La posible toma hutí de Mocha, en la costa del mar Rojo, cambiaría de forma sustancial el equilibrio en Bab el-Mandeb. Hasta ahora, la capacidad de los hutíes para interrumpir el tráfico marítimo depende sobre todo de drones y misiles antibuque lanzados desde posiciones más alejadas de la costa.
Ese método tiene límites claros. Los misiles antibuque son relativamente costosos y su disponibilidad es reducida. Además, su empleo requiere radares y sistemas ELINT para detectar y analizar emisiones electromagnéticas. Esos equipos pueden quedar expuestos al fuego estadounidense. Por eso, la frecuencia de los ataques es baja y el número de impactos efectivos es aún menor.
El escenario sería distinto si los hutíes controlaran puntos de la costa y las islas del estrecho. Desde esas posiciones, una unidad con misiles antitanque Kornet, u otro sistema comparable, podría amenazar directamente a los buques que cruzan la zona. La observación visual bastaría para localizar objetivos cercanos, sin necesidad de radares ni de misiles antibuque de mayor coste.
El control físico de esas posiciones también abriría otras opciones. Los hutíes podrían emplear embarcaciones explosivas no tripuladas, lanchas rápidas para abordar barcos o minas navales dentro del estrecho. Ese conjunto de medios permitiría ejercer una presión mucho más directa sobre una ruta marítima estrecha y muy transitada.
El tráfico por Bab el-Mandeb ya se redujo de forma considerable desde el inicio de la guerra, pero cientos de barcos todavía cruzan el paso, incluidos buques vinculados a Arabia Saudita. Por eso, un cambio en el control de la costa tendría efectos que superarían el ámbito local.
Mientras Irán pierde parte de su capacidad de presión en el estrecho de Ormuz, un dominio hutí más firme sobre Bab el-Mandeb podría devolverle una parte de esa influencia indirecta. La amenaza sobre esta vía permitiría alterar el flujo de mercancías y petróleo, con consecuencias para los mercados internacionales.










