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Los F-35 negados a Turquía estrechan más las relaciones entre Putin y Erdogan

20 de octubre de 2019
en Opinión
¿Es el fin de la OTAN si Turquía compra el caza furtivo Su-35 de Rusia?

REUTERS

Ante la crisis provocada por la decisión de Donald Trump de abrir paso a la ofensiva turca contra los kurdos sirios, los legisladores estadounidenses, republicanos y demócratas, han criticado la propuesta de su presidente de castigar a su homólogo Tayyip Erdogan y su gobierno con sanciones económicas individuales, y con penalidades al comercio de acero, que afecta apenas al 0.5% de las exportaciones turcas.

Entre las alternativas que barajan para endurecer las represalias, está la de suspender las ventas de armas a Turquía, algo que varios países europeos ya han empezado a hacer.

Pero en realidad, lo que más habría podido dolerle a Erdogan, ya sucedió en julio. Y al presidente turco no se le movió ni el bigote.

Los cazas de combate F-35 son el orgullo de Lockheed Martin, una de las compañías más poderosas del “complejo militar-industrial” sobre cuya influencia negativa Dwight Eisenhower, el expresidente estadunidense y general que comandó a las fuerzas aliadas en la Segunda Guerra Mundial, advirtió a sus compatriotas. Los portales especializados clasifican al F-35 como el mejor del mundo. Washington no deja que cualquiera lo tenga y no se puede vender ni uno sin autorización.

Turquía es uno de los privilegiados que lo va a poseer. O era, hasta hace unos meses. El gobierno estadounidense aprobó que adquiriera 100 aeronaves, con 30 de ellas para entrega este año. Su alta “invisibilidad” le permite evadir incluso a los radares de los sistemas de defensa antiaérea más avanzados del mundo. Incluso podría evadir al envidiado sistema ruso S-400.

Pero Moscú hizo ya el séptimo envío de partes para Turquía de, precisamente, el S-400. En el Pentágono no lo podían creer. A nivel político, porque el presidente turco Tayyip Erdogan le está dando un bofetón a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la alianza militar occidental de la que Turquía ha sido parte desde 1952. A nivel tecnológico, porque los S-400 vienen acompañados de militares rusos con los mayores conocimientos técnicos, y si los F-35 fueran entregados a Turquía, podrían tenerlos a la mano y descubrir cómo hacer que sus sistemas antiaéreos los detecten.

Y a nivel de orgullo nacional, porque a pesar de que el secretario de Defensa, Mark Esper, les advirtió a los turcos que ellos “pueden o tener los S-400 o tener los F-35, pero no pueden tenerlos ambos”, no demostraron mucho pesar por estar perdiendo tan magnífica oportunidad.

En lugar de lamentarse, celebraron. “Hemos empezado a recibir nuestros S-400”, declaró Erdogan el 15 de julio. “Algunos dijeron ‘no pueden comprarlos’. Si d*os quiere, estarán totalmente instalados en abril de 2020. Los S-400 son el sistema de defensa más fuerte contra quienes quieran atacar nuestro país”.

El presidente turco no se quedó ahí, anunció que la cooperación militar con Moscú será mucho más profunda: “Ahora nos proponemos producir (los S-400) en conjunto con Rusia. Lo haremos”.

F-35 VS S-400

El portal Air Force Technology describe el Lockheed Martin F-35 Lightning II como “el único avión de combate multitarea de quinta generación en el mundo”. Su “extrema agilidad” y su furtividad, junto con un paquete de sensores y su moderno armamento le conceden “una ventaja táctica sobre cualquiera otra aeronave de combate”.

Además de sus Municiones de Ataque Directo Conjunto (JDAM en inglés), tiene tres variantes: una de despegue y aterrizaje convencional; otra de despegue corto y aterrizaje en vertical y una más de despegue por catapulta.

Inesperadamente, la estrella del mercado internacional de armas de alta tecnología no es el F-35, sino el sistema S-400 que aún no lo puede detectar, pero que los compradores esperan que pronto consiga hacerlo.

Además de Turquía, también China, Arabia Saudita, India y Qatar ya han anunciado intenciones de adquirirlo. Cada uno de ellos, según reportes de prensa, han recibido presiones diplomáticas de la OTAN para que se abstengan.

Esto se debe a que el S-400 es uno de los sistemas de defensa antiaérea más avanzados, a la par con los mejores de Occidente, se considera en el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo.

Sus radares pueden vigilar los cielos hasta 600 kilómetros a la redonda, y sus misiles logran alcanzar objetivos hasta a 400 kilómetros de distancia. Es muy preciso y puede seguir un amplio número de blancos potenciales, incluidos muchos de los “invisibles” o indetectables.

Tiene una estructura modular y una alta movilidad, con traslado por carretera, lo que significa que es posible prepararlo, disparar y retirarlo en pocos minutos. Fue diseñado bajo la premisa de que sirva para todo tipo de propósitos: largo alcance, semi-largo alcance, medio alcance e incluso corto alcance.

Cuando Turquía dio a conocer su voluntad de comprar el S-400, la OTAN advirtió que no sería posible “integrarlo a la arquitectura defensiva” que utiliza la alianza. Y eso no sería lo peor: lo que más temen es que los técnicos rusos obtuvieran acceso a datos de alta confidencialidad y encontraran vulnerabilidades que después serían explotadas.

Mano dura – mano suave

Los F-35 no llegarán a Turquía, pero ese parece ser el límite del costo a pagar. Bajo la ley conocida como Combatiendo a los Enemigos de Estados Unidos Mediante Sanciones, un equipo conjunto de los departamentos de Estado y de Defensa preparó tres juegos de medidas de castigo, a partir de los cuales el presidente Donald Trump tendría que escoger al menos cinco de un total de 12, que van de suaves a severas.

Sin revelar en qué consistían esas acciones, se dijo que Trump haría esa elección por obligación legal, y que solo quería esperar a que pasara el aniversario del fallido golpe de Estado de 2016 contra Erdogan, el 16 de julio, para anunciarlas.

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Nunca lo hizo. A pesar de todas las desavenencias. A lo largo de la guerra civil en Siria, que comenzó en 2011, el gobierno de Erdogan se fue apartando de la estrategia de la OTAN, definida sobre todo por el Pentágono, y siguió una ruta acorde a sus propios intereses, que lo llevó a negociaciones directas con los principales apoyos del régimen sirio de Bashar al Assad, Rusia e Irán, marginando a sus propios socios occidentales.

Posteriormente surgieron brechas más graves: Erdogan y su exaliado clérigo Fettulah Gülen, que fue clave para romper el “estado profundo” que dominaba Turquía, rompieron y se enfrentaron a muerte, y a nivel personal, el presidente turco no perdona que Estados Unidos rechace concederle la extradición de su enemigo; a nivel estratégico, Erdogan decidió cancelar las conversaciones de paz que llevaba a cabo con su oposición armada interna, la de los kurdos, pero Washington no solo no siguió su política, sino que fortaleció su respaldo a la expresión de los kurdos en Siria, que fue el principal instrumento de combate terrestre para derrotar a la organización Estado Islámico.

Los observadores hicieron notar que Trump es veloz para enfrentar a sus propios aliados, como Canadá, la Unión Europea y México, y darles golpes comerciales, y en contraste es muy considerado con los autócratas como Erdogan. En el aniversario del golpe de Estado, en lugar de anunciar las sanciones, lo que Trump desplegó fue comprensión. El problema no era suyo ni de Erdogan, sino de su predecesor Barack Obama, dijo, por no haber llegado a acuerdos con Ankara. “He tenido una buena relación con el presidente Erdogan”, afirmó frente a la prensa. “Ellos (los turcos) están en una situación difícil y nosotros hemos quedado en una posición difícil. Debido a que ellos compraron un sistema de misiles hecho en Rusia, ahora se les prohibe comprar más de 100 aviones. Yo diría que Lockheed Martin no va a estar muy feliz. ¡Son muchos puestos de trabajo!”.

Risas y ofertas en Moscú

En septiembre, cuando las instalaciones petroleras más grandes del mundo fueron impactadas por drones en Arabia Saudita, sin que hasta la fecha se haya podido aclarar si procedían de Yemen, donde los rebeldes hutíes reclamaron la autoría, o de Irán, como sospecha Washington, en Moscú se hicieron chistes y ofertas.

“Todavía nos acordamos de los fantásticos misiles estadunidenses que fallaron hace un año, y ahora los brillantes sistemas de defensa antiaérea de Estados Unidos fueron incapaces de impedir el ataque”, declaró Maria Zakharova, del misterio ruso de exteriores.

Y el mismo presidente Putin lanzó un promocional de ventas: “Ahora los líderes saudíes tienen que tomar una sabia decisión de Estado: comprar los S-400”.

Etiquetas: EE.UU-TurquíaF-35Rusia-TurquíaS-400

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