La disputa entre Joseph Aoun y Nabih Berri complica la postura libanesa sobre Israel, mientras Arabia Saudita busca unidad, estabilidad y una distensión sin paz plena.
La disputa entre Aoun y Berri bloquea una postura común
Una grieta entre altos funcionarios libaneses ha puesto freno a los esfuerzos de Arabia Saudita para que los líderes del país definan una posición unificada sobre las negociaciones con Israel. Riad ha incrementado sus contactos en un contexto marcado por un alto el fuego frágil, mediado por Estados Unidos, que no ha logrado detener por completo la guerra de casi dos meses entre Israel y Hezbolá.
Estados Unidos aspiraba a que la tregua del 16 de abril abriera conversaciones directas sobre un eventual acuerdo entre Israel y Líbano. Ese escenario podía alterar la política interna libanesa y su papel regional. Sin embargo, los dirigentes del país continúan divididos sobre el formato de la negociación y sobre la meta final. Esa diferencia ha impedido que Beirut presente una voz única en un momento especialmente sensible.
Joseph Aoun ha defendido conversaciones cara a cara con Israel en Washington y ha sostenido que el alto el fuego debe convertirse en “acuerdos permanentes”. Aunque no ha reclamado de forma explícita un tratado de paz, dos fuentes indicaron a Reuters que en privado expresó su disposición a normalizar los vínculos con Israel con el objetivo de detener la guerra y reducir la inestabilidad.
Nabih Berri, presidente del Parlamento y aliado de Hezbolá, rechaza las conversaciones directas y mantiene una posición más cercana a la del grupo chiita. Según fuentes libanesas, Berri considera que el país debería aspirar a un pacto de no agresión con Israel, pero no a una paz plena. La confrontación entre ambos dirigentes se agravó cuando Berri acusó en público a Aoun de hacer declaraciones “inexactas, por decir lo menos”.
Claves de la disputa libanesa sobre Israel
- Aoun respalda conversaciones directas y acuerdos permanentes tras el alto el fuego.
- Berri rechaza ese formato y prefiere un pacto de no agresión sin paz plena.
- Arabia Saudita intentó reunir a Aoun, Berri y Nawaf Salam en una cita tripartita.
- La reunión no se concretó por el aumento de las tensiones entre los dirigentes.
Arabia Saudita busca estabilidad sin acelerar una paz formal
La semana pasada, el enviado saudí Yazid bin Farhan visitó Beirut para animar a Aoun, Berri y al primer ministro Nawaf Salam a fijar una posición común y exhibir unidad mediante una reunión tripartita. De acuerdo con fuentes políticas libanesas y un funcionario occidental, ese intento fracasó por el deterioro del clima interno. La presidencia libanesa informó después sobre una reunión entre Aoun y Salam, sin aludir a Berri.
La intervención saudí respondió al riesgo de inestabilidad política y también a la inquietud de Riad ante un posible avance demasiado rápido del Líbano hacia la paz con Israel. Según varias fuentes, Bin Farhan pidió y obtuvo garantías de que Hezbolá no intentaría derrocar al gobierno. Además, advirtió a los líderes libaneses que Beirut no debía adelantarse a Arabia Saudita en un eventual proceso de normalización.
La posición histórica saudí establece que el reino solo se incorporará a los Acuerdos de Abraham si existe un acuerdo sobre una hoja de ruta hacia un Estado palestino. En ese marco, Donald Trump dijo este mes que invitaría a Aoun y a Benjamin Netanyahu a la Casa Blanca para conversar. Sin embargo, Bin Farhan recomendó a las autoridades libanesas que Aoun no se reuniera pronto con el primer ministro israelí.
Aun así, Arabia Saudita sí pretende que Líbano avance hacia una distensión con Israel que reduzca la inestabilidad. El acercamiento saudí también refleja un cambio de contexto: los vínculos entre Riad y Beirut habían permanecido tensos durante años por el peso de Hezbolá en la política y la seguridad libanesas. Ahora, el reino percibe una oportunidad después de que la guerra de 2024 debilitara de forma severa al grupo respaldado por Irán.
La división política refleja una fractura más amplia en el Líbano
Las diferencias entre Aoun y Berri, que ocupan cargos asignados por un sistema confesional de reparto de poder, expresan divisiones más amplias dentro de la sociedad libanesa. Una parte de la población considera que las conversaciones directas y un acuerdo rápido representan la única vía para terminar con una larga historia de invasiones israelíes. Otra parte rechaza de plano ese camino y teme sus consecuencias políticas y sociales.
Hezbolá y buena parte de su base entre los musulmanes chiitas se oponen con firmeza a las conversaciones cara a cara y a la normalización de relaciones con Israel. Ese sector ha soportado gran parte de los ataques israelíes. A comienzos de mes, algunas personas que protestaban contra las conversaciones pidieron la caída del gobierno. La postura del grupo coincide con la de su patrocinador iraní, que busca destruir a Israel.
Los combates estallaron en el Líbano cuando Hezbolá inició ataques a través de la frontera después de que Israel y Estados Unidos lanzaran el 28 de febrero una campaña conjunta contra Irán. Según el texto original, esa ofensiva buscó desestabilizar al régimen iraní y destruir sus capacidades nucleares y de misiles balísticos. En respuesta a los cohetes de Hezbolá, Israel lanzó ataques aéreos masivos y abrió una operación en el sur libanés.
Pese al alto el fuego, la violencia no ha desaparecido. Hezbolá ha disparado cohetes contra comunidades del norte de Israel, aunque la mayoría de los ataques se ha dirigido contra tropas en el sur del Líbano o en el lado israelí de la frontera. Ese escenario mantiene la presión sobre los líderes libaneses, que intentan definir una salida política mientras persisten los choques armados y la fractura interna.