Estados Unidos completó la retirada de sus últimas bases en Irak, una salida acordada en 2024 durante la presidencia de Joe Biden y ejecutada por la administración de Donald Trump mientras mantiene una guerra con Irán.
La retirada ocurre 23 años después del derrocamiento de Saddam Hussein por fuerzas encabezadas por Estados Unidos. Tras la invasión de 2003, las tropas estadounidenses ocuparon el país, instalaron un gobierno dirigido por chiíes y combatieron una insurgencia que primero involucró a partidarios de Saddam y después a al-Qaeda, en medio de una guerra civil sectaria.
Estados Unidos retiró sus fuerzas a finales de 2011, pero regresó menos de tres años después para apoyar a las fuerzas iraquíes contra el Estado Islámico. Entre 2014 y 2017, el grupo controló amplias zonas y aterrorizó a millones de personas antes de perder su autoproclamado califato.
La salida actual es popular entre muchos iraquíes, aunque persisten dudas sobre la capacidad de las fuerzas de seguridad locales, entrenadas y financiadas por Estados Unidos, para proteger el país sin una presencia militar estadounidense. Más de 4.500 militares estadounidenses murieron en Irak durante más de dos décadas de guerra.
Jassim al-Bahadli, analista iraquí que asesora a fuerzas de seguridad, advirtió que la experiencia de las últimas dos décadas muestra que los vacíos de seguridad pueden ser peligrosos.
La retirada también tiene un peso político regional. Irán, cuyo objetivo declarado es forzar la salida de las fuerzas estadounidenses de todo Medio Oriente, presenta la partida de Irak como una victoria de su llamado “eje de resistencia”, formado por grupos armados aliados en la región.
Ahmed Younis, analista político radicado en Bagdad, considera que la principal preocupación no es una intervención directa de Irán, sino que las milicias vinculadas a Teherán ganen margen para ampliar su influencia sobre las políticas estatales y consolidar su presencia dentro de instituciones clave.
Funcionarios de seguridad iraquíes, tanto del gobierno federal como de la región kurda semiautónoma del norte, también temen que la retirada facilite una recuperación del Estado Islámico. Aunque perdió su califato hace casi una década, el grupo conserva una red de células durmientes.
La historia reciente de la presencia estadounidense en Irak también incluye un elevado costo humano. Aproximadamente el doble de estadounidenses murieron en la “Operación Libertad Iraquí” que en la guerra paralela de Afganistán, que terminó con la retirada de Estados Unidos en 2021.
En la guerra de este año con Irán, siete de los 18 militares estadounidenses registrados como muertos se encontraban en Irak. El caso más reciente fue el de un sargento del Ejército que murió en julio durante la detonación controlada de un dron en una base cercana a Erbil.










