Jordania se ha convertido en blanco reiterado de drones y misiles iraníes por su estrecha cooperación militar con Estados Unidos, una alianza que Amán considera esencial para su seguridad pese al creciente costo que supone para el reino.
Las bases jordanas albergan fuerzas estadounidenses y desempeñan un papel logístico relevante en las operaciones de Washington en Oriente Medio. Las defensas antiaéreas estadounidenses han interceptado la mayoría de los proyectiles lanzados contra el país.
“Somos un país soberano. No fuimos parte de esta guerra”, afirmó el jueves en Viena el ministro de Asuntos Exteriores jordano, Ayman Safadi. El canciller sostuvo que las acciones iraníes contra Jordania comenzaron antes del actual conflicto y mencionó la “intromisión en los asuntos internos” del reino.
Amán y Washington reforzaron formalmente su cooperación militar con un acuerdo firmado en 2021, que dio a las fuerzas y contratistas estadounidenses acceso a doce instalaciones en Jordania. En 2025, la OTAN abrió allí su primera oficina de enlace en Oriente Medio.
La Base Aérea Muwaffaq Salti adquirió especial importancia antes de la guerra con Irán como centro logístico para aviones de transporte C-17 y alrededor de 60 aeronaves de combate estadounidenses. Estados Unidos también trasladó a Jordania personal y equipos de su misión contra Estado Islámico desde Irak, como parte de un despliegue destinado a alejar fuerzas de zonas más expuestas a los misiles iraníes.
La presencia estadounidense otorga al reino una profundidad estratégica frente a las amenazas regionales, pero también lo expone a represalias. “Este hecho convierte a Jordania en un blanco, lo cual no solo apunta contra las fuerzas estadounidenses, sino también contra el propio rey”, afirmó David Schenker, investigador del Instituto de Washington.
La cooperación entre ambos países se ha profundizado durante el reinado de Abdalá II, que comenzó en 1999. Jordania prestó apoyo logístico y de inteligencia durante la invasión de Irak encabezada por Estados Unidos en 2003 y posteriormente participó en la lucha contra Estado Islámico en Irak y Siria.
Para la monarquía jordana, Irán representa además una amenaza más amplia. Las autoridades ven con preocupación el apoyo de Teherán a milicias chiítas en Irak, grupos terroristas palestinos armados y redes de narcotráfico procedentes de Siria.
El vínculo con Washington también tiene un fuerte componente económico. Schenker estima que al menos el 8 % del presupuesto anual jordano, unos $1 470 000 000, procede directamente de subvenciones estadounidenses.
La presión militar se suma a las dificultades económicas del reino, agravadas por la llegada de millones de refugiados de conflictos regionales, la inflación y el encarecimiento de la energía. Jordania también sigue con preocupación la violencia en Judea y Samaria ante el riesgo de una nueva oleada de desplazados palestinos hacia su territorio.
Pese a esas tensiones y al peligro de nuevos ataques iraníes, Amán no ha dado señales de querer reducir su cooperación con Estados Unidos. Para la monarquía, la relación sigue siendo uno de los principales instrumentos para contener las amenazas regionales y preservar la estabilidad del reino.










