Teherán está hoy llena de dolientes, pero analistas —e incluso altos cargos iraníes— advierten de que la magnitud de la multitud no debe interpretarse como una muestra directa de apoyo popular a la continuidad del régimen teocrático.
“Si alguien piensa que esto es una prueba de fuego para la popularidad de la República Islámica, la historia nos dice lo contrario. Es un funeral, y los iraníes saben organizar muy bien los funerales”, afirmó Ali Ansari, profesor de historia moderna en la Universidad de St. Andrews, en Escocia.
Reuters habló con asistentes a las concentraciones que dijeron haber acudido solo como espectadores o por un sentido de deber religioso en un país de fuerte tradición musulmana chií, más que como expresión de lealtad política.
“Mi presencia no significa que sea partidario del régimen; este gran acontecimiento ha tenido lugar en mi país y quería ser testigo de la historia”, dijo Hamidreza, un profesor jubilado de 63 años de Teherán que pidió no revelar su apellido y afirmó que siempre asiste a los funerales de figuras nacionales destacadas.
Reuters no pudo verificar de inmediato el número de asistentes, aunque las imágenes captadas con drones parecen mostrar a cientos de miles de personas.
Las autoridades cuentan con una base sólida de apoyo ideológico que los analistas suelen estimar en torno al 15-20 % de la población de 93 millones de habitantes, a partir del respaldo obtenido por candidatos de línea dura en las elecciones. En los últimos comicios presidenciales, celebrados en 2024, el candidato de línea dura Saeed Jalili recibió alrededor de 13,5 millones de votos.
El funeral constituye un acontecimiento nacional excepcional: es el primero de un líder supremo desde 1989, cuando fue enterrado el predecesor de Jamenei, el ayatolá Ruhollah Jomeini, padre de la revolución de 1979, en un contexto de intenso fervor ideológico. Su sepelio, realizado dos días después de su muerte, convocó a millones de personas en escenas que por momentos rozaron el caos.
Jamenei, muerto el 28 de febrero, no pudo ser enterrado antes debido a la guerra, pese a que las normas islámicas exigen celebrar el funeral con rapidez. El retraso, sin embargo, también dio a las autoridades tiempo para preparar una gran ceremonia de Estado.
Los actos de esta semana son además las primeras conmemoraciones públicas desde el final de una guerra que los partidarios de la República Islámica consideraban existencial.
“Si no respetamos a nuestros líderes, el mundo no nos respetará”, afirmó Houshang Dabiri, de 51 años, al explicar que viajó desde Shiraz a Teherán para asistir al funeral.
Una fuente de alto rango reconoció que la gente acude por distintas razones, entre ellas el deber religioso y el apoyo al Estado. También señaló que muchas de las personas presentes en las calles son las mismas que suelen participar en manifestaciones organizadas por las autoridades para respaldar campañas y políticas oficiales.






