Durante la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara el 7 de julio de 2026, el presidente Donald Trump anunció su intención de levantar las sanciones contra Turquía y reconsiderar la venta de aviones F-35 a ese país.
La iniciativa, anunciada tras una reunión privada entre Trump y Recep Tayyip Erdogan, supone un cambio radical en la política estadounidense. Para que el proyecto avance, Turquía deberá resolver ahora el entramado jurídico y de seguridad que surgió a raíz de la compra del sistema S-400 y evaluar soluciones prácticas para retirarlo de servicio. Según medios turcos, ya se ha encontrado una vía para hacerlo.
En 2019, Washington expulsó a Turquía del programa F-35. El Pentágono explicó entonces que resultaba imposible compatibilizar el sistema S-400 con los aviones F-35, debido al riesgo de que Moscú mejorara su capacidad para detectar los cazas furtivos estadounidenses. Turquía, que tenía previsto adquirir 100 F-35 y convertirse en uno de los principales proveedores del programa, con más de 900 componentes, quedó excluida.
El principal obstáculo para que Turquía regrese al programa es ahora la ley CAATSA, una norma estadounidense de 2017 destinada a sancionar a los países que celebran acuerdos de defensa con Rusia. El mes pasado, el senador Marco Rubio afirmó que el Gobierno estadounidense está obligado a cumplir esa ley, lo que plantea a Erdogan un problema jurídico. Entre las opciones examinadas figuran la transferencia de las baterías S-400 a un tercer país o su desactivación completa. Todavía no se ha adoptado una decisión definitiva, pero la actividad diplomática entre ambos mandatarios revela el nuevo rumbo.
Al mismo tiempo, Erdogan aprovecha este impulso para reposicionar a Turquía. Funcionarios turcos sostienen que la importancia del país ha aumentado debido a su papel en la guerra de Ucrania y a su condición de punto de tránsito estratégico para el comercio con Irán y en torno a la Franja de Gaza.
En Israel, la reacción ha sido contenida, pero firme. El primer ministro Benjamin Netanyahu declaró en una entrevista con CNN que la ejecución del acuerdo alteraría el equilibrio militar en Oriente Medio. La oposición israelí se basa en el deterioro de las relaciones con Erdogan desde el 7 de octubre, que incluye sus ataques verbales y la suspensión del comercio con Israel. Grecia también sigue con atención los acontecimientos ante el temor de que se altere el equilibrio estratégico en el mar Egeo.
La iniciativa de Trump y la disposición de Erdogan muestran el modo de actuación del actual Gobierno estadounidense, que concede prioridad a las relaciones personales y a la lealtad por encima de los procedimientos institucionales. Durante las conversaciones que Mark Rutte mantuvo con Trump en Ankara, se planteó que Turquía invirtiera miles de millones de dólares en la adquisición de equipamiento militar, con el objetivo de destinar el 5 % del producto interno bruto al gasto en defensa para 2035.
El desafío pendiente tiene dos dimensiones: superar los obstáculos legales en el Congreso y garantizar que Estados Unidos no parezca dispuesto a “olvidar” el acuerdo de Turquía con Rusia a cambio de intereses diplomáticos temporales. El éxito de la iniciativa dependerá de la capacidad de Ankara para aplicar una solución respecto de los S-400 y ofrecer garantías de seguridad que reduzcan la oposición de los aliados regionales.
