El director del Shin Bet, el general David Zini, reveló anoche, martes, por primera vez, la conversación que mantuvo con el primer ministro Benjamin Netanyahu cuando fue designado para el cargo, durante una conferencia del Instituto Argaman. “En principio, yo debía decirle que no era apto”, admitió Zini. “Le dije que dentro del servicio había personas mejores que yo”.
Zini explicó, sin embargo, por qué aceptó el nombramiento: “Le dije que sí porque, en este asunto, sentí que era muy apto: en la capacidad de ser leal al nivel político elegido. No importa cuál sea la opinión, mañana serán otros”.
Durante la conferencia, Zini criticó la relación entre el nivel político y el nivel profesional. Según afirmó, “el nivel elegido no tiene realmente la capacidad de dirigir los organismos que están bajo su responsabilidad y para los cuales fue elegido, porque hay personas que confundieron su función”. Para ilustrar la dificultad de aplicar políticas, señaló: “Los ministros pueden dar instrucciones, y pueden pasar ocho meses hasta que esa instrucción se cumpla. Esa también es una patología que hay que tratar”.
Zini describió como un desafío complejo la tensión entre impulsar una agenda propia y conservar la lealtad al nivel elegido: “Tengo una agenda, quiero promoverla, esa es mi responsabilidad: ser la locomotora. Por otro lado, debo actuar con humildad ante los representantes elegidos por el público y, en un segundo, ser el último vagón del tren. Y a muchas personas les cuesta hacer eso”.
El director del Shin Bet también se refirió al papel de los juristas en los sistemas de gobierno. Cuando afirmó que “con todo el respeto y la importancia que merecen los abogados y los juristas, son una herramienta auxiliar”, se escucharon aplausos entre el público.
Zini aclaró entonces que no pretendía restarles valor: “No lleven esto hacia ese lado. Un Estado sin un sistema judicial fuerte es un Estado en ruinas, y parte de nuestros fallos en el camino hacia Simjat Torá están relacionados con eso”. El director del Shin Bet concluyó que el problema procede de una confusión conceptual: “Hemos confundido la esencia con el detalle técnico, y todos son importantes”.




