El desarrollo de cohetes con propulsores reutilizables y la puesta en marcha de una estación orbital propia no son los únicos hitos recientes de la República Popular China. El país asiático avanza actualmente en un amplio abanico de misiones que consolidan su rol como un actor insoslayable en la exploración del cosmos, tanto dentro como fuera de la órbita terrestre.
Prueba de esta expansión es la reciente llegada de un vehículo espacial a las inmediaciones de Kamo’oalewa, un cuerpo rocoso catalogado como uno de los siete “cuasisatélites” terrestres conocidos. Con este acercamiento a escasos kilómetros del asteroide, el gigante asiático se posiciona como el primer país en visitar dicho objeto.
La sonda china Tianwen-2 ya se encuentra cerca de Kamo’oalewa, un pequeño cuasisatélite terrestre, y busca estudiar su estructura antes de intentar recolectar material superficial.
Space.com reportó que la sonda Tianwen-2, que despegó en mayo de 2025, orbita en la actualidad a una distancia aproximada de 20 kilómetros de la roca. Esta posición le permitió capturar y enviar la primera imagen detallada que se tiene de Kamo’oalewa.
Para llegar hasta este cuerpo celeste —que apenas mide unas decenas de metros de diámetro—, el aparato navegó alrededor de 1.000 millones de kilómetros durante 400 días, de acuerdo con la agencia de noticias estatal Xinhua. A partir de ahora, la misión dedicará gran parte del año a volar junto al asteroide para estudiar su estructura y composición. Finalizada esa fase exploratoria, el equipo ejecutará maniobras de “contacto y retirada” y de “anclaje y fijación” con el propósito de recolectar material superficial.
Completar esta extracción colocaría a la potencia asiática como la tercera nación capaz de traer a la Tierra fragmentos de un asteroide. Además, podría marcar un hito inédito si logra ejecutar el método de anclaje y fijación, una técnica que requiere amarrar el aparato a la roca espacial para luego utilizar un taladro ultrasónico sobre el terreno.
La complejidad técnica de alcanzar Kamo’oalewa
Más allá del desenlace de la recolección, el nivel de exactitud requerido para esta operación ya garantiza un mérito técnico innegable. Cristina Thomas, experta en ciencias planetarias de la Universidad del Norte de Arizona, resumió el logro en declaraciones al New York Times: “Kamo’oalewa es el objeto más pequeño que los seres humanos han visitado con una nave espacial”.
Un observatorio de rastreo ubicado en Hawái descubrió este cuerpo en abril de 2016. La comunidad científica lo clasifica dentro del grupo de los siete cuasisatélites: rocas que mantienen una órbita ligada a la Tierra, pero a una distancia tan amplia que no califican como verdaderos satélites naturales. Aunque la nave Tianwen-2 tiene el encargo de calcular la masa exacta del asteroide, el reducido tamaño del objetivo ya representa un enorme reto logístico para los controladores de la misión.
A este desafío se suma la vertiginosa rotación del asteroide, que da un giro completo sobre su propio eje cada treinta minutos terrestres, aproximadamente. Ese dinamismo acota el ya estrecho margen de operación y obliga a calcular con absoluta sincronía cualquier contacto. Al mismo tiempo, el vehículo espacial pesa cerca de dos toneladas, por lo que su aproximación debe ejecutarse con sumo cuidado; un acercamiento brusco podría desviar la trayectoria original de Kamo’oalewa.
Atrapar un fragmento de este peculiar cuerpo espacial implicará sortear múltiples obstáculos mediante meses de calibración milimétrica en el espacio. No obstante, los antecedentes recientes confirman que la infraestructura espacial de China cuenta con el nivel de madurez necesario para ejecutar un proyecto de esta complejidad técnica.