Prestar atención de forma consciente a una zona dolorida redujo la inflamación aguda con mayor rapidez que intentar distraerse del malestar, según un estudio de la Universidad Bar-Ilan publicado en Nature Human Behaviour. Cerca del 90 % de los participantes presentó una respuesta inflamatoria menor cuando concentró su atención en la zona afectada.
La investigación, supervisada por Liron Rozenkrantz, profesora asistente de la Facultad de Medicina Azrieli, y dirigida por Nofar Mizrachi, examinó si el foco de atención podía modificar una respuesta inflamatoria mientras esta se encontraba en curso. También participó Menachem Rottem, jefe del Servicio de Alergología, Asma e Inmunología del Centro Médico Emek, en Afula.
El experimento incluyó a 57 personas de entre 20 y 45 años. Los investigadores les provocaron una inflamación aguda en la piel mediante una prueba con histamina similar a las utilizadas para detectar alergias. La reacción produce en pocos segundos un bulto y enrojecimiento alrededor de la zona y suele desaparecer en unos 20 o 30 minutos.
Durante las pruebas, los participantes debían concentrarse en las sensaciones procedentes del brazo afectado o distraerse viendo vídeos. Si perdían la concentración, recibían instrucciones para volver a dirigirla hacia la zona inflamada o hacia la pantalla, según la condición asignada.
El equipo midió el enrojecimiento y la hinchazón en seis momentos a lo largo de 20 minutos y registró, además, la temperatura de la piel, la respiración, el pulso y la frecuencia cardíaca.
Las diferencias aparecieron al cabo de un minuto
“Los resultados mostraron diferencias significativas al cabo de un minuto”, indicaron los investigadores. “Casi el 90 % de los participantes presentó una menor inflamación cuando le prestaban atención; en esos casos, la hinchazón total y el enrojecimiento resultaron aproximadamente 1,5 veces menores en comparación con los momentos en que se distraían”.
Rozenkrantz explicó que el trabajo partió de una pregunta sobre la capacidad de los procesos cognitivos para intervenir en respuestas corporales que habitualmente se consideran automáticas. “Solemos considerar el sistema inmunitario, las lesiones o la resolución de la inflamación como procesos autónomos que no requieren la intervención de ninguna función cognitiva superior”, señaló.
“Pero ¿qué ocurre si la mente se centra en el dolor? ¿Acaso dirigir el cerebro hacia la lesión repercute de verdad en su curación? Eso es algo que nunca antes se había estudiado en seres humanos”, añadió. A partir de los resultados, sostuvo que “nuestros procesos cognitivos pueden influir en la forma en que el cuerpo se regula a sí mismo” y que “sentir dolor sí contribuye al proceso de curación”.
La investigadora relacionó el planteamiento con el efecto placebo, en el que las expectativas de una persona pueden acompañar cambios en su estado físico. “La gente conoce el efecto placebo, que ocurre cuando alguien recibe un medicamento falso, pero cree que es real y mejora”, explicó.
Rozenkrantz calificó la magnitud de los resultados como inusual dentro de su experiencia. “He estudiado a seres humanos durante más de veinte años, y este ha sido el efecto más sorprendente que he visto jamás”, afirmó.
La atención puede alterar una respuesta inmunitaria en curso
Asya Rolls, profesora de neurociencia en la Escuela de Neurobiología, Bioquímica y Biofísica de la Universidad de Tel Aviv y ajena al proyecto, destacó el diseño experimental. “Se trata de uno de los estudios más ingeniosos y fascinantes realizados en seres humanos, y podría abrir nuevas posibilidades de tratamiento basadas en la forma en que el cerebro y el sistema inmunitario interactúan”, declaró.
Rolls señaló que ya se conocían efectos del estrés, las expectativas, el condicionamiento y el sistema nervioso autónomo sobre la inmunidad, pero consideró que el trabajo aporta un elemento adicional. “Este estudio da un paso más allá al demostrar que la atención, algo que podemos controlar de forma activa, es capaz de alterar una respuesta inmunitaria en curso”, afirmó.
También destacó que los investigadores modificaron experimentalmente el foco de atención de una misma persona mientras mantenían sin cambios el estímulo inflamatorio, un diseño que, a su juicio, permite establecer mejor la relación causal observada.
Quieren estudiar si el efecto se repite en otros procesos de recuperación
Los autores plantean estudiar si el mismo mecanismo puede intervenir en otros procesos de recuperación y contemplan la posibilidad de incorporar ejercicios de atención dirigida a tratamientos de enfermedades autoinmunes y afecciones inflamatorias crónicas.
“Si alguien se somete a una cirugía y tiene cicatrices o puntos de sutura, ¿prestar un poco más de atención al dolor ayudaría a que las cicatrices se curen mejor?”, planteó Rozenkrantz. La investigadora señaló que esas aplicaciones todavía forman parte de las preguntas abiertas derivadas del estudio.










