El exprimer ministro Ehud Olmert condenó las acciones de Israel en Judea y Samaria. Una docena de países, con Gran Bretaña al frente, impusieron sanciones a personas vinculadas a la actividad en los asentamientos y esta medida recibió un claro respaldo. La situación en los territorios representa un intento de limpieza étnica ejecutado por grupos de criminales que de forma sistemática atacan, saquean, destruyen, queman y matan a los palestinos residentes en esas zonas.
El mando militar y el gobierno brindan un apoyo directo a esta violencia. Cientos de personas ejecutan estos actos con el amparo de miles de individuos dentro del sistema y del entorno civil. La policía y unidades del ejército prestan asistencia activa y constante, bajo la inspiración y el soporte de los ministros del gobierno. Figuras como Ben Gvir y Smotrich encarnan esta política brutal, aunque otros líderes políticos también participan en ella.
Las fuerzas de seguridad actúan de forma discriminatoria en sus políticas de detención. El ministro de Defensa ordenó paralizar las detenciones administrativas para ciudadanos judíos. Ante actos de terrorismo de judíos contra palestinos, las autoridades policiales y militares acuden al lugar y de manera inexplicable arrestan únicamente a los palestinos afectados por los delitos.
La jefatura del Estado Mayor de las FDI asume la responsabilidad de los sucesos sobre el terreno como autoridad soberana. El derecho internacional delega la administración del territorio al ejército. Esta falta de comprensión podría convertir al jefe del Estado Mayor en blanco de la Corte Penal Internacional de La Haya. Las medidas disponibles en su cargo deben aplicarse sin dudar para frenar estos crímenes y evitar consecuencias legales internacionales.










