Arabia Saudita ha firmado varios acuerdos de seguridad durante el último año, pero la reciente escalada con los hutíes volvió a poner a prueba el alcance práctico de esas alianzas.
En septiembre de 2025, Riad firmó un acuerdo con Pakistán. En el acto de firma se indicó que el pacto buscaba reforzar la seguridad de ambos países y contribuir a la estabilidad regional e internacional. También se estableció que una agresión contra uno de los dos sería considerada una agresión contra ambos.
Como parte de ese acuerdo, Arabia Saudita aceptó transferir $4 000 000 000 a Pakistán a cambio de armamento de producción local.
Dos meses después, Mohammed bin Salman viajó a la Casa Blanca y firmó otro acuerdo de seguridad con Estados Unidos. Washington se comprometió a ampliar la asistencia militar al reino y a aprobar en principio una futura venta de 300 tanques estadounidenses y aviones F-35.
A cambio, Arabia Saudita asumió el compromiso de dar prioridad a empresas estadounidenses en futuros proyectos nucleares civiles dentro del reino.
El tercer acuerdo importante llegó el mes pasado con la firma del llamado acuerdo de La Meca, una ampliación de la alianza de seguridad con Pakistán a la que también se incorporó Turquía. El pacto se produjo después de la operación “Rugido del León” y de ataques iraníes contra Arabia Saudita, con el objetivo de reforzar la defensa común.
Las declaraciones posteriores de los dirigentes de los países firmantes, sin embargo, mostraron diferencias sobre los objetivos y el alcance de esa cooperación.
Arabia Saudita mantiene desde 2015 una guerra con los hutíes en Yemen. A lo largo de esos años, el grupo atacó instalaciones petroleras sauditas y causó la muerte de soldados del reino, con una cifra estimada en cientos según el texto original.
Esta semana, los hutíes atacaron Taif, Yeda y La Meca. En esta última ciudad se activaron alarmas por primera vez. La respuesta internacional se limitó a condenas, entre ellas una de Pakistán, pese a que ese país había declarado antes que consideraría un ataque contra territorio saudita como una agresión contra su propio territorio.
Hasta ahora, ninguno de los países vinculados a Riad por esos acuerdos ha mostrado intención de participar en una respuesta ofensiva contra los hutíes.
Arabia Saudita optó por una vía diplomática. A través de su representante ante la ONU, pidió respeto por el derecho internacional en situaciones de conflicto y evitó anunciar una operación militar amplia basada en sus acuerdos de defensa.
Riad también recurrió a China, país con el que no tiene un acuerdo de seguridad, para pedir ayuda con el objetivo de contener a los hutíes. La iniciativa coincidió con una visita del ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, a Pekín. La intención saudita era que China ejerciera influencia sobre Irán, al que el texto original presenta como principal financiador y apoyo de los hutíes.
Además, un informe procedente del Líbano sostuvo que Arabia Saudita pidió a Omán, vecino tanto del reino como de Yemen, que ayudara a promover un alto el fuego con los hutíes. Una fuente favorable al grupo interpretó esa gestión como una señal de debilidad en la red de alianzas saudita.
La situación plantea una cuestión sobre la utilidad efectiva de los acuerdos de defensa firmados por Arabia Saudita. El reino mantiene compromisos con Pakistán, Estados Unidos y Turquía, pero ante la actual escalada ha recurrido sobre todo a gestiones diplomáticas con China y Omán.










