Irán ha convertido a los hutíes de Yemen en una de sus principales herramientas de presión militar sobre Estados Unidos y sus aliados en Oriente Medio. El movimiento, que hace una década tenía una proyección regional limitada, dispone ahora de armamento, experiencia de combate y capacidad para atacar objetivos alejados de las zonas que controla en territorio yemení.
La transformación cobra especial importancia por el deterioro de otros integrantes del llamado Eje de Resistencia de Teherán. Hamás, en Gaza, y Hezbolá, en el Líbano, quedaron debilitados tras las operaciones militares israelíes posteriores al ataque del 7 de octubre de 2023. Los hutíes también sufrieron ofensivas de Israel y operaciones estadounidenses bajo las administraciones de Joe Biden y Donald Trump, pero conservaron sus capacidades y ampliaron su arsenal.
En la actual escalada regional, Arabia Saudita enfrenta ataques hutíes contra sus aeropuertos, con víctimas mortales durante la última semana. La infraestructura petrolera saudí también ha sido atacada por los hutíes y otros grupos aliados de Irán. Estas acciones y la amenaza sobre el estrecho de Bab el-Mandeb han contribuido al encarecimiento internacional de la energía. Ese paso marítimo, al igual que el estrecho de Ormuz, es importante para el transporte de petróleo y gas.
Los hutíes comenzaron a atacar a Israel poco después de que Estados Unidos se sumara el 28 de febrero a la campaña militar israelí contra Irán. Arabia Saudita solicitó después la participación estadounidense en sus operaciones contra el grupo y Trump, que inicialmente se negó, declaró durante el fin de semana que estudia esa posibilidad.

El respaldo iraní no se limita a la entrega de armas. Mohammed al-Basha, fundador de la consultora estadounidense de riesgos Basha Report, sostiene que Teherán proporcionó a los hutíes equipos más modernos después de octubre de 2023 y los ayudó a desarrollar métodos para superar los sistemas de defensa antiaérea. Antes de esa fecha, aseguró, el grupo no recibía los sistemas iraníes más avanzados.
El resultado es una combinación de drones, misiles de crucero y misiles balísticos que pueden emplearse en ataques sucesivos o simultáneos. Los hutíes ensayaron esa modalidad contra Israel para sobrecargar sus defensas y ahora la aplican contra Arabia Saudita. Al-Basha considera que cualquier campaña estadounidense contra Irán debe incluir una evaluación de la respuesta que puedan emprender las fuerzas hutíes.
Yoel Guzansky, investigador del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional especializado en seguridad del golfo Pérsico, destaca la disparidad entre los recursos necesarios para lanzar un ataque y los daños potenciales. Un misil tierra-tierra de tecnología relativamente sencilla, incluso si se fabrica o ensambla en talleres pequeños situados en las montañas, puede alcanzar un aeropuerto como el de Riad.
La precariedad económica de Yemen tampoco impide mantener esta estrategia. Según Guzansky, el movimiento cuenta con una base ideológica dispuesta a asumir penurias económicas y aislamiento a cambio de perjudicar a Arabia Saudita y a la economía mundial. Esa disposición permite sostener una confrontación cuyos costes pueden ser muy superiores para sus adversarios.
El portavoz militar de los hutíes, Yahya Saree, atribuye sus ataques a una respuesta contra lo que denomina una “brutal agresión saudí contra nuestro país y nuestro pueblo”. Al-Basha presenta otra interpretación: el grupo busca ampliar su dominio sobre Yemen y obtener el reconocimiento de Arabia Saudita, además de apoyo financiero saudí para su expansión. A su juicio, los ataques transfronterizos forman parte de esa aspiración política.
Las raíces del movimiento se encuentran entre los musulmanes chiíes zaydíes del norte de Yemen, una comunidad histórica que representa hasta un tercio de la población de un país mayoritariamente suní. Surgió como una iniciativa para preservar la cultura zaydí, pero adoptó después un programa militante cuyo lema incluye “Muerte a América”, “Muerte a Israel” y “Una maldición sobre los judíos”.
El crecimiento de los hutíes como fuerza política y militar se aceleró en 2012, en el contexto de los disturbios posteriores a la salida del poder de Ali Abdullah Saleh durante la Primavera Árabe. Entonces contaban con varios miles de combatientes y ampliaron su influencia en las provincias septentrionales.
En 2014 conquistaron Saná, la capital, y desencadenaron una guerra civil contra el Gobierno respaldado por Arabia Saudita y países occidentales. Las autoridades gubernamentales trasladaron su sede a Adén, en el sur, y mantienen posiciones en el este menos poblado. Los hutíes, entretanto, se hicieron con unidades militares especializadas, brigadas de misiles, recursos administrativos y mecanismos de recaudación tributaria.
Entre 2015 y 2022 resistieron una campaña de la coalición encabezada por Arabia Saudita. Durante ese periodo, instructores de Irán y Hezbolá prepararon a combatientes y mandos hutíes. El grupo también incrementó su capacidad de fabricación local de drones y misiles. Los analistas calculan que hoy dispone de cientos de miles de combatientes preparados para operaciones militares, mientras que la propia organización asegura haber entrenado a más de un millón de milicianos.

La producción de armamento dentro de Yemen no equivale, sin embargo, a independencia tecnológica. Fabian Hinz, especialista en armamento del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, señaló que los hutíes todavía necesitan a Irán para acceder a tecnologías decisivas y capacidades avanzadas. El respaldo iraní ha pasado en algunos ámbitos de la entrega de sistemas terminados al apoyo para fabricar armas en el propio Yemen.
Existen además indicios de interés por herramientas informáticas de inteligencia artificial para aplicaciones militares, aunque no se ha establecido que los hutíes hayan obtenido armas operativas mediante ellas. En septiembre, la empresa Anthropic identificó a actores situados en el norte de Yemen que habían usado Claude Code para desarrollar programas de guiado, navegación y control de vehículos aéreos. Los proyectos incluían cohetes guiados y misiles balísticos de varias etapas. La empresa aclaró que no tenía pruebas de que se hubiera desplegado un dispositivo funcional.
Para Teherán, la relación también tiene beneficios. Guzansky considera que, tras el debilitamiento de Hamás y Hezbolá, los hutíes ofrecen una vía relativamente resistente y de bajo coste para amenazar a Israel, Arabia Saudita y el transporte marítimo internacional. Esa utilidad no elimina la autonomía de decisión del grupo yemení.
La situación geográfica favorece su resistencia. Sus posiciones están en el extremo meridional de la península arábiga y, salvo las fuerzas saudíes, sus enemigos externos carecen de acceso terrestre directo. Los analistas consideran que Arabia Saudita no dispone de efectivos suficientes para derrotar a un adversario tan asentado en el terreno.
La oposición interna a los hutíes tampoco forma un bloque militar unificado. Aunque diversas fuerzas yemeníes están alineadas en términos generales con el Gobierno respaldado por Riad, sus mandos y organizaciones permanecen separados. Esa fragmentación dificulta una respuesta coordinada frente a un movimiento que mantiene una estructura propia.
El coste humano de la guerra se extiende mucho más allá de los enfrentamientos directos. Naciones Unidas ha calculado unas 377.000 muertes asociadas al conflicto desde 2015, más de la mitad por consecuencias indirectas como el hambre y las enfermedades.

Los desplazamientos continúan. La Organización Internacional para las Migraciones registra más de 201.210 personas que han abandonado sus hogares, entre ellas más de 3.700 que huyeron por mar hacia Yibuti.
La Organización Mundial de la Salud recogió datos del Ministerio de Salud y Población de Yemen sobre 959 muertos y 4.207 heridos por los combates en diez provincias entre comienzos de septiembre y el 2 de octubre. Por separado, el Ministerio de Salud administrado por los hutíes comunicó un balance de 107 muertos y 278 heridos durante la reciente intensificación de los combates en ese mismo periodo. Las cifras proceden de distintas autoridades.
La combinación de respaldo iraní, posiciones defensivas en Yemen y capacidad de ataque a distancia explica por qué los hutíes se han convertido en un problema militar tanto para Arabia Saudita como para Estados Unidos. Aun cuando mantienen objetivos políticos propios, su capacidad de actuar sobre varios frentes amplía las opciones de presión regional de Irán.










