Es fundamental prepararse para un acuerdo entre Irán y EE. UU. que abarque también el Líbano y Gaza.
Si no fuera por la siguiente frase, no estaría escribiendo esto: “Él (Netanyahu) hará todo lo que yo quiera que haga”. (El presidente Trump a los periodistas, 20 de mayo de 2026)
Y esto en comparación con las declaraciones de Trump ante la Knéset el 13 de octubre de 2025: “No es fácil, se lo aseguro. No es la persona con la que sea más fácil trabajar, pero eso es precisamente lo que lo hace grande”.
Debemos prepararnos para el reto que se nos plantea si los informes son correctos en cuanto a un acuerdo inminente entre Trump e Irán y si este se lleva a cabo.
Un acuerdo que incluya —en el mejor de los casos— una vuelta a la “tranquilidad por tranquilidad” frente a Hezbolá y Hamás, y en un escenario más realista, la paralización de las operaciones de las Fuerzas de Defensa de Israel en ambos frentes para no interferir en “la culminación y la aplicación de los logros históricos de Trump en pro de la paz”, a pesar de “las perturbaciones causadas por los enemigos de la paz que se avecina”.
Con todo el respeto y el aprecio que le tengo a Benjamin Netanyahu, no creo que él solo pueda formular y aplicar las difíciles decisiones que serán necesarias para hacer frente a este desafío.
Decisiones que volverán a convertir a Netanyahu en un líder con el que “no es fácil trabajar”, en palabras de Trump, por decirlo suavemente.
Lo que no hace falta son muchas horas de debates sin sentido, destinados únicamente a que los ministros se desahoguen. Lo que hace falta son muchas horas de debates serios que conduzcan a la decisión de que no vamos a volver a la política de “tranquilidad por tranquilidad” y de que nos proponemos llevar a cabo nuestra misión en el Líbano y en Gaza.
El Dr. Aaron Lerner dirige IMRA (Independent Media Review and Analysis), que desde 1992 ofrece noticias y análisis sobre Oriente Medio, centrándose en las relaciones árabe-israelíes.