Rom Braslavski, sobreviviente del cautiverio en Gaza, habló este jueves sobre el año que ha vivido después de pasar dos años secuestrado. En una entrevista en el programa Los Patriotas, describió las secuelas físicas y psicológicas que aún afronta, comentó el clima social en Israel tras el 7 de octubre y descartó, por ahora, una carrera política.
Al preguntarle cómo se encuentra, respondió que su referencia básica es seguir con vida. Explicó que intenta afrontar cada día por separado, sin presentar su recuperación como un proceso fácil.
Antes de la entrevista había asistido a una sesión con su psicólogo. Contó que el tratamiento exige reconstruir durante horas lo que sufrió en cautiverio, incluidos episodios de tortura y otras experiencias extremas. Calculó que llevaba unas once sesiones, una por semana, de alrededor de tres horas cada una. También habló de gritos, recuerdos intensos y otros estímulos que reactivan el trauma.
Braslavski dijo que para él la valentía no se limita al combate. Considera también un acto de responsabilidad aceptar tratamiento psicológico y afrontar de forma consciente las consecuencias del trauma. Explicó que lo hace por sí mismo y también por la sociedad que rezó y luchó por el regreso de los rehenes.
Sobre las fotografías de viajes, salidas y actividades que publica en redes sociales, advirtió que esas imágenes pueden dar una impresión engañosa. Dijo que una sonrisa o una fotografía desde el extranjero no eliminan lo ocurrido en Gaza. Las cicatrices que conserva en el cuerpo hacen que acciones cotidianas, como ducharse, le recuerden los dos años de sufrimiento.
Durante el programa se mostró un video de una mujer que lo atacó por haber expresado apoyo a Mordechai David. Ella aseguró que había participado muchas veces en protestas por su liberación y lo acusó de ingratitud. También lo insultó. Braslavski respondió que el video le parecía útil porque, a su juicio, mostraba una forma de apropiación política de la causa de los rehenes.
Recordó protestas en las que aparecía una fotografía suya, muy delgado durante el cautiverio, junto a una imagen de Benjamin Netanyahu representado como un demonio y mensajes que lo acusaban de matar niños. Dijo que ese uso de su imagen le molestó y que, aunque consideró que los insultos de la mujer podrían justificar una demanda, decidió no iniciar una acción legal.
Braslavski rechazó además la idea de que quienes participaron en protestas, rezaron por él o apoyaron alguna iniciativa puedan reclamar una deuda personal por su regreso. Desde su perspectiva religiosa, atribuye en primer lugar su supervivencia al Santo, bendito sea. Añadió que agradece a los soldados israelíes y mencionó también a Donald Trump, las negociaciones y al primer ministro entre los factores que contribuyeron a su liberación.
Aclaró, sin embargo, que no considera que esa gratitud lo obligue políticamente con nadie. Señaló que fue secuestrado mientras el Estado, el Gobierno, las FDI y las autoridades religiosas ya existían, y que después recibió ayuda de esas mismas estructuras para recuperar la libertad.
Al recordar la situación pública anterior a su regreso, volvió a criticar la utilización de los rehenes en mensajes partidistas. Relató que, durante una entrevista con Itamar Ben Gvir, le propuso usar el pin de los rehenes. Ben Gvir le respondió que no podía identificarse con ese símbolo. Braslavski dijo que después entendió esa reacción porque, en su opinión, un asunto que debía unir a la sociedad quedó asociado a disputas políticas.
Como ejemplo, mencionó imágenes de Shani Louk acompañadas por mensajes que responsabilizaban directamente a Netanyahu de su muerte. Para Braslavski, convertir los asesinatos, secuestros y demás atrocidades del 7 de octubre en instrumentos de confrontación partidista degrada una cuestión que considera sagrada para Israel.
También habló del cambio religioso que experimentó durante el cautiverio. Dijo que, después de varios episodios en los que estuvo cerca de morir, llegó a la convicción de que no estaba solo en Gaza. Recordó un caso en el que un proyectil explotó junto a un edificio cercano y un fragmento de vidrio quedó a muy poca distancia de su cuello. También evocó otro episodio en el que, según su relato, unos minutos de diferencia pudieron costarle la vida.
Tras esas experiencias decidió acercarse a la práctica religiosa. Afirmó que desde su regreso procura observar el Shabat y las festividades. También reconoció que no se considera justo ni libre de faltas, y presentó su conducta actual como un esfuerzo personal.
Braslavski explicó que usa sobre todo Twitter para difundir contenidos sobre Israel y mantener presente la memoria del 7 de octubre. Dijo que publica fotografías de víctimas y materiales sobre Gaza, incluidos casos de niños vestidos como miembros de Hamás. Reconoció además que parte de su actividad en redes tiene un tono provocador. Cuando le preguntaron si se veía en la política, respondió que no.
Al hablar de lo que aprendió tras el cautiverio, dijo que ahora valora de otra forma problemas que antes le parecían muy duros. Recordó que, cuando era soldado, tenía dificultades económicas, de vivienda y de alquiler. Ahora, explicó, desearía que sus problemas volvieran a limitarse a ese tipo de preocupaciones.
Se definió como una persona reconocida por las FDI con discapacidad y trauma de combate. Señaló que él ha logrado levantarse y avanzar en su recuperación, pero que otros excombatientes no lo consiguen. Afirmó que durante el último mes seis personas con trauma de combate se quitaron la vida y que tres o cuatro de esos casos ocurrieron en un periodo de 48 horas. Presentó esas cifras como una señal de que el Estado debe prestar más atención a este grupo.
Su principal mensaje final no estuvo dirigido al conjunto de la sociedad israelí, sino a las personas con trauma de combate que reclaman subvenciones y tratamiento. Sostuvo que la atención que reciben es insuficiente y pidió una legislación y un sistema de apoyo más eficaces. También criticó al ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, por lo que considera una respuesta inadecuada ante esas muertes.
Braslavski extendió sus críticas al jefe del Estado Mayor y cuestionó que otras cuestiones administrativas tengan prioridad sobre la atención a quienes sufrieron trauma de combate. Recordó que algunos de esos soldados entraron a combatir con la misión de rescatar a rehenes como él.
Finalmente, advirtió que la falta de tratamiento también puede afectar a quienes sobrevivieron al cautiverio. Dijo que el Estado debe reconocer la gravedad del daño psicológico, ampliar la atención y asumir una responsabilidad sostenida hacia soldados, excombatientes y antiguos rehenes que no logran retomar una vida normal.










