierten que cada décima adicional aumenta los riesgos para la salud humana, la seguridad alimentaria, la biodiversidad, los glaciares y los arrecifes de coral.
Melissa Seabrook, científica climática de la Oficina Meteorológica del Reino Unido y coautora del informe, explicó que ese límite “no es una especie de precipicio” del que el mundo vaya a caer de golpe. Sin embargo, subrayó que cada 0,1 grados tiene un impacto cada vez más grave, en referencia al aumento de daños asociados al calor extremo.
La científica climática Friederike Otto, del Imperial College de Londres, advirtió que uno o más años por encima de 1,5 °C implican una mayor probabilidad de episodios tan cálidos, húmedos o secos que superen lo previsto por la planificación urbana, la agricultura y los sistemas de respuesta actuales. Esa combinación podría traducirse en más muertes, crisis de precios de alimentos e incendios forestales más intensos.
El Niño podría impulsar nuevos récords de calor
Las previsiones de corto plazo apuntan a la posible formación de un fuerte fenómeno de El Niño, un calentamiento natural de zonas del Pacífico central que altera los patrones meteorológicos globales y suele impulsar picos de temperatura. El informe de la OMM señala que este episodio podría prolongarse hasta 2028.
Por esa razón, Seabrook indicó que 2027 podría superar el récord de calor registrado en 2024. Si la media de los próximos cinco años rebasa los 1,5 °C frente a la era preindustrial, el planeta habría sumado aproximadamente un cuarto de grado Celsius en una década, un ritmo superior al observado en etapas anteriores, más cercano a dos décimas de grado por década.
El posible aumento de la velocidad del calentamiento global es objeto de debate entre los científicos climáticos. Si estas proyecciones se cumplen, reforzarían las preocupaciones de quienes observan una aceleración del ritmo de cambio en el sistema climático.
Ártico y Amazonía concentran riesgos críticos
Las proyecciones se basan en el promedio de unas 200 simulaciones por computadora realizadas con 13 modelos climáticos de distintos países. Esos cálculos muestran que el Ártico se calienta 3,5 veces más rápido que el resto del planeta, en parte porque la pérdida de nieve y hielo reduce la capacidad de reflejar la radiación solar hacia el espacio.
La OMM prevé que el Ártico se caliente casi 1,66 grados Celsius adicionales de aquí a 2030. Los inviernos árticos entre 2020 y 2025 ya fueron, en promedio, 1,2 grados Celsius más cálidos que la media de 1991-2020. Para los próximos cinco inviernos, la organización proyecta un calentamiento medio de 2,8 grados Celsius sobre esa referencia reciente.
La reducción del hielo marino en verano también continuaría. Seabrook describió este proceso como un círculo vicioso: a medida que sube la temperatura, se derrite más hielo marino, lo que reduce la reflexión solar y agrava todavía más el calentamiento regional.
El informe también anticipa condiciones inusualmente cálidas y secas en la cuenca del Amazonas. Ese escenario elevaría el riesgo de incendios forestales y pondría bajo presión a comunidades que dependen de la región para el abastecimiento de agua. La amenaza principal es que la Amazonía, actualmente una defensa natural al absorber dióxido de carbono, pueda convertirse en una zona que agrave el problema climático.
Sequías, inundaciones y presión sobre los sistemas alimentarios
La OMM también prevé que el Sahel africano, una zona que ha sufrido sequedad persistente, reciba más lluvias de lo normal. Aunque eso podría aliviar algunas condiciones de sequía, también aumenta el riesgo de inundaciones en territorios vulnerables.
El responsable climático de Naciones Unidas, Simon Stiell, afirmó que los esfuerzos globales para frenar el cambio climático no han sido suficientes. Señaló que el calentamiento global sigue avanzando más rápido que las medidas aplicadas para contenerlo, mientras olas de calor en Europa, India y otras regiones evidencian los impactos humanos y económicos de seguir quemando grandes cantidades de carbón, petróleo y gas.
Stiell advirtió que los países ya pagan un alto precio por la crisis climática, ya sea mediante olas de calor extremo, megatormentas, inundaciones, incendios forestales a gran escala o sequías que afectan el suministro y los precios de los alimentos. La advertencia central del informe es que los impactos no quedan reservados al futuro: ya se manifiestan y podrían intensificarse antes de 2030.