Según The New York Times, el avión presidencial estadounidense despegó el mes pasado con numerosos funcionarios del Gobierno y periodistas a bordo, mientras Donald Trump era trasladado en secreto desde el Air Force One a otra aeronave ante la amenaza de un ataque iraní. La maniobra convirtió potencialmente a quienes permanecieron en el avión en objetivos expuestos al riesgo.
Entre los pasajeros se encontraban el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent. También viajaban sus principales asesores, Stephen Miller y Steven Cheung.
Joe Lockhart, quien fue secretario de prensa de la Casa Blanca durante la presidencia de Bill Clinton, cuestionó la decisión en declaraciones al periódico. “Parecía que no les importaba nadie más que el presidente y las pocas personas que lo acompañaban”, afirmó. Lockhart añadió: “Nos esforzamos al máximo para garantizar la protección del mayor número posible de personas, especialmente civiles, y que no fueran utilizadas como escudos humanos. Ni siquiera lo consideraron”.
Joseph W. Hagin, quien fue asesor del expresidente George W. Bush, ofreció una valoración distinta de la operación. “Comprendo la preocupación por quienes viajaban en el que se suponía que era el avión principal”, dijo. A su juicio, quienes trabajan en la Casa Blanca o acompañan al presidente aceptan un nivel considerable de riesgo. Además, explicó que informar a todos los involucrados sobre la operación habría podido comprometer la seguridad presidencial.






