Dos teólogos católicos, Antoine Lévy y André Villeneuve, impulsan una iniciativa que busca articular una defensa de Israel desde dentro del catolicismo. El proyecto, denominado “For Zion”s Sake: A Catholic Appeal in Support of Israel”, surge ante lo que sus promotores consideran un aumento del rechazo a Israel y al sionismo en determinados ambientes de la Iglesia después del 7 de octubre.
La propuesta no pretende presentar al Estado de Israel como exento de crítica. Lévy y Villeneuve sostienen que un católico puede reconocer el derecho del pueblo judío a la autodeterminación en su tierra ancestral y, al mismo tiempo, someter las decisiones de cualquier gobierno israelí a evaluación moral. También rechazan que apoyar la existencia de Israel implique respaldar sin reservas todas sus políticas.
En ese marco, el documento defiende una forma de sionismo católico que separa el derecho de Israel a existir y defenderse de la adhesión política a un gobierno concreto. Sus autores añaden que esa posición debe ser compatible con la preocupación por el sufrimiento de los árabes palestinos y con el rechazo de la violencia ejercida por extremistas de cualquier sector.
Uno de los principales puntos del texto es su rechazo del supersesionismo, es decir, de la idea de que la Iglesia habría sustituido a Israel de una manera que anula la relevancia del pueblo judío. Lévy y Villeneuve recurren tanto a la Biblia hebrea como al Nuevo Testamento para sostener que la relación entre el pueblo judío, su identidad histórica y la tierra de Israel no puede darse por terminada desde una perspectiva católica.
Entre los pasajes utilizados figura Romanos 11. A partir de ese texto, los autores rechazan las actitudes de superioridad hacia los judíos y destacan la referencia de Pablo a las “ramas naturales” y al carácter irrevocable de su llamado.
La iniciativa también discute un episodio citado con frecuencia en debates católicos sobre el sionismo: el encuentro de 1904 entre Theodor Herzl y el papa Pío X. Según el diario de Herzl, el pontífice habría rechazado respaldar políticamente el retorno judío a Jerusalén porque los judíos no habían reconocido a Jesús.
Villeneuve cuestiona que esas palabras puedan presentarse como una expresión permanente de la doctrina católica. Señala que el relato procede del propio diario de Herzl y que la Iglesia nunca convirtió esa posición en una enseñanza doctrinal. Para los autores, utilizar ese episodio como prueba de que el catolicismo debe oponerse necesariamente al sionismo atribuye al encuentro un peso que no tiene dentro de la tradición oficial de la Iglesia.
Lévy sitúa ese episodio dentro de una relación histórica más amplia y sostiene que la actitud del catolicismo hacia los judíos y hacia Israel ha cambiado con el tiempo. En su lectura, distintos pontífices posteriores mostraron una mayor sensibilidad hacia la historia judía y hacia el establecimiento del Estado de Israel, mientras que en la actualidad vuelve a existir una discusión intensa dentro de la Iglesia sobre la manera de interpretar a Israel.
Los promotores del documento también critican lo que consideran un desequilibrio en parte del discurso católico posterior al 7 de octubre. Afirman que algunas voces han concentrado sus críticas en Israel mientras prestan menos atención a las amenazas que enfrenta el país, a los ataques sufridos y al aumento del antisemitismo.
Para Lévy y Villeneuve, ese vacío favorece que figuras públicas católicas presenten posiciones muy hostiles hacia Israel como si expresaran una conclusión propiamente católica. El artículo menciona en este contexto a Candace Owens y Carrie Prejean Boller, ambas críticas del sionismo. Los autores sostienen que esas opiniones no representan a la Iglesia, aunque consideran que la falta de respuestas institucionales más claras permite que adquieran mayor peso público.
Otro argumento central del proyecto es que el antisionismo puede actuar como una forma contemporánea de antisemitismo. Villeneuve considera incoherente afirmar que los dones de Dios a Israel son irrevocables y negar, al mismo tiempo, toda relevancia al retorno judío a la tierra. Lévy añade que la existencia misma del Estado de Israel obliga al catolicismo a revisar cómo entiende su propia relación con el pueblo judío.
Los autores insisten, sin embargo, en que esa postura no equivale a identificar el sionismo cristiano con expectativas sobre el fin de los tiempos, con supremacismo étnico ni con una aprobación automática de las decisiones israelíes. Su propuesta busca defender la continuidad del pueblo judío, el derecho de Israel a existir y la necesidad de una evaluación moral de sus actos en los mismos términos aplicados a otros Estados.
La iniciativa ya ha recibido adhesiones de teólogos, sacerdotes y otras figuras católicas. También abrió una sección para que personas no católicas puedan expresar su apoyo.
Lévy y Villeneuve afirman que varias de las respuestas recibidas proceden de personas que se sentían aisladas dentro de sus comunidades por mantener una posición favorable a Israel. Esperan que el documento abra un debate menos polarizado sobre el sionismo, el pueblo judío y el lugar de Israel en la reflexión católica contemporánea.
La declaración completa y la información sobre sus firmantes están disponibles a través de Catholics for Israel.










